Íbamos en el auto, unos 3 amigos y yo. Iba conduciendo en un hermoso camino, era uno de esas carreteras que son hermosos durante el día, pero uno de esos donde no quisieras estar durante una noche, el intrigante cielo estrellado denotaba la soledad del lugar, el sonido de los coyotes aullando a la distancia así como la oscuridad que se vive es impresionante, todo esto dando lugar a siniestras especulaciones...
Por el momento, de día, era uno de esos bellos caminos donde las espigas de trigo se elevan unos cuantos centímetros sobre el suelo, que se extendían hasta el horizonte, donde no había nada, apenas unas vías del tren junto con una pobre estación que estaban inactivas. Además la casa de un anciano granjero, quien tenía ordenados varios montículos de paja en su terreno, lo cual nos pareció interesante. Después de admirar la propiedad por unos minutos, decidimos partir nuevamente hacia nuestro destino.
Comenzamos a ver algunos tractores que estaban deshuesados y tirados en la hierba de al lado del camino y algunos cobertizos que parecían estar a punto de desfallecer.
De repente, pasando una pequeña y abierta curva, se encendió en el tablero la luz de "Check Engine" y de inmediato, humo de debajo del cofre, antes de reaccionar ante eso, el auto había acabado por apagarse para no querer encender más. Habíamos quedado varados en medio de la nada. Imaginen la soledad del lugar que no hay nada más que un habitante por 7 millas, nada más que una gasolinera, la cual habíamos pasado hacía ya varias horas.
No había señal de teléfono. Eso fue aproximadamente a las 3:36 de la tarde, que haríamos si no habría más opción que aguardar otro auto que pasara, lo cual era, en extremo improbable, así fue, nadie más transitaba por el solitario camino. Digo, apenas había postes de luz, los cuales estaban en mal estado y oxidados, me imagino que era casi un milagro que en dichas circunstancias y en dicho lugar siguieran funcionando.
Después de estar pensando en que hacer, divisamos a la distancia un pequeño cobertizo, el cual, estaba cerrado, pero no con llave, bastó con girar una manivela y entrar. Cuando arribamos, parecimos haber viajado entre los años; empolvado, ese cobertizo parecía estar congelado en el continuo paso del tiempo...
¿Cómo pensar que alguien hubiera pasado tiempo ahí? Ya que, se veía bastante macabro y desagradable, era intrigante lo extraño que se veía algo que al parecer tenía mucho tiempo abandonado, años sin que nadie entrara ahí.
Cayó la noche y aproximadamente a las 11:17, con mucha angustia de lo que podría pasar nos recostamos en el suelo tras el auto para descansar, pero para dormir nos faltaría mucho tiempo ya que estábamos nerviosos, pensando los por qué de toda la situación, encogiéndonos en el piso por los ladridos y aullidos de los coyotes así como sonidos de aves, que parecían gente riendo o conversando a la distancia. Admirando el imponente cielo nocturno plagado de estrellas nos quedamos dormidos, eran aproximadamente las 1:15 de la mañana, aunque realmente, se durmió poco o casi nada hasta que...
A las 2:00 todas las luces del camino se apagaron completamente, no había explicación para ello, ya que se exige que la iluminación pública se quedara encendida toda la noche hasta el amanecer, fue bastante raro, algunas parpadeaban y producían un sonido de corto eléctrico hasta que morían, las luces que en un momento nos brindaron cierto alivio o confianza se habían ido, habíamos quedado completamente vulnerables ¿Algo había provocado esto adrede...? Pensamos que las lámparas eran muy viejas y desgastadas, pero eso se borró de nuestro pensamiento cuando, simultáneamente y rápidamente todas se apagaron y los postes que se encontraban distribuidas por todo el camino, extendidos una media milla cada uno, dejaron de funcionar...
No podíamos descansar así, ni lo habríamos intentado, simplemente nos levantábamos y comenzamos a platicar con algo de miedo en la orilla del camino, íbamos de un lado a otro; por suerte la plática nos distrajo un poco, pero, eso cambiaria a continuación. Algunas bardas o cercas de tablones de madera, simplemente comenzaron a rechinar de un modo tan perturbador que era anormal, no era el típico rechinido de la madera, sino como si algo o alguien las manipulara, como si se empujara la barda y debido a las sacudidas rechinaran. Después de un tiempo, este acto de temor cesó.
No pudimos hacer nada más que esperar a que abriera el día, lo cual paso con un gran amanecer con sol sobre los frescos cultivos. Volvimos a entrar al pequeño granero para ver si algo de lo que se encontraba ahí podía ayudarnos, lo único que encontramos que nos beneficiaria sería un juego de llaves y algunos desarmadores, y decidimos ponernos en marcha para tratar de arreglar el vehículo, el daño era serio y no logramos hacer nada. Lo que restaba era empujar. Comenzamos aproximadamente a las 10:30 de la mañana, lo cual no fue fácil debido a que el auto era un modelo grande y pesado, hasta que, después de 27 millas llegamos a una estación de servicio donde a la de mil logramos encontrar señal en un teléfono y llamamos a una grúa, mientras los mecánicos revisaban el auto, la grúa vino a recogernos y nos despedimos del sitio, ahora nunca transitamos ni transitaremos por esa autopista, tomamos otras rutas cuando tenemos que llegar al mismo destino al que conducía ese infernal camino abandonado y sin dejar atrás en nuestro recuerdo el inquietante cobertizo que parecía estar en un vago rincón de la continuidad del tiempo, arrumbado y fuera de su ley y de su infinita trayectoria a lo largo del paso de los segundos, minutos, horas, días, meses, años y seguir exactamente igual...
