Mi amigo John

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Esta es la historia de una persona que conocí hace mucho tiempo, su nombre era John, era un buen amigo y digo "era" puesto que tiene bastante tiempo que no sé nada de él, esas tardes que pasamos al parecer se fueron para no volver más y quedarse como parte del recuerdo.

Éramos pequeños, íbamos de aquí para allá, nosotros acostumbrábamos ir a diferentes lugares, entre ellos y el más frecuente, el cementerio, ahí nunca nos ocurrieron fenómenos extraños o inexplicables, por raro que esto suene, pero un día en que salimos a la ciudad en busca de lo que su madre nos encargó sí que ocurrió algo. Llegamos a la tienda designada y mientras hacíamos el pedido, le dije que era un poco tarde, eran las 8:00 pm, -Me tengo que ir-, cuando oyó esto, John se preocupó un poco, pues sentía un poco de miedo por estos rumbos. Yo, al salir de la tienda tiré su bicicleta sin querer y se descompuso, había doblado la estrella de la cadena, así que ofrecí llevársela a su casa, me agradeció por el acto, pero se asustó aún más pues debía regresar solo y caminando de la ciudad. Cuando acabó el pedido y salió de la tienda, él cruzaba las calles fantasmales con terror, hasta que llegó a la carretera que dividía la ciudad del campo, era una recta larga, la cual estaba desértica, fría, vacía e incluso había un poco de niebla que se elevaba unos centímetros del suelo, él no estaba nada tranquilo de andar por ahí.

Los primeros 2 kilómetros no tuvo problemas y decía -No me pasará nada-, pero, no fue hasta el kilómetro 3 de 5.2, que sintió que algo o alguien lo seguía lenta y sigilosamente, pero aunque él volteaba y veía las bancas sobre las banquetas, no se encontraba nadie. En el momento de las 9:00 pm yo pensé que cómo pude haber dejado a mi amigo ahí, pero desgraciadamente, no podía hacer nada, porque era muy tarde y me preocupe aún más por él.

Él continuaba su camino, para su suerte la carretera estaba alumbrada, pero ocurría un fenómeno extraño, las luces parpadeaban en la misma, se preocupó y dijo para sí: -Le hubiera pedido que me esperara, luego le habría ayudado a recibir el sermón de haber llegado tarde-. Ahí sobre la banqueta había un teléfono público, el cual sonó, quiso hacerse el aventurero y para quitarse un poco el aplastante miedo respondió, pero en el momento en que dijo –Hola-, nadie contestó y se cortó, esto le dejó intrigado, hasta que vio a lo lejos un señor, inmediatamente corrió hacia él, pero este desapareció con la niebla, cuando vio esto corrió horrorizado hasta el kilómetro 4; ya cansado, observó que más adelante había un cruce. Acercándose a él vio una persona que identificó como un supuesto pariente que era una de sus tías, que no supo que había muerto, ella murió de anciana. John la llamaba, pero ella no respondía, pues estaba muerta, ella se dirigía al cruce, y pensó que cuando diera la vuelta en la esquina la alcanzaría corriendo, pero desapareció en otra esquina de otra calle siniestra. Él regresó corriendo al trayecto original y a paso de trote llegó a su casa, no les dijo nada a sus padres, pero al día siguiente me lo contó todo en otro de nuestros lugares favoritos para visitar aparte del panteón; el faro, ya que nuestra ciudad se encontraba en el mar, en el pueblo teníamos uno. Pero nunca nadie nos dijo que en él también pasaban cosas inexplicables. Nadie iba y experimentaba el lugar tanto como nosotros lo hacíamos. Eran las 4:30 pm. Abrimos la puerta y él tiró una escoba que estaba apoyada en la pared, no le importó y le dije -Esta oscuro, ¿No?-, me respondió un rotundo sí. Subimos por la escalera de caracol hasta llegar a la cima de la torre, ahí me lo contó todo, y cuando me lo dijo, quede impresionado, pero culpable, pues lo abandoné ahí en esa carretera. Estando arriba, oímos ruido en la base y en las escaleras, pensamos que era el guarda faro, pero no lo fue, pues esperamos un buen rato para que nos descubriera, pero nunca apareció, bajamos con cuidado y cautela para que no nos pasara nada más y salimos corriendo de ahí.

El camino hacia mi casa no tuvo percances, después de un rato fuimos a la casa de su abuelo, donde le contamos todo lo que nos sucedió en estos días, y el caballero nos dijo que a él, cuando era niño, también le pasaban cosas similares, pero nos dijo lo que un abuelo diría: No se preocupen, no pasa nada.

Pensamos que tenía razón, recordamos una frase muy famosa que dice: "Hay que tenerle más miedo a los vivos que a los muertos" y no dice más que la verdad. ¿Cuándo un fantasma va a tomar un arma y te va a asesinar? Ya estábamos lo suficientemente crecidos para saber que los espíritus no son como los pintan en las películas, arrastrando las palabras, tomando un cuchillo y asesinándote en pleno sueño...

Años después nos invitaron a una reunión los padres de unos sobrinos, nos cuentan que a estos chicos les ocurren cosas extrañas, pensamos inmediatamente cuando nosotros éramos pequeños y sonreímos, ya que son experiencias que terminas recordando entre risas pero siempre con respeto a eso que está más allá, les dije que siempre ocurren fenómenos extraños para ser revelados, ya sea en la ciudad, el pueblo o en la gran carretera que los divide, pero siempre se arregla la situación no teniendo miedo, sino por el contrario, manteniéndote firme y no dejarse doblegar ante dicha sensación.

De cualquier manera, eso que nos ocurrió no deja de ser real, sabemos que ahí afuera hay cosas que ocurren que no son normales y simplemente, el misterio que conlleva experimentar estas situaciones hace que no encuentres una solución lógica, por ende, nunca sabes que pasara al doblar en una esquina de una sospechosa y solitaria calle o al regresar a casa después de un día en una ciudad cuyos misterios desconocemos...

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