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Estados Unidos había quedado atrás y mi mamá también, mi cara aún estaba un poco magullada por su ataque, pero ya me sentía mejor, quizás había sido para bien entender que ella no era nada mío, que solo era una vieja desgraciada. El Edson también lo había entendido, según él nunca había pensado que la Maca era así porque con él era muy buena. Pero como dice por ahí se ven caras pero no corazones.

                Ahora con el Edson estábamos en Puerto Varas, él había insistido en conocer a mi papá, yo sabía que no era una buena idea, pero él insistió tanto que acepté. Estaba parada afuera de mi casa sin poder tocar la puerta, el Edson estaba bajando las maletas del taxi. Este era el momento para salir corriendo, estaba a punto de hacerlo, pero se abrió la puerta de mi casa, era la Anita.

—¡Mi niña! — exclamó mi nana dándome un abrazo de oso— ¡Llegó la niña! — gritó para adentro de la casa. Dios no. Unos segundos después apareció mi papá. La Anita me soltó de su abrazo. — Iré a preparar algo rico allá adentro porque está muy flaca mi niña...

—Hola papi— dije. Él me abrazó.

—Hija, te extrañé demasiado— me dijo mientras me abrazaba— debiste avisarme que te venías para ir a buscarte al aeropuerto...

—Sí, es que... lo que pasa es que...

—Oye flaca tu maleta no pesa ni una hueá— escuché la voz de Edson riéndose. Eso era porque mi maleta traía solo unas pocas cosas que me había comprado en Estados Unidos. Mi papá se separó de mí y miró al Edson con el ceño fruncido.

—Isabel ¿Quién es él? — preguntó, abrí bien los ojos y puse mi cara de inocente— No, mejor no respondas esa pregunta, ¿Qué haces con Edson Puch aquí en Puerto Varas? — preguntó mi papá totalmente confundido.

—¡Mierda! —dijo el Edson en un susurro— Hola señor— le dijo a mi papá con una sonrisa y le estiró la mano a mi papá, él se la tomó aunque seguía con cara de confundido.

—Isa no estoy entendiendo nada, explícame por favor...

—Papi el Edson es...— ¿Qué era el Edson? ¿Mi expadrastro? ¿Mi tira amigo? ¿Mi andante? No sé qué mierda era.

—Señor soy el pololo de su hija— ¿Qué? ¿Desde cuándo era mi pololo? Lo miré con el ceño fruncido, él solo se encogió de hombros. Miré a mi papá y él me miraba extrañado. Bien, esto era incómodo mi papá estaba como una estatua y yo no sabía qué decirle. O sea igual era raro yo nunca había traído un pololo a la casa y más encima era un pololo futbolista famoso...

—¡Isa! — escuché un grito chillón, miré de dónde provenía el grito, era mi hermanita chica la Mati, quién venía con el Augusto y mi madrastra quién traía algunas bolsas entre sus manos. Abracé a mis dos hermanos chicos— ¿Volviste para siempre Isa? — preguntó mi hermana.

—No, Mati, tengo que volver a la u después. Pero ahora me quedaré un rato— ella sonrió— Hola Erika— saludé a mi madrastra con un abrazo y un beso en la mejilla.

—¿Y él quién es? — preguntó mi hermano que no había hablado ninguna palabra, lo cual era raro porque hablaba hasta por los codos

—Ese es el pololo de tu hermana— dijo mi papá con voz plana.

—Hola soy Erika, la mamá de esta chiquilla— ella siempre se presentaba como mi mamá y me gustaba porque ella en verdad era como mi mamá, aunque yo nunca pude decirle mamá porque me sentía traicionando a la Maca, pero ya todo da lo mismo— ¿Y tú eres?

—Edson, un gusto en conocerla— dijo el Edson dándole un beso en la mejilla a Erika.

—¡Pero qué hacemos parados acá afuera! — exclamó Erika— ¡Hace mucho frío! Entremos y le pedimos a la Anita que prepare algo rico...— dijo con una sonrisa. Le agradecía que me salvara de este momento incómodo. Ella empujó a mi papá adentro de la casa. Mis hermanos la siguieron. Al igual que yo y el Edson, quién traía las maletas.

Thinking of you || Edson PuchHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora