Al día siguiente me acerqué por la Funeraria Paraíso Plateado para
hacer algunas comprobaciones. Maldita cosa ese negocio, no hay periodos de
inactividad. Aparqué y entré. Un sitio agradable. Un vestíbulo silencioso.
Alfombras espesas, sucias. Anduve por allí y entré en una sala grande. Estaba
llena de ataúdes. Grandes, pequeños, anchos, estrechos. Hay gente que se
compra el ataúd con mucha antelación. Yo no. Al diablo con ese asunto.
No parecía que hubiera nadie. Podía birlar un ataúd. Podía
engancharlo en el coche. Largarme con él. œDónde estaría Grovers? œDónde
estarían todos?
Entonces me entró un gusanillo. Cada vez era mayor. Así que lo hice.
Levanté la tapa de un ataúd y miré dentro. DI UN GRITO. Y cerré la tapa
de golpe.
Allí dentro había una mujer desnuda. Joven y guapa, pero muerta.
–Guau!
Hal Grovers apareció corriendo.
––BELANE! œQUÉ EST˘ HACIENDO?
–œHACIENDO? œHACIENDO? œQUÉ QUIERE DECIR? œDŁNDE
COÑO ESTABA USTED, GROVERS?
–EN EL LAVABO. œPOR QUÉ HA GRITADO?
Señalé.
––TIENE USTED UN CAD˘VER EN ESE ATAÐD! –UNA NENA,
CON UN PAR DE BUENAS TETAS!
Grovers fue hacia allí y abrió la tapa.
–Aquí no hay nadie, señor Belane.
–œCómo?
Me acerqué y miré. El ataúd estaba vacío.
Me di la vuelta y agarré a Grovers por las solapas.
––No juegues conmigo, chaval! –Lo he visto! –Le he visto el conejito! –Un
bomboncito muerto! œEstás jugando conmigo? Tú y... Billy French... ese
chupasangre. –No soy un hombre con el que se pueda jugar, Grovers!
–Nadie está jugando con usted, Belane. Está sufriendo una alucinación.
Le solté las solapas.
–Lo siento –le dije–, debería haberlo supuesto.
–œSuponer qué?
–Es Jeannie Nitro. Está jugando con mi mente. Sabe que trabajo para
usted.
–No la he visto últimamente. Quizá se haya ido.
–No se ha ido, Grovers. Está esperando.
–œEsperando qué?
–Ahora mismo no lo sé.
Giré sobre mis talones mirando cuidadosamente a mi alrededor.
––Rápido, Grovers! œCuántos muertos tiene aquí ahora?
–Tenemos dos preparados. Están en la Sala de Reposo.
–Tengo que verlos.
–œCómo?
–œQuiere usted que reviente este asunto o no?
–Quiero que... lo reviente.
–Entonces tengo que ver esos dos cadáveres.
–œPor qué?
–Si se lo digo, jamás lo adivinaría.
–œQué quiere decir con eso?
–No importa. Ahora déjeme echarles una ojeada.
–Es que eso es ilegal.
––Venga! –Venga!
–Está bien. Sígame...
Fuimos a la Sala de Reposo. Un sitio elegante. Oscuro. Con velas
encendidas. Había tres ataúdes.
–Muy bien, vamos a ver –le dije a Grovers.
–œPodría hacer el favor de decirme por qué?
–Jeannie Nitro quiere que sus extraterrestres ocupen estos cadáveres.
Quiere procurarles un caparazón, un lugar donde esconderse. Un caparazón,
ya sabe, como el de las tortugas. Jeannie Nitro anda merodeando alrededor
de usted para conseguir estos cuerpos.
–Pero estos cuerpos están muertos, están en estado de descomposición.
Y, además, los vamos a enterrar. œCómo va a poder utilizarlos?
–Los extraterrestres se esconden en los cuerpos muertos hasta que los
entierran y luego se buscan los cuerpos de otros muertos.
–Pero, si quieren esconderse, œpor qué van a utilizar los cuerpos de los
muertos? œPor qué no se esconden en tanques de almacenaje o cuevas o algo
así? œPor qué no utilizan cuerpos vivos?
––Qué estúpido! Los vivos reaccionarían ante su presencia. –Venga,
Grovers, abra estos ataúdes! Creo que ahora están ahí.
–Belane, yo creo que usted –está loco!
––Venga! –˘bralos!
