CAPITULO VIII

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Los temas de política nunca fueron de buen parecer para Claudia, por el contrario los consideraba aburridos y monótonos. Sin embargo desde que se sentaron a cenar ése había sido el tema predominante y ella sólo guardaba silencio y se limitaba a comer. De repente escuchó algo que la volvió a la realidad, el nombre de Lucio salió a relucir.

-He escuchado rumores de gente que viene de allá, algunos dicen que mi hijo fue tomado rehén por los bárbaros, otros que lo vieron caer en batalla pero nunca encontramos su cuerpo. Guardo la esperanza que esté con vida, incluso estoy formando un grupo de búsqueda, nada pierdo con intentarlo.

-Comprendo Plubio, sé que sería de mucho regocijo para todos encontrarlo con vida, ¿Verdad Claudia?

Claudia está atónica, ya había aceptado la pérdida de Lucio y aunque aún lo amaba lo que empezaba a sentir por Dedrick era muy fuerte. Ella había dado su consentimiento a esa unión, si Lucio regresaba sabía que tendría que casarse con él.

-¿Claudia? -Su padre la miraba esperando una respuesta.

-Por supuesto, sería de gran regodeo para nosotros, pero que seguridad hay que Lucio realmente se encuentre con vida.

-Rumores como dije, pero abrazar la idea de que mi hijo regrese me reconforta y no puedo evitar esperanzarme.

-Confiemos en los dioses que sea cierto Plubio y la misión de rescate sea un éxito.

-Gracias Antonio, cuando mi hijo me comentó de su interés por Claudia tengo que admitir que mostré mi desaprobación. No te ofendas viejo amigo, Claudia es bellísima y no he de negar que no he llegado a ver mujer más hermosa en toda Roma, sin embargo su carácter, testarudez y obstinación no le han dado muy buena reputación.

-No has dicho nada que me ofenda Plubio, ni me son ajenas tus palabras, por el contrario están llenas de sinceridad.

-Pueden por favor advertir que estoy aquí y dejar de hablar de mí como si no estuviera presente. -Claudia se levanta de su silla y encara a Plubio. – Lucio me amaba por quién soy, nunca cuestionó mi comportamiento. No venga usted ahora a reprocharme nada.

-¡Claudia! –La reprende Antonio con voz cortante.

-Pero padre él.......

-Suficiente.

-Pero....... -No puede terminar la frase

-Basta. -Responde Antonio molesto golpeando la mesa con su puño. –Retírate por favor, hablaremos luego.

Claudia guarda silencio y se aleja sumamente indignada, llega a la habitación, de un portazo cierra la puerta.

-Perdona Plubio, te juro que a veces no sé qué hacer con ella

-Jamás comprendí porque no te casaste otra vez cuando murió Diana, no puedes hacerte cargo de su educación solo, Claudia necesita una figura maternal y mano dura de tu parte.

-Lo sé, disculpa por el inconveniente. Espero que este percance no perjudique el compromiso de nuestros hijos, en caso que tengamos la gracia de que Lucio regrese.

-Mi hijo eligió, y yo no intervendré en eso, si él quiere continuar con los planes de boda se mantendrán. -Plubio ríe para sus adentros para luego agregar: -Es curioso hablamos de Lucio como si únicamente estuviese ausente en algún viaje y regresará en cualquier momento.

-Quizás así sea, mantenme informado por favor. Sé que Claudia se pondrá feliz de tener noticias positivas, desde que él desapareciera ella lo ha llorado, las paredes no evitan escuchar sus sollozos ahogados en la almohada; me consta viejo amigo que lo ama.

-Ten certeza que lo haré, yo mismo comandaré la misión de búsqueda, sean cuales sean las noticias que traigamos a nuestro retorno serás el primero en ser informado.

-Gracias Plubio.

Los dos hombres cambiaron de tema y continuaron hablando trivialidades sobre el senado.

Claudia estaba sentada, en frente de la mesita de noche, iluminada únicamente la habitación por una vela. Meditaba lo que estaba sucediendo, si eran ciertas las noticias y Lucio estaba como rehén, sabía que su padre no se detendría hasta encontrarlo y ¿Qué haría ella si él volviera? Aún lo amaba, pero también de cierta forma amaba a Dedrick, existían entre ellos una conexión que no podía explicar. De repente se dio cuenta que estaba enamorada de ambos, su amor se encontraba dividido. El sonido de la puerta abriéndose la trajo de regreso a la realidad.

-Imagino que vienes a reprenderme por mi herrado comportamiento.

-Al menos me alegra saber que lo reconoces.

-Sólo digo lo que quieres escuchar, no considero defender mis derechos como comportamiento inadecuado.

-Claudia, he sido tolerante contigo, más de lo debido. Sabes que te quiero, así que no tomes a personal lo que te voy a ordenar.

-¡Ordenar!, acaso ahora me vas a imponer cosas padre.

-Sí, lo lamento pero me obligas a hacerlo. Pierdes todos los privilegios y conoces bien cuáles son. De ahora en adelante me acompañaras a los eventos sociales y te comportaras como la dama que eres. Serás cortés con las personas aún con las que no te agradan, y empezarás a desempeñar el rol que te corresponde dentro de nuestra sociedad. Seré yo el que vaya a comprar los esclavos. No opinarás en las conversaciones y menos si nadie ha solicitado tu opinión. Y por último bajarás conmigo y te disculparas con Plubio como corresponde.

-No me hagas esto padre.

Antonio señala la puerta, ella cabizbaja sale de la habitación con rumbo a la sala de estar, donde Plubio se preparaba para marcharse.

Claudia hace una reverencia y espera la autorización para hablar.

-Habla. -Le indica Plubio saboreando aquel momento pues comprendía que esto era una humillación para ella, sabía que la estaba hiriendo en lo más profundo de su orgullo.

-Ruego acepte mis disculpas por mi descortés comportamiento, le aseguro que no se volverá a repetir.

-Lo sé. -Contesta Plubio con altanería y sin darle mayor importancia a la joven se dirige a Antonio.

-Gracias por la cena, estuvo deliciosa y muy amena.

-¿Cuando tienen previsto salir?

-En un par de días.

-Cuídate y trae a Lucio de regreso y con bien.

-Créeme que si mi hijo se encuentra con vida no regresaré sin él.

Los hombres se despiden y Antonio deja sola a Claudia en la estancia, retirándose sin siquiera volverla a ver.

Claudia: Belleza Indomable.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora