CAPITULO XI

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Claudia se encontraba debajo del sauce, habían transcurrido varios días desde la partida de Plubio. Las noches eran muy largas, y por más que lo intentaba no dormía bien, lo que empezaba a notarse debido a las profundas ojeras. Le gustaba aquel lugar porque el viento se mecía entre las ramas en cascada, lo que hacía que las hojas entonaran una melodía apenas audible que la llenaban de tranquilidad. Se sentía protegida, aislada, y siempre iba a meditar o simplemente cuando quería estar sola.

Adastros llegó presuroso, los sirvientes sabían de sus escapes al sauce, pero nunca la molestaban a menos que fuera estrictamente necesario.

-¿Qué sucede Adastros? -Claudia luce intrigada.

-Mi señora, han llegado noticias de Roma sobre el Tribuno Plubio.

-¡Qué! -Exclama Claudia sobresaltada. -¿Que noticias? ¿Son buenas o malas?

-No lo sé mi señora, su padre la mandó a llamar.

Ambos se van en dirección a la casa, cuando Claudia ingresa ve a Antonio con expresión de preocupación.

-Padre, ¿Qué noticias hay? ¿Está Lucio con vida? ¿Lo han encontrado? -Sus palabras aferraban cierto tono de esperanza.

-No, no lo encontraron, Plubio lo buscó incansablemente. Los aldeanos le brindaron falsa información que lo llevaron a una trampa.

-¡Una trampa!, acaso él...... -Reprime la palabra ya que en algún momento le deseó la muerte, pero nunca lo sintió de verdad, fue en ese instante que estaba indignada con él.

-No, ha regresado con vida pero mal herido. Él y otro de sus hombres son los únicos que lograron escapar. El resto pereció en campo enemigo.

-¿Cuántos hombres fueron enviados padre?

-Cincuenta buenos hombres con familias que ya no los verán retornar a casa.

-¿Has ido a verlo?

-Iba para allá pero primero quería contarte.

-Gracias por mantenerme informada, esperaré tu regreso para obtener más detalles.

Antonio se va acompañado de Adastros, llega a una residencia un poco más amplia que la de él, de dos plantas, ubicada en el mismo corazón de Roma.

Un esclavo lo recibe y lo conduce a una habitación donde el tribuno se encontraba acostado en una cama, pálido y envuelto con vendajes. En una vasija en el suelo sobresalían mantas manchadas con sangre, con los cuáles limpiaron las heridas. El doctor iba saliendo cuando Antonio ingresaba.

-Julio, ¿Cómo lo encuentras? ¿En qué estado está?

-He hecho lo posible, ha perdido mucha sangre y algunas de sus heridas son muy profundas, vendré mañana a verlo pero no creo poderlo ayudar.

-¿Tan grave es la situación? ¿Acaso morirá?

-Es lo más probable, puede ser hoy en la noche o dentro de unos días, aunque conociendo a Plubio pueda que nos sorprenda recuperándose, no lo sé, tiene una fortaleza de hierro.

El doctor se retira, Antonio observa a su amigo débil, con una palidez de sepultura.

Su esposa Cornelia, colocaba un pañito mojado con agua fría sobre su frente tratando de bajar la fiebre.

-"Cornelia" -La llama Antonio.

La mujer levanta la vista y emboza una sonrisa apenas visible, se refleja el dolor marcado en su rostro.

-¿Quieres que vuelva en otro momento?

-No, quédate, ha estado preguntando por ti.

Antonio se acerca, sentándose en el borde de la cama.

Claudia: Belleza Indomable.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora