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Sofía - Segunda parte

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      Sofía no respondió; miraba fijamente la mano que el chico había tomado. Su amiga le apretó la mano por un segundo y luego lo miró a los ojos. Mauricio pudo ver el temor en ellos, pero no se trataba del miedo hacia lo que le había pasado, sino al gesto del chico. Su amiga sentía pánico por aquel gesto tan simple, un gesto que no había sido romántico en lo absoluto. Él solo lo había hecho con la intención de demostrarle su apoyo.
El chico retiró su mano rápidamente pero no se giró; quería verla mientras le contaba qué la tenía tan preocupada.
Sofía se tomó su tiempo pero finalmente habló.
—Siempre fui muy callada y de niña fui muy retraída. No podía hablar con cualquier persona y, como era de esperarse, tampoco tenía amigos. Mi único amigo era un niño que vivía por mi calle. No íbamos a la misma escuela así que cuando se mudó, me sentí un poco sola—explicó y, aunque esto había pasado hacía años, Mauricio pudo ver que el recuerdo aún le dolía pues su voz había temblado—. Lo extrañé por mucho tiempo pero al entrar a la secundaria hice un par de amigas y supongo que lo olvidé. Tenía amigas pero seguía siendo tímida.
>>Todo cambió en mi segundo año de preparatoria. El niño, mi primer amigo, entró ese año en mi escuela y volvimos a conectar, solo que esta vez fue algo más. Él era muy popular. Todos los chicos querían ser sus amigos y las chicas querían ser sus novias, así que te imaginaras la sorpresa que sentí cuando me eligió. Era ingenua y me sentí especial. Es la historia que siempre había querido, el amor de amigos había evolucionado y sería como todas las historias que había leído, como cualquier película chick-lit.
>>Él era popular pero no por ser el alumno estrella. Era... problemático, por así decirlo. Mis profesores se preocuparon y me dijeron que él no era buena influencia pero yo les hice caso. Estaba decidida a probarles que se equivocaban, que su amor por mí podía volverlo bueno—. Sofía soltó una pequeña carcajada y Mauricio notó que se sentía avergonzada—. Por más que intenté, no funcionó. Él ni siquiera pretendió que tenía alguna influencia en él. Simplemente me decía que me quería alejada de todo eso, que era lo bueno en él y así quería mantenerme.
>>Con el paso de los meses, su cambio fue haciéndose cada vez más notorio. Dejó de ir a la escuela y, si tenía suerte, lo veía tres veces a la semana, el resto de los días desaparecía sin decirme nada. Yo sabía que la gente que frecuentaba era peligrosa pero tampoco podía hacer nada para detenerlo, así que un día le pedí que me llevara con él a una de sus fiestas. Él no quería pero al final cedió. Fue la peor decisión de mi vida—después de decir eso, la chica apartó la vista, aún más avergonzada—. Era mi primera fiesta, había alcohol y drogas y todo me lo ofrecieron gratis. Me negué pero después ver las miradas de aquellas personas y las burlas que mi novio estaba recibiendo, cedí ante la presión.
>>Después de eso no hubo vuelta atrás. No logré cambiarlo pero él a mí sí. Mis calificaciones eran tan malas que al final opté por salirme de la escuela. Mis padres estaban furiosos y todo lo que me decían me molestaba. Lo ofendían a él y cada vez que iba a la casa a verme, ni siquiera le abrían la puerta. Un día, cuando ellos se habían ido a trabajar, huí de casa—y ante eso, su mirada volvió a encontrarse con la del chico. Mauricio abrió los ojos, sorprendido—. Mi novio comenzó a ganar mucho dinero, supongo que te imaginas cómo. Me invitó a vivir con él y yo acepté. Fueron unos meses que no sé si no los recuerdo con claridad o los bloqueé. Solo sé que un día me encontraba lúcida, la casa echa un desastre por la fiesta del día anterior y me di cuenta de que volvía a sentirme sola. Más sola de lo que me había sentido en años. Y al igual que mi huida de casa tomó por sorpresa a mis padres, el que yo lo dejara lo dejó completamente descolocado.