Grovers abrió el primero. Era un bonito ataúd de roble. Dentro estaba
un tipo de unos 38 años, de pelo espeso y rojizo, con un traje barato.
Me volví y miré a Grovers.
–Tiene a uno de esos dentro.
–œCómo lo sabe?
–Acabo de ver cómo se movía.
–œQué?
––Acabo de verle moverse!
Estiré la mano hacia abajo y agarré al tipo por el cuello.
––Vamos! –Vamos! –Sal de ahí! –Sé que estás ahí!
Al sacudirle la cabeza se le abrió la boca y escupió un trozo de algodón.
Yo di un salto hacia atrás.
––MIERDA! œQUÉ HA SIDO ESO?
Grovers dejó escapar un débil gemido de protesta.
–Belane, he estado más de una hora rellenándole las mejillas, para que
tuvieran un aspecto lleno y saludable. Ahora se le han vuelto a poner fofas,
–tendré que volver a empezar desde el principio!
–Lo siento. No me he dado cuenta. Pero creo que andamos cerca. Abra
otro, por favor.
–˘bralo usted. Esto es realmente desagradable. No sé por qué se lo
permito. Debo de estar loco.
Me acerqué a un ataúd de pino y lo abrí. Miré. Me quedé mirando. No
me lo podía creer.
–œEs una broma, Grovers? Esto no se hace. No tiene ninguna gracia.
La persona que estaba en aquel ataúd era yo. El ataúd estaba forrado de
terciopelo y yo tenía una sonrisa de cera. Llevaba un traje marrón oscuro
arrugado y tenía las manos cruzadas sobre el pecho con un clavel blanco.
Me di la vuelta y miré a Grovers de frente.
–œQué diablos está pasando aquí, chaval? œDe dónde has sacado a éste?
–Es el señor Andrew Douglas. Murió de repente, de un ataque al
corazón. Ha sido dirigente social en este barrio varias décadas.
–Y una mierda, Grovers. Ese cadáver soy yo. –Yo!
––Qué disparate! –dijo Grovers. Se acercó y miró dentro del ataúd.
–Es el señor Douglas.
Me acerqué y miré. Era un tipo mayor, de pelo blanco, de unos 70 u 80
años. Tenía bastante buen aspecto. Le habían coloreado las mejillas y le
habían dado un toque con lápiz de labios. La piel le brillaba como si le
hubieran dado cera. Pero no era yo.
–Es Jeannie Nitro –dije–. Nos está fastidiando.
–Creo que es usted un hombre con las ideas muy confusas, señor
Belane.
–Cállese –le contesté.
Tenía que pensar. En algún punto todo encajaría. Tenía que encajar.
En ese momento entró otro hombre y se quedó junto a la puerta.
–El cuerpo está preparado, Hal.
–Gracias, Billy. Ya puedes irte.
Billy French se dio la vuelta y desapareció.
––Por Dios, Grovers! œEse tipo no se lava las manos?
–œQué quiere decir?
–Tenía las manos rojas.
––Qué disparate!
–He visto que estaban rojas.
–Señor Belane, œle importaría mirar dentro del tercer ataúd? Aunque
está vacío. Un caballero lo ha seleccionado con antelación.
Me di la vuelta y me quedé mirando.
–œY él está dentro, Grovers?
–No, ese caballero está vivo. Lo ha seleccionado. Hacemos un 10% de
descuento a los que los preseleccionan. œNo le gustaría elegir uno? Tenemos
un surtido estupendo.
–Gracias, Grovers, pero tengo una cita en algún sitio, ya me pondré en
contacto con usted.
Giré sobre mis talones, fui pasillo adelante, crucé el vestíbulo y salí
fuera, al aire libre, limpio. Todos los hi-jos-de-puta que eligen su propio
ataúd son los mismos hijos-de-puta que se la cascan 6 veces por semana.
Entré en mi Escarabajo, aceleré a fondo y me metí entre el tráfico. Un
tipo de una camioneta pensó que le había cerrado y me hizo un corte de
mangas. Yo le contesté con otro corte de mangas.
Estaba empezando a llover. Subí la ventanilla de la derecha, que
funcionaba bien, y apreté el botón de la radio.

ESTÁS LEYENDO
Plup
Science FictionÚltima novela del escritor Charles Bukowski. Aún no termino de pasarla, y falta editar los textos. Gracias por leer.