Al verlo, Mauricio dejó lo que estaba haciendo y se acercó a la chica. Su intención no era intimidar a Daniel, sino mostrarle su apoyo a Lucía, su amiga. Si ella quería hablar con él, pues adelante. Pero, si al contrario, quería que se fuera, el chico estaría más que feliz de ayudarle al hombre a encontrar la salida del edificio.
Cuando Daniel reparó en él, la esperanza en sus ojos desapareció y fue reemplazada con tristeza pero aun así asintió con la cabeza en su dirección a modo de saludo. Mauricio correspondió al gesto.
— ¿Todo bien?—le preguntó Mauricio a Lucía.
La chica tardó un poco en apartar la mirada de Daniel pero al final lo hizo y lo miró.
—Sí, estaré un momento aquí en el pasillo—le dijo. Mauricio se le quedó viendo unos segundos más, esperando que la chica le indicara que la ayudara a echar a Daniel, pero esto no ocurrió. Lucía le sonrió tranquilizadoramente—. Estaré bien.
Y con eso, cerró la puerta.
El chico podía escuchar sus voces con perfecta claridad. Parecía que la chica no se había movido. Mauricio intentó buscar alguna distracción. Caminó hasta la única recámara pero no había caso, sabía que ésta ya estaba completamente limpia; era la sala la que aún tenía un par de cosas por empacar. Así que, que un suspiro, volvió sobre sus pasos y se quedó ahí, sintiéndose como un fisgón por ser capaz de escuchar aquella conversación tan íntima entre los ex amantes.
—...a tiempo. ¿Te mudas?
—Sí. Me ofrecieron un trabajo en otra ciudad y decidí aceptarlo. Es un buen comienzo en mi vida profesional; estoy feliz con mi decisión.
— ¿No me vas a decir a dónde vas?
Pasaron un par de segundos en silencio y luego se escuchó que Lucía soltaba un suspiro.
—A la capital—contestó la chica—. No te lo digo esperando que me vayas a buscar. Te di mi ciudad pero no te daré mi dirección, el nombre de mi compañía ni mi nuevo número de teléfono...
— ¿Cambiaste el número de tu celular?
—Aún no pero cuando me mude, lo haré.
— ¿Entonces sí pudiste hablar con la señora Tolentino?
Mauricio dejó de fingir que no escuchaba la conversación y se quedó muy atento a la que venía a continuación, pues estaba seguro de que el hombre hablaba de su madre.
— ¿Te refieres a Gabriela Tolentino?—. El chico supuso que Daniel asintió con la cabeza porque la chica siguió hablando—. ¿Y ella qué tiene que ver en todo esto?
—Le di tu número.
— ¿Fuiste tú?
—Sí... La familia Cervantes y los Tolentino se llevan muy bien y la mañana siguiente a la fiesta de aquel día, fuimos a un almuerzo con ellos. Gabriela, la esposa del señor Tolentino, habló mucho sobre su hijo y la hermosa joven que había llevado como su cita. Estaba encantada contigo y quería saber si alguno de nosotros habíamos hablado contigo—explicó Daniel—. Nos dijo que quería hablar contigo para conocerte porque parecías ser la novia de su hijo, pero que también te había prometido ayudarte con algo pero que se había olvidado de pedirte tu número, y sabía que su hijo no iba a dárselo. Cuando se acabó todo, yo me acerqué a ella y le dije que había hablado contigo en la fiesta, más que nada por negocios, y que por eso yo tenía tu número. Se lo di. No sospechó nada, no te preocupes.
—Daniel, Gabriela y yo hemos estado hablando mucho y ella sabe a lo que me dedico, y estoy segura de que sabe que lo que tu compañía hace no tiene nada que ver con mi carrera.
—Entonces que saque sus conclusiones y crea lo que quiera. No me importa—dijo Daniel, pero en su voz había cierto tono de nerviosismo.
— ¿A qué has venido, Daniel?
—Vine a verte porque siento que me estoy volviendo loco. Ya no puedo continuar fingiendo que no me dueles.
—Dan...
—No puedo concentrarme en nada y la gente a mi alrededor ha comenzado a notarlo. Solo puedo pensar en ti, en cómo estás, qué estás harás haciendo, con quién estarás. Sé que es egoísta de mi parte pero no puedo evitar desear que tú también estés igual que yo, que no sea el único que se esté muriendo debido a nuestro rompimiento. Si pospuse esta visita fue porque pensé en ti. Cada vez que me decidía a venir a buscarte, me detenía a pensar en todo lo que había hecho, en el dolor que te había causado y lo mucho que te ayudaba en no volver a aparecer en tu vida. Pero entonces pensé en nuestro año juntos.
>>Tú sabes por lo que pasé debido a mi pobreza, todo lo que tuve que soportar. Las cosas que he hecho, las he hecho para llegar hasta donde estoy. He renunciado a miles de cosas que me llenaban, solo por dinero. No estoy orgulloso de admitir este hecho pero así es... O era. Antes de ti el dinero era lo que más me importaba, pero te conocí y las cosas cambiaron. No quería reconocerlo pero supongo que una parte de mí lo supo desde el momento en que te conocí, supo que cambiarías mi forma de ver al mundo y por eso intenté rechazarte en un principio.
>>Luego de perderte, estuve analizando mi vida y llegué a la conclusión de que tú eras lo mejor para mí... Sin embargo también supe que yo no era lo mejor para ti. Y tomé la decisión de no buscarte más, a pesar de mis sentimientos. Pero entonces llegó la fiesta y tú apareciste. Te vi rodeada de todas las riquezas que siempre había anhelado y eché de menos todas esas tardes en tu pequeño departamento, comiendo sobras de la comida mientras veíamos una película. Ningún lujo jamás podría sustituir tu risa, tus besos, tu amor.
>>Sé que existe la posibilidad de que haya esperado demasiado tiempo para darme cuenta de todo esto pero me niego a creerlo. Sigo creyendo en todas las veces que me dijiste que me querías, cuando bajabas de aquel tren corriendo a mi encuentro, sonriendo solo por mí y para mí.
>>Y por eso te pido que me esperes, que me des un tiempo para organizar todo y venir por ti. Irnos a algún lado solo los dos y comenzar una nueva vida. Me divorciaré, te lo juro, pero solo necesito saber que no te perderé.
Después de aquel discurso, hubo un momento de silencio en el que Mauricio estuvo seguro de que Lucía aceptaría, que le diría que sí y volvería con aquel hombre.
Los segundos de silencio se le hicieron tan eternos que el chico pensaba que la pareja ya estaba abrazándose y besándose en el pasillo y el chico se sintió incómodo ahí adentro solo. Intentó pensar en una forma de salir del departamento sin tener que interrumpir el reencuentro de la pareja pero, sin contar la ventana, no había forma de salir de ahí.
El chico ya estaba reuniendo el valor para abrir la puerta cuando se escuchó otra vez la voz de Lucía.
—Si tan solo hubieses venido antes—dijo en voz baja su amiga—. Si tan solo te hubieras dado cuenta de esto cuando yo estaba encerrada en mi casa, esperando por ti, entonces sin duda yo habría dicho que sí sin dudarlo ni un segundo. Lamentablemente no fue así. Tuve tiempo de analizar las cosas por mí misma y tuve tiempo de conocer a personas que me ayudaron a superar mi dolor.
—Lu, por favor...
—No, por favor, tú escucha—dijo la chica, ahora con voz normal—. No quiero que te divorcies por mí. Yo no quiero ser la razón, ¿entiendes? No quiero que lo hagas pensando en que te voy a esperar, porque no es así. Yo continuaré con mi vida y me enfocaré en mi carrera. Espero que tú continúes con la tuya y hagas lo que más te gusta, y si tu felicidad está junto a tu esposa, dirigiendo la empresa de tu suegro, pues qué mejor para ti. Pero si acaso tu felicidad está en algún otro lado, en tu propio restaurante haciendo lo que te encanta hacer, que es cocinar, entonces estaré muy feliz por ti.
>>Hay una infinidad de posibilidades para tu futuro, Dan, pero la opción que elijas tiene ser tomada por ti porque, al final, eres tú quien tiene que vivir con las consecuencias de tus decisiones.
Mauricio no escuchó nada por un minuto entero, entonces se oyeron unos pasos alejándose por el pasillo; el chico estaba seguro de que era el hombre, por fin alejándose.
—Pero...—se volvió a oír una vez más la voz de Lucía, esta vez un poco más fuerte para que el hombre la escuchara—si en un futuro nos volvemos a encontrar, espero que ambos nos encontremos en la posición de retomar lo que hemos dejado—y en ese punto, la voz de la chica se rompió y Mauricio pudo escuchar que lloraba mientras hablaba—. Porque tienes razón, Dani, aún no te he olvidado. Aún mi corazón se acelera y se rompe con solo pensar en ti. Te quiero, y no me veo olvidándote en un futuro cercano.
Y entonces la puerta se abrió y por esta entró Lucía.
La chica cerró la puerta y se recargó en ella. Mauricio esperaba verla con el rostro descompuesto por la tristeza, pero en realidad sonreía. Parecía triste pero feliz. Aliviada pero decepcionada. Era una contradicción, algo que parecía ser típico de aquella chica.
— ¿Estás bien?—le preguntó Mauricio con cuidado.
Ella le sonrió, limpiándose las lágrimas con las mangas de su blusa.
—Excelente—dijo, sin aliento—. Feliz de haber tenido esa conversación. Parece que he terminado con esta etapa de mi vida.
Mauricio le sonrió desde su lugar y tomó una caja del suelo.
—Entonces iniciemos otra.
N/A: He tardado más de lo planeado en traer este capítulo. En verdad que no lo hago con la intención de dejarlos con la intriga, es que parece que estas vacaciones me quedé sin ideas para la historia. Estuve días abriendo y cerrando el documento sin escribir nada pero por fin pude sacar esto de mi mente y espero que les guste.
Nos vemos en el próximo :)
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La chica del tren
General FictionComo todos los días, Mauricio sube al tren que lo lleva al trabajo, ajeno a todo y a todos hasta que su mirada capta a una joven. No sabe nada de ella, lo único que sabe es que no puede dejar de mirarla. * * * * * ADVERTENCIA ⚠️: Esta historia no es...