>>El mismo día en que me di cuenta de que yo había desaparecido, cuando noté que ya no me reconocía, dejé su casa mientras él dormía. Volví con mis padres y ellos me aceptaron sin ninguna objeción—Sofía sonrió al mencionar a sus padres. El chico nunca la había escuchado mencionar a su familia y él supuso que era porque no tenían una buena relación pero ya no estaba tan seguro—. No quiero que malentiendas, él, mi novio de ese entonces, me quiso mucho. Era lo única que tenía. Y cuando lo dejé, fue a buscarme. La primera vez que me buscó, le dije que lo seguía queriendo pero que ya no volvería con él, no si él seguía haciendo lo que hacía. Él se fue pero regresó el día siguiente y el siguiente y el siguiente. Mis padres me enviaron con una tía por un tiempo, en lo que él dejaba de ir a mi casa. Yo regresé con mis padres después de unos meses pero a una casa diferente. De él no supe por mucho, mucho tiempo.
>>De hecho me lo volví a encontrar hace unos seis meses, en una fiesta de la universidad. Hablamos y, como siempre que nos volvemos a encontrar, conectamos.
Mauricio sintió como si le hubiesen dado un golpe en el estómago. Así que Sofía tenía novio.
—No—dijo su amiga, tomando su mano—, no de esa forma. Yo... bueno, digamos que mi corazón ya estaba ocupado.
Mauricio volvió a mirarla y esta vez el brillo en los ojos de Sofía no se debía a las lágrimas. Esta vez, cuando vio el sonrojo de su amiga, supo con seguridad que había sido a causa de él.
—Dices...
—Sí—lo interrumpió Sofía—. Mientras tú estabas babeando por tu chica del tren, yo sufría de mal de amores por ti.
Lo había dicho bromeando pero al chico sí le dolió saber que la había hecho sufrir, aunque fuera involuntariamente. Se llevó la mano de Sofía a sus labios y la besó. Ella le sonrió, el rubor invadiendo más partes de su hermoso rostro.
—Gustavo, mi amigo, está mejor. Intenta dejar aquel mundo pero, de vez en cuando, tiene una recaída—siguió diciendo la chica como si no estuviera afectada, como si su cuerpo no la traicionara—. No tiene dinero para pagar la rehabilitación y los amigos que tiene no la mejor influencia. Son mejores que los anteriores, sin duda alguna, pero no los que yo hubiese escogido para él.
>>Yo lo ayudo con lo que puedo y, hace unos días, me dijo que le debía dinero a alguien y que necesitaba el dinero urgentemente. Por eso desaparecí estos días; necesitaba conseguir dinero...
— ¿Por qué no me lo pediste?—preguntó él, un poco herido.
—Sé que me habrías dado cualquier suma que te hubiera pedido, pero también sé que nunca hubieses recurrido a tus padres y yo no quiero quitarte nada del dinero que tanto te ha costado juntar—explicó ella—. De todos modos, no importa; ya le di el dinero.
— ¿Por qué? Después de todo lo que te hizo, ¿por qué ayudarlo?—preguntó el chico porque de verdad quería entenderla, y también un tanto irritado ante la lealtad de Sofía hacia aquel sujeto.
—Él estuvo para mí cuando no tenía a nadie—dijo—. Créeme cuando te digo que por él no siento nada que no sea cariño y...—dudó pero al final terminó su oración—un poco de lástima.
—Te creo—dijo él.
De verdad creía en todo lo que le dijera Sofía, su... amiga. La amiga que Mauricio se moría por besar, sin embargo no lo haría.
Sofía había hablado, había explicado su situación. Ahora era el turno de Mauricio.

N/A: No quería que el capítulo se hiciera demasiado largo así que lo dividí en dos. Espero que les gusten. Cada vez estamos más cerca del final. Nos vemos en el próximo ;)

La chica del trenHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora