Alguna vez escucharon un acertijo que dice así: "¿Por qué las paredes de los cementerios son tan altas si los que están afuera no quieren entrar y los que están adentro no pueden salir?" esto último refiriéndose a los difuntos, que están muertos y por lógica no podrían salir, pero, para mi este dicho popular encierra un enigma acerca de aquellos que están adentro...
Era una noche en la que me dedicaba a ir a pasear por la ciudad. Apartado, se encontraba el cementerio y decidí ir a darle una visita, siempre es divertido conocer lugares diferentes y era hora de un panteón, me dieron cerca de las 8:30 pm. La luna llena brilla con toda intensidad, tras empujar la reja de la entrada y dejarla entreabierta porque uno comienza a tomar medidas de precaución aunque se traten de cosas "improbables". Me encuentro paseando entre las lapidas caminando en un solo camino que recorre todo el lugar dividiéndolo por la mitad. Casi de inmediato cosas que me generan temor comienzan a ocurrir...
Una parvada de murciélagos sale volando de un árbol que está muerto, estos animales voladores que en conjunto generaban una mancha gigante negra que se desplazaba por los cielos me hizo quedarme completamente a oscuras al pasar tapando la luna dejándome a ciegas como unos 10 segundos sin poder oír más que sus chillidos.
En tanto escucho a un búho cuyo graznido me hace estremecer en un completo aire rodeado de misterio, al poder ver otra vez gracias al resplandor de la luna lo veo posado en otro árbol, alto e imponente, pero casi podrido debido a los años en lo que se encontraba sin vida, poseía un sinfín de ramas retorcidas y entrelazadas como brazos humanos que deseaban atraparte, esta experiencia estaba tornándose oscura y maquiavélica.
Después de calmarme un poco al pensar, -Tranquilo, es solo un campo de huesos, lleno de huesos- y pasear leyendo los nombres y los epitafios de los acreedores de ese lugar de descanso escucho la reja, se ha azotado violentamente, como si alguien la haya cerrado, solo pude reaccionar tirándome al suelo escondiéndome tras una lápida, pensaba que alguien había entrado y deseaba estar escondido. Tras pasar un rato sin querer espiar escucho un llanto que caló mí ser, eran unos gritos de desesperación que erizaron mi piel y unos sollozos de dolor que me dejaron atemorizado.
Debía tranquilizarme, respiré profundamente y decidí continuar el camino. Después de ver alrededor, no encontré a nadie que hubiera podido hacer esos sonidos que había escuchado minutos atrás. Me levanté del suelo con una intención de no doblegarse ante el miedo acompañado de un encendedor que le había guardado a un amigo, que me propiciaba un poco de luz en este lugar donde la oscuridad reinaba.
De un momento a otro, recordé que un pariente yacía en ese lugar, y decidí ir a visitarlo ya que me encontraba ahí, pero parecía que el lugar tenía otras intenciones, sentí la innegable sensación de que no estaba siendo bien recibido en el panteón cuando la pequeña luz que tenía en forma de fuego fue apagada por un soplo, el viento era nulo, y yo no apagaría mi propia fuente de luz, algo o alguien quizás, debió haberla apagado, sentí un nudo en la garganta. Vasto con encenderlo de nueva cuenta y mantener la mano alrededor de la llama para evitar que cualquier misterioso viento la apagara...
Me encontraba caminando y creí que había escuchado una persona gritar, para mi suerte, era un coyote que aullaba a la luna desde un monte cercano, el aullido fue tan fuerte e inesperado que generó en mí un sentimiento de inseguridad que sería imposible de describir. Me dedico a caminar sobre el empedrado, quería salir ya, pero deseaba visitar la tumba de mi ser querido y mis pies solo se dedicaban a ir hacia allá.
Llego a la tumba, y leo rápidamente la lápida que no decía nada especial que no supera ya, pero tras unos momentos la tierra que se encontraba bajo la lápida se comenzaba a mover, parecía que el muerto que se encontraba abajo del suelo que estaba pisando deseaba salir, un cuerpo sin ningún aliento de vida en su interior sin portar más que huesos amarillos deseaba escapar y yo no lo podía concebir en mi mente, lo que está muerto no debe moverse más...
La respiración se me cortó al ver una silueta de color negro como una sombra salir de la tierra levantándose frente a mí, la luz de la luna iluminó al irse una nube y veo gracias a ella a un cadáver parado enfrente de mi de carne putrefacta y algunos huesos expuestos, solo puedo tocar mi corazón y sentir su apresurado latir mientras tiemblo incontrolablemente, al verlo directamente a los ojos comprendo que esto estaba realmente mal, como sacado de la mente de un escritor de noveles de terror. Salgo corriendo de la escena dejando atrás todo...
Pasados un par de minutos de huir corriendo rápidamente, escucho un grito, este era completamente real, no era un aullido de un coyote, era un lamento fantasmal que me hizo dar un salto y perder mi mechero, he perdido la única fuente luz al arrojarlo lejos sin querer debido al impacto de oír un grito tan profundo y ahogado entre las lapidas y árboles que conforman este oscuro lugar. Me encontraba completamente a oscuras, una pesada masa de nubes había tapado el único recurso de luz que me quedaba, la luna. De repente me detengo, no se hacia dónde estoy avanzado, no logro ver nada más allá de 5 o 10 centímetros de mí, solo puedo sentir un sinfín de miradas que penetran mi espalda, me sentía completamente vigilado, volteo y observo el resplandor de varios ojos que brillaban entre las tinieblas y me seguían a donde iba, grito estrepitosamente. Continuo corriendo sin rumbo definido, tropiezo con una lápida y me quedo tirado en el polvoriento suelo sin poder orientarme, con miradas que me siguen y sonidos desconocidos que profesan palabras que no logro entender, ruidos que no alcanzo a comprender y solo me hacen temblar y gritar con todas mis fuerzas, estoy atrapado en un campo de huesos que quieren atraparme, estoy perdido entre la pesadez de la oscuridad de las tinieblas y siento que estoy rodeado...
