CAPITULO V

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Claudia leía un manuscrito sentada en una banca cerca de la fuente de Ninfas, hacía mucho frío, ese invierno pintaba ser más lluvioso que los anteriores, el cielo estaba gris, pero no podía estar en la casa, sentía que se asfixiaba, hacía ya dos meses que Lucio se había marchado y aún no tenía noticias suyas, y Plubio tampoco era muy abierto a la hora de dar alguna información sobre su hijo.

Un cuervo revoloteó sobre ella asustándola, el animal se abalanzó amenazante a lo que Claudia reaccionó cubriéndose con las manos. Quiso correr pero tropezó y al caer lastimó su rodilla. Cuando notó que el pájaro se había ido levantó la vista y se encontró con el joven que le había costado los aretes, anillo de ágape y los brazaletes de oro de su madre. Él le extendió la mano y la ayudó a ponerse de pie. Para su sorpresa la tomó entre sus brazos y la alzó llevándola dentro de la casa, colocándola sobre un mueble cerca de la chimenea. Su rodilla sangraba y había manchado su vestido blanco, estaban solos, los demás sirvientes se encontraban en sus ocupaciones y su padre fue invitado a almorzar por uno de los senadores encontrándose fuera, llevándose a Adastros con él. Azeneth no se veía por ningún sitio, por lo que la casa ahora con los ventanales cerrados se sentía más sola que nunca.

-¿Puedo revisar? –Solicita autorización el joven para levantar el vestido.

Ella asiente con la cabeza, él lentamente sube la delicada tela hasta llegar a la rodilla y mira con atención la magulladura.

-Vuelvo en un momento mi señora. -Se retira regresando luego con una vasija llena de agua, un paño y una venda. Con sumo cuidado limpia la herida para luego secarla con suavidad, le unta un extraño ungüento y procede a vendarla.

-No ha sido nada grave, pero es mejor que guarde reposo.

-Sangré mucho, ¿Estás seguro?

-Completamente, y con esto que le unté sanará sin dejar cicatriz, ya que la herida es superficial.

-¿Y qué es? huele muy bien.

-Es una mezcla de hierbas, yo mismo lo he preparado, mi madre era la curandera de mi aldea, aprendí de ella. -Hace una pausa y continúa: -No he podido agradecer el que me haya comprado, gracias por su gentileza y la forma en que me han tratado aquí.

Claudia le sonríe para agregar: -Ni siquiera sé tu nombre, nos hemos visto pocas veces desde ese día.

-Dedrick. -*Fue todo lo que dijo.

-¿Y tu familia Dedrick? ¿Dónde está?

-Muertos.

-Lo lamento tanto. -Responde Claudia con un tono de voz que denotaba verdadera tristeza y comprensión. -Roma se jacta de ser grande y poderosa pero a qué precio. Me pregunto cómo tendremos que pagar por el daño causado, por la sangre derramada, por todo el sufrimiento emitido a tantas personas cuyo único error ha sido estar en su camino de conquista.

Por un momento piensa en Lucio, acaso él era parte de estas atrocidades y es entonces cuando cae en la cuenta de lo ocurrido con el cuervo y susurra: -¡Lucio! Ha sido un presagio, un mal presagio.

-¿A qué se refiere mi señora?

-Ese cuervo revoloteando sobre mí, sé que él no volverá, lo supe desde el momento en que partió, algo en mi corazón se oprimió.

-No piense así, debe tener pensamientos positivos.

-Gracias Dedrick, gracias por estar ahí en dos ocasiones que he necesitado ayuda.

-Buscaré a Azeneth para que la atienda.

-No por favor, no te vayas, hazme compañía un rato.

Dedrick aceptó, se sentó en el suelo junto al amplio sillón. Claudia tranquila por la presencia del joven, cerró los ojos, los parpados le pesaban y pronto se entregó al más profundo sueño. Cuando despertó se encontraba en su cama. Cerró los ojos nuevamente y se volvió a dormir.

*********
Bueno, acá les dejo otra nueva historia que espero sea de su agrado. Me encantaría conocer su opinión. Casi no la publico, no sé me parece que talvez no va a gustar pero nada pierdo.

Como ya la tengo terminada, subiré 5 capis por semana.

Saluditos.

Claudia: Belleza Indomable.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora