Corría el año de 1887, John Strait estaba dispuesto a cumplir el sueño de su vida, ser el guarda faro de la isla Northwestern, ubicada en el medio de mar atlántico. Después de tramitar con la marina y la guarda costera, había conseguido la autorización para el cargo.
Era el día 5 de octubre de 1887 y ya estaba cayendo el ocaso en la isla, él estaba en la torre y encendió la luz, resolvió salir del faro para ver el poderoso brillo de la bombilla que estaba dentro de las lentes y que advierte a los barcos de tener cuidado en la lejana bahía, posteriormente comenzó a recorrer la gran extensión de la isla, cuando de repente, vio un gran velero que se paseaba muy lejos entre las olas y se sintió afortunado, era guarda faro, el sueño de toda su vida, después de ver la embarcación durante unos segundos, subió por las escaleras hasta la parte superior para ajustar las lentes y después salió al barandal de la torre para ver el extenso y embravecido mar atlántico.
Después de un hermoso momento viendo al velero irse al horizonte y escuchar el canto de las gaviotas delante del brillo que la lente de Fresnel emitía tras de él, sonrió y se disponía a bajar a la casa para cenar con su querida pareja, cuando vio algo que nunca había visto, bajando las escaleras vio una fotografía del año de 1874, que estaba colgada en la pared bajo una estrecha ventana a la mitad del faro, de un hombre que fue el dueño original del mismo, todo era tan distinto, la casa no estaba y la vegetación de la isla era diferente, parecía estar nublado y con viento, después de contemplarla un momento bajó a cenar y comenzó a pensar en esa foto, -El caballero debió vivir en el faro-; pensó, -La habitación debe estar bajo el fanal de la torre desde lo alto.- deducía para sus adentros. Para el, una fotografía significaba pasar una noche sin dejar de pensar en todo lo que esta muestra, una vista a algo que ya no existe de la misma manera...
Después de ese día, el hombre no podía sacar de su mente esa foto y todo lo que podía imaginar de ella, posteriormente, alrededor de unos días después, comenzó a experimentar cosas paranormales en el faro, algo así como que escuchaba pasos en las escaleras de hierro cuando él estaba en la galería de la luz, otras veces, el pequeño candelabro que iluminaba la puerta de la salida se apagaba, parece que solo él era partidario a que le pasaran esas cosas, a su esposa nunca le llegó a pasar nada de esto, pero él no tenía miedo o nada por el estilo a lo paranormal, nunca tuvo un motivo tan fuerte como para temer a esas cosas.
No pasó un corto tiempo hasta que volvieran a tierra firme a 75 kilómetros para entregar las medidas de los pluviómetros y barómetros a la guardia costera y las predicciones meteorológicas, cuando el torrero le comentó al general de marina lo que le estaba ocurriendo en la isla, el general lo llevó a una sala donde le contó una historia sobre el hombre de la fotografía que John había visto en el faro, el caballero de la fotografía, ejercía su labor como guarda faro; cuando fue en el año de 1879 en el que no pudo con la soledad de la isla, el día 27 de junio, él bebió demasiado whisky de una ánfora que guardaba en su abrigo sentado en una silla de madera en la playa de la isla, se había puesto demasiado ebrio y el tiempo se le pasó ahogando sus penas en alcohol cuando se percató de que ya era de noche y el faro estaba apagado, así que con una gran fuerza de voluntad de cumplir con su deber, subió arrastrándose las escaleras para encenderlo, llegando al fanal de la torre, encendió provisoria e improvisadamente la luz y cayó al suelo, murió. La lámpara se apagó a los 10 minutos aproximadamente porque no estaba bien ajustada, el faro podía estar apagado, pero su espíritu se quedó en la isla, rondando como si de niebla se tratase. John preguntó al oficial que cómo sabían la fecha exacta y obtuvo como respuesta de parte del general que un velero que pasaba por las cercanías, registró a través de los ojos del capitán que era de noche y el faro no estaba encendido, echó anclas ya que navegar sin luz en el atlántico era un riesgo y después de unos minutos la torre encendió, pero no pasarían ni 10 minutos y se volvió a apagar para no volver a iluminar jamás, esperó a la mañana siguiente en la claridad del día para continuar su camino y una vez en el puerto, el capitán de dicha embarcación le reportó al general en turno lo que había visto, así que enviaron marines a la isla para ver que sucedía, quienes encontraron fallecido al torrero, el capitán de los marines redactó en el diario del barco enviado a la isla esa tarde la importante información que se relata en esta historia.
