Pasaron seis años desde la última vez que Sam y Luke tuvieron noticias de Zoey, su amiga de la infancia.
Ahora, Zoey ha vuelto a la ciudad porque Sam la necesita.
Todos los buenos recuerdos de Samuel los protagonizan sus dos viejos mejores amigos...
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—Es muy distinto a lo que esperaba, pero así es todavía más hermoso.
Zoey tiene toda la razón. Me aprieta la mano y gira hacia mí con una sonrisa. Lleva puesta una chaqueta polar con capucha y unos lentes de protección contra la nieve.
Me he preguntado muchas veces cómo me sentiría cuando llegase este día y en ninguna de esas, las vistas me impresionaban tanto. Frente a nuestros ojos, las vistas desde el mirador dan a los cinco lagos principales: Kawaguchi, Yamanakako, Saiko, Motosu y Shojis. Desde la campana, contemplamos la silueta del Monte Fuji, con su cima cubierta de nieve y sus pendientes perfectamente simétricas. Y a lo lejos, se utilizamos lo binoculares alquilados, se distinguen las luces de Fujiyoshida, la ciudad donde nos estamos hospedando, y la región del Valle del Fuji, creando un paisaje de una belleza cautivadora.
La ventisca me provoca escalofríos al colarse entre mi cuello y mi cabello, que ahora me llega hasta los hombros. Para protegerme, llevo la mano hasta esa zona y la cubro, pero al hacerlo, parte de la manga de mi chaqueta deja al descubierto mi brazo. Los ojos de Zoey se fijan directamente en el tatuaje que aún está cubierto por una capa protectora transparente.
—Es envidiable que tu japonés haya sido lo suficientemente claro como para que el tatuador entendiera las instrucciones.
—Y eso que solo llevé las clases el semestre pasado.
—Aun no puedo creer que estés estudiando en Leigh. —replica, pero tiene una mueca similar a una sonrisa pegada a la cara —Estoy saliendo con un cerebrito.
Hace un año, no tenía claro qué quería hacer con mi vida. Había varias opciones a mi alcance, pero ninguna parecía la correcta, porque todas implicaban alejarme de Pensilvania y de Sam. Luego, ocurrió el viaje por carretera y allí descubrí que Programación era la única carrera que realmente lograba moverme el piso. Además, había una vacante en la Universidad de Duquesne, y como Zoey estudiaría allí, esa decisión parecía casi definitiva. Sin embargo, cuatro semanas antes de que comenzaran las clases, recibí una carta de admisión nueva: también me habían aceptado en Leigh, la universidad que había alcanzado llegar al ranking de las mejores diez nacionales en su programa de Ingeniería informática y desarrollo de videojuegos. No estaba del todo seguro si esa era la mejor elección, pero Zoey prometió que rompería conmigo si no aceptaba la propuesta.
Al fin y al cabo, eran solo dos horas de diferencia, parece mucho, pero habiendo estando tantos años separados, 430 kilómetros no es nada que no podamos superar si le ponemos el empeño suficiente.
—Cuento con tus clases de japonés para el itinerario completo; nos falta recorrer Tokio, ver las flores de cerezo y subir al Teléfono del Viento. Además, aun necesito que un guía me explique por qué diablos hay una oficina de correos en la cima del Monte Fuji. —Hace una pausa y aparta los ojos de la pantalla donde tiene todos los detalles anotados.