Bajo los cuidados de Dedrick, el Tribuno comenzó a mejorar. Venía cada mañana a revisarlo y dio a los esclavos y a Cornelia las indicaciones para la dosis de los brebajes y además de una dieta especial que ayudaría a su pronta recuperación. Ya no hubo necesidad que el doctor visitara más la casa, por lo que se indispuso sobremanera, pero aunque no le gustara, él mismo admitía que de no ser por Dedrick el Tribuno estaría muerto.
Plubio tomaba el sol en la azotea, ya se podía movilizar solo. Tenía buen semblante y las heridas sanaban satisfactoriamente. Dedrick llegó como todas las mañanas y se presentó ante él.
-"Dedrick", llegaste temprano. - Manifestó el Tribuno al verlo.
-Sí señor, debo informarle que esta es mi última visita oficial, usted ya no requiere mis atenciones, sé que su esposa se encargará de su debido cuidado de ahora en adelante.
-Gracias, sé que te lo he dicho muchas veces, pero déjame agradecerte una vez más.
-Con gusto señor, si en algún momento se llegara a sentir mal, por favor no dude en buscarme.
-Lo tomaré en cuenta. ¿Estás bien en casa da Antonio?
-Sí señor, he recibido un trato afable desde que llegué.
-¿Te gustaría servirnos a nosotros? mi esposa se ha encariñado contigo, te trataríamos bien.
-Eso es decisión del amo Antonio.
-Temo que no querrá deshacerte de ti y no lo culpo.
Antonio aparece en ese momento, por lo cual Dedrick sale de la habitación, dejándolos solos.
-Me alegro tanto verte en pie, ya estás volviendo a ser tú mismo.
-Bueno eso se lo debo a tu esclavo, de ser por el inútil del médico de la familia no estaría aquí hablando contigo sino en los campos Elíseos con mis antepasados y de seguro con Lucio.
-No hemos hablado de eso desde que te recuperaste, ¿Qué piensas?
-Que mi hijo no vive, me duele admitirlo pero es mejor enfrentar la realidad. Y hablando de eso, con respecto al compromiso entre nuestros hijos, queda anulado, Claudia no puede estar comprometida con un muerto.
-Lo sé, te hablaría de eso en su momento.
-Ya tienes a alguien en mente, Claudia no es una niña, debió desposarse desde hace mucho tiempo, está en edad de hacerlo.
-Sí, lo he analizado, y encontré al hombre perfecto para ella.
-Lo conozco acaso.
-Me temo que sin él, a parte de los cuidados de Dedrick, hoy no estarías aquí.
-¡Virgilio! -Exclama Plubio con asombro. –No me lo hubiera imaginado, pero has elegido bien, su padre es el Senador Marcelo Quinto, un hombre íntegro, y además fue su abuelo el que me puso al mando de la segunda legión, siendo yo aún muy joven.
-Lo sé, sabía que lo aprobarías.
-Ya le has dicho a Claudia.
-No, pero lo haré propiamente el día de su cumpleaños. He invitado a Virgilio, será una sorpresa.
-Conociendo a tu hija y no te ofendas, temo un espectáculo de su parte.
-Lo he pensado, ¿Qué me recomiendas? habrán muchas personas importantes en esta celebración, por eso quiero aprovechar para hacer el anuncio.
-Que hables con ella, que esté preparada y advertida sobre su comportamiento. Eres su padre, imponte, no permitas que tu hija te domine, recuerda que necesita disciplina.
-Tienes razón, lo haré pronto.
- ¿Y cuándo es la celebración?
-Dentro de una semana, te haré llegar la invitación por escrito. ¿Consideras que puedas ir? es un viaje tedioso.
-Lo resistiré, además requiero urgentemente estar fuera de esa cama, me hará bien respirar otros aires. Cambiando de tema, con respecto a Dedrick.
-¿Qué hay con él?
-Te doy una bondadosa cantidad de dinero por él.
-¿Acaso me estás ofreciendo comprarlo?
-Justamente, pon el precio, lo pagaré.
-Me temo que no está en venta, Dedrick no es sólo un esclavo, es un amigo y parte de la familia.
-Ummm, supuse que esa sería tu respuesta pero debía intentarlo de todos modos.
-¿Hablaste con él sobre eso? -Interroga Antonio con curiosidad.
-Sí pero me ha dicho que está a gusto con ustedes, sin embargo, agregó que era tu decisión.
-Sí bueno, no lo deseo.
-Nunca he entendido tu forma de tratar a los esclavos, no siento que debas darles tanta confianza, son lo que son, y en cualquier momento te apuñalarían si pudieran.
-No sólo son esclavos Plubio, son seres humanos que merecen ser tratados con respeto.
-No sé porque me parece estar escuchando hablar a tu hija pero con sus palabras en tu boca.
-Sí ella ha tenido gran influencia en mí en este sentido debo admitirlo, pero en este caso la apoyo.
-¡Que locura! comprar esclavos y luego ofrecerles su libertad, sabes la inversión que has mal gastado. Eres la única persona conocida que hace esto, los comentarios se dan Antonio y siempre en torno a Claudia y la influencia que ella ejerce sobre ti. Se han atrevido a decir que es ella la que lleva las riendas de tu hogar, aunque trato de apagar sus comentarios no es mucho lo que pueda hacer, sabiendo que tienen razón.
-En definitiva ya estás completamente recuperado, alegas con tanto īmpetu o más que antes.
-Esto es serio Antonio, no tomes mi advertencia a la ligera.
-Sé lo que la gente comenta Plubio y no me importa, si no les parece mi proceder es su problema, es mi dinero el que gasto no el de ellos. Y aunque Claudia ciertamente sí tenía algún dominio sobre mí lo cual no negaré, últimamente he cambiado con ella, soy más severo, y lo que suceda entre mi hija y yo, queda entre nosotros.
-Comprendo, pero no digas que no te lo advertí.
-Y agradezco tu preocupación viejo amigo, créeme que lo tomaré en consideración.
Los dos hombres siguen conversando amenamente, hasta que Antonio se despide, decidido hablar con Claudia sobre su compromiso con Virgilio en cuanto llegara a casa.
-¡Que los Dioses me ayuden! -Exclama para sus adentros, conociendo lo que le esperaba.
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Claudia: Belleza Indomable.
Historická literaturaClaudia es hija de Antonio Kaeso, un adinerado y respetado miembro de la sociedad romana. Por un juramento hecho a su esposa, en el hecho de muerte, su hija tiene hasta los 18 años para escoger el hombre con que se desposará, siempre y cuando esté a...