Pasaron seis años desde la última vez que Sam y Luke tuvieron noticias de Zoey, su amiga de la infancia.
Ahora, Zoey ha vuelto a la ciudad porque Sam la necesita.
Todos los buenos recuerdos de Samuel los protagonizan sus dos viejos mejores amigos...
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L U K E
—No siento el corazón seguro es taquicardia —escucho a Zoey hiperventilar tamborileando sobre el volante del coche.
Quisiera poner los ojos en blanco otra vez, pero he hecho eso tantas veces desde que salimos de Tahoe que ya empiezo a preocuparme por quedarme con los ojos en esa posición de por vida.
Empiezo a pensar que un peluche de ardilla habría sido un regalo mucho mejor.
—En el más allá no vas a tener la oportunidad de ver a tu cantante —le respondo.
Ella se queda en silencio por unos momentos; no aparta la vista de la carretera ni un instante, pero finalmente asiente.
—Eso es cierto. Y después de haber escrito todas esas escenas en mi historia, dudo que no termine en el infierno.
—A las almas en pena les encantará leer el capítulo de la piscina; me pregunto si les interesará saber qué tipo de inspiración tuviste para escribirlo.
—¡Me dijiste que no ibas a leerlo! —chilla tan fuerte que mis tímpanos se quejan un poco.
—Yo jamás prometí eso. —aclaro, desde el asiento del copiloto puedo ver completamente como la cara se le pone roja mientras conduce —Me llamó mucho la atención que la protagonista tuviera una cita que terminó fatal y que, casualmente, se encontrara con el otro protagonista semidesnudo en la piscina, disfrutando del calor del sauna, lo que lo hacía ver «aún más sexy».
Recalco esas últimas palabras, porque es precisamente un adjetivo que se recalca mucho en la descripción del susodicho.
—Oh, dios. —traga saliva con tanta fuerza que puedo oírlo.
Si soy sincero, terminé la copia que dejó sobre mis narices ayer por la tarde casi de un tirón. Aún me faltan el final y el epílogo, y sé que habrá una segunda parte por lo último que he leído.
—Además, me da mucha curiosidad saber que antes del final hacen un viaje en furgoneta. —añado.
Si hasta ese momento su cara era rojo tomate, ahora es de un rojo tan vivo como la lava de un volcán en erupción.
—Le prohibiré a Sophie ir contando por ahí todos los spoilers. —refunfuña.
Se me escapa una risa y Zoey gruñe de una manera tan ruidosa que siento como si hubiéramos pasado por un portal y cambiado de cuerpo. Ahora soy yo el grano en el trasero de la camioneta y ella es el ogro malhumorado que solo habla con gruñidos.
Es un escenario bastante fortuito para los dos.
—No, en serio, ha sido alucinante. Quiero leer más. —me sincero.
—Mala suerte, se acabó la inspiración. —me corta el royo.
Muerdo la piel interna de mis labios con eso último.