Seis.

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Abrí mis ojos en un respiro sintiendo a mi cuerpo estremecerse desde muy temprano.

Sonreí.

Sonreí porque sabía la causa de aquella placentera sensación.

Una respiración en mi cuello, las yemas de sus dedos delineando aquella forma en mi piel una y otra vez, una cálida sensación que me hacía sentir en paz.

"Acaso no te cansas de mirar esa cosa?" Con sumo cuidado, pues a pesar de haber transcurrido una semana desde que desperté de la paliza que Robert Bryer me dio, las costillas aun seguían siendo una patada en el culo, me voltee quedando de frente a aquel pelinegro que me veía con curiosidad y éxtasis.

"No..." Respondió quedo. Alce una ceja llevando una mano a aquel sitio.

"Solo es un tatuaje de un escorpión, no sé que tanto te atrae de él." Le dije desinteresado para luego bostezar y volver a clavar mi mirada en aquellos ojos verdes que de cierto modo causarían escalofríos a cualquiera por la profundidad en la que te miraban, pero a mí, a ya casi dos semanas de estar en aquel sitio que ni siquiera sé donde se ubica en un mapa, me causaban la mayor tranquilidad. "Ge..." Pero sus labios ya me habían invadido. Sonreí entre el beso para llevar mis manos a su cuello, subiendo juguetonamente mis dedos para enterrarlos en su cuero cabelludo, aferrándolo más a mí. Jadee cuando la bestia me dio una mordida agresiva en mi labio inferior, absorbiendo luego este para rematar con delinear con su lengua la mía.

"Tu."

"Ah?"

"El tatuaje... lo que me atrae de él, es que lo tienes tu." No sonrió, mucho menos estaba nervioso o sonrojado, a diferencia de mí que ya tenía el calor carmín invadiendo mis mejillas. Se levanto sin más de la cama dirigiéndose al baño mientras yo me erguía sentándome en esta con algo de cuidado. A lo lejos escuche la bañera empezar a llenarse, recordando cómo, desde que tenía que andar con delicadeza por mi pronta recuperación, el pelinegro había estado cuidando de mi como un perro guía a su dueño ciego. "Ya está listo el baño." Aviso. Asentí de inmediato encaminándome hacia donde él estaba con la mano extendida, recordando como el primer día que supe que sería bañado por él, me negué de inmediato debido a el orgullo de hombre independizado, causando esto una gran discusión, claro que Gerard lo tomo insultante y aun que se que se abstuvo de darme un bofetón por desobedecer sus deseos, se que el que haya llegado tarde a la habitación ese día y oliendo a perfume de puta barata, fue mi "castigo".

Bestia como solo él.

Suspire al sentir el agua caliente mojar hasta mis tobillos. La mano de Gerard recorriendo mi espalda para ayudarme a sentarme, y yo mordiendo mi labio para evitar pensar en algo relacionado con lo malditamente bien que me hacía sentir aquello. Ya dentro de este, me hice hacer a los torpes pero delicados movimientos con los cuales el pelinegro me pasaba aquella esponja. El jabón abarcando mi cuerpo, el shampoo haciendo burbujas en todo mi pelo, frotando mis ojos por el ardor que hizo este al invadirme. Reí inevitable pensando lo lindo y demasiado gracioso que se vio Gerard cuando enseguida me enjuago la cara para que el shampoo no siguiera lastimándome.

"Que es divertido?" Una torcida mueca, que tal vez era una sonría oculta, junto una mirada inquisitiva. Me encogí de hombros sin responder, pues, no iba a decirle que solo yo tenía el privilegio de ver a un Gerard Way jodidamente atento, quien se mordía ambos para así poder controlar darme una buena al escaparse de mis labios alguna que otra habladuría impertinente.

"Nada... que quiero otro de estos." Atrevido, me abalance sin importar el agua que salpique en el proceso, tomando las mejillas del mayor y juntando nuestros labios. Fui correspondido enseguida, dándome acceso a su boca, metiendo mi lengua bruscamente para al final, tomarme un tiempo en disfrutar su sabor, ese jodido sabor, y separarme algo agitado. Mordí mi labio al volver a mi lugar y sentir una punzada atacarme en mi costado. Gerard me miro algo serio y preocupado a la vez.

Mi Bestia -Frerard-Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora