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Antes de dormir

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    Su nombre era Lucía. Venía de luz, ¿no? El chico no la conocía, no realmente, pero sintió que ese nombre le venía como anillo al dedo. Y además ella se había aprendido su nombre, seguramente lo había visto en su gafete.
Mauricio sintió que su energía se renovaba. Se levantó de la banca y volvió al trabajo. Esta vez, cada vez que se despedía de un cliente, les sonreía de verdad.
***
Sin embargo, toda esa energía no le pareció tan buena cuando llegó a su departamento.
Cuando iba en el tren de regreso, Mauricio otra vez se topó con el novio de Lucía y la esposa de éste. El chico lo estudió, y espero que fuera objetivamente.
Él tenía cabello ondulado y corto, peinado. Suponía que por su trabajo, ya que cada vez que lo veía llevaba un traje y eso. No era muy bueno para identificar la belleza pero a juzgar por las miradas que las demás chicas le dirigían, suponía que era considerado guapo.
En cuanto a su esposa, tenía un bello tono oscuro de piel. Su cabello era negro y lacio y su rostro era elegante. Había algo en ella que le resultaba vagamente familiar. Pasados unos segundos intentando ubicarla sin éxito, el chico decidió dejarlo por la paz. Entonces se dio cuenta de que ella también recibía una que otra mirada de las chicas y chicos.
La pareja conversaba. El chico quiso acercarse a ellos para escuchar aunque fuera solo un poco de la conversación pero esa noche había muchos pasajeros y no pudo moverse de donde estaba sin causar algún revuelo.
De todos modos, con solo observarlos podía decir que era una discusión. Ella tenía el ceño levemente fruncido y él parecía irritado con lo que sea que le estuviera diciendo su esposa.
Mauricio pensó en algo que le había dicho Lucía. Ella dijo que la razón por la que ya no tomaba tan seguido el tren era porque su novio le había prestado su auto. Ella pensaba que era porque él no quería que gastara de más pero Mauricio tenía la sensación de que esa no era la verdadera razón. Él sospechaba, y estaba casi seguro, que la razón detrás de ese acto de generosidad era que, si Lucía seguía tomando el tren, podría llegar a cruzarse con la pareja y eso no le convenía para nada a aquel hombre.
Y entonces había llegado a su estación, había bajado y los perdió de vista.
En su casa, Mauricio prendió su computadora y se metió a Facebook. Y se salió. Se volvió a meter, decidido a buscar el nombre de Lucía... Y se volvió a salir.
¿Debería buscarla? ¿No sería muy raro? Toda su situación con la chica ya era extraña de por sí pero, de alguna forma, si la buscaba en internet, Mauricio pensaba que sería aún más extraña. Todas las veces en las que la había observado, nunca había sido a propósito; siempre aparecía ella accidentalmente. En cambio si la buscaba, eso sería cruzar una línea.
Estuvo un par de minutos frente a la pantalla hasta que decidió mandar lo normal al diablo y buscó el nombre de la chica.
Nada. No aparecía en Facebook. Y si no sabía su apellido sería muy difícil dar con ella en cualquier otra red social.
Entre aliviado y decepcionado, el chico apagó su computadora y se metió a la cama sin siquiera quitarse el uniforme. De todos modos mañana era su día de descanso.
Tenía mucho que hacer al día siguiente. Pagar la luz, el agua, el internet... Y además tenía que lavar ropa.
Eso era la difícil. Toda su vida había estado acostumbrado a tener todo a la mano por lo que cuando decidió alejarse de toda su familia, lo que más le costó fue tener todo en orden siempre.
Claro que había estado consciente de que las cosas no eran gratis, solo que nunca se había puesto a pensar realmente en el precio de éstas. Cuando abandonó la universidad, conseguir un trabajo fue lo primero que tuvo que hacer. Los ahorros que había estado llevando desde los quince años apenas le alcanzaban para unos cuantos meses.
Mauricio tomó aire y cerró los ojos. Contó hasta tres y exhaló. No quería pensar en el pasado. Hacía cuatro años de eso, casi cinco. Recordar aquello no le haría ningún bien, mucho menos a su insomnio.
Tenía que comenzar a pensar cosas positivas. Y así lo hizo. Pensó en el Mauricio de diecinueve, enamorado y feliz de iniciar una vida nueva, lejos de su familia. Empezaría a vivir con el amor de su vida y todo iría bien; y aunque las cosas no habían resultado así, aunque seguía pensando el pasado, el Mauricio del presente no se desanimó y, en cambio, después de media hora, se durmió con una sonrisa en los labios.         

La chica del trenHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora