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Miraba por la ventana del avión, veía como la ciudad iba desaparecido entre las nubes, como iba alejándome de todo. Pero no me sentía bien, al contrario, me sentía peor. ¿Cómo puede ser que una persona te transmita tantas sensaciones juntas?

Me coloque los auriculares y cerré los ojos, creando mi propia historia, donde Harry me amaba. Sin embargo, fue tan imaginario que me quede dormida.

(...)

-Despierta dormilona-el susurro de Sam hizo que despertara. Estábamos en la ciudad de Nueva York.

Apenas nos bajamos tomamos el primer taxi que pudimos hallar, las calles y la vista de esta gran ciudad eran tan hermosas como lo describían todos. Jamás tuve la oportunidad de venir, ya que toda mi vida viví en otro continente, visitar a mis parientes me hizo olvidar por un momento de Harry. Pero jamás podría olvidarlo por completo.

Harry me había herido, se acostó con una mujer y me lo quiso explicar. Pero no podía enojarme, simplemente sentía lastima por misma, por creerle, por pensar que en verdad me quería.

-Mira las luces hija, es increíble-exclamo mi madre visualizando desde su ventanilla.

La casa de mis abuelos era perfecta, no era ni tan grande ni tan chica. Pero si demasiado acogedora y decorada, llena de cuadros pintados por mi abuela. Hasta había un retrato mío en los pasillos, esos detalles eran lo unico que podían mejorar mi día.

Harry

Tecleaba el numero una y otra y otra vez pero me saltaba el contestador al segundo. ¿Cambio el numero? Como es posible. Me senté en el sillón del balcón y el celular comenzó a vibrar. Por un momento pensé que era ella, pensé que todo iba a volver a ser como antes. Pero fue mi pesadilla, mi jefe.

-¿Dónde estas metido?-resoplo. Su voz me llegaba a dar escalofríos.

-Tengo que decirte algo-suspire, luego de tantos años. Iba a largarlo.-No quiero trabajar mas con usted.

-¿Qué dices?-su tono cambio a mas grave, pude sentir como algo chocaba con la mesa.-Tu no dejaras el trabajo.

-Si lo hare, y si quieres algún responsable, puedes empezar por su hija. Cerrare la boca y no diré nada, me alejare de la ciudad y olvidare toda su movida de dinero, pero ya no quiero estar metido.

-¿Mi hija? ¿Como la conoces?

-Solo diré que voy a desaparecer, y no quiero saber nada de esto. Lo de tu hija ya es problema suyo.-Colgué.

Coloque mis manos en mi cabello y sonreí, jamás había tenido el valor de hacer eso. Estaba en problemas, no podía colgarle sin dejarle la ultima palabra, sabia que vendrían a buscarme así que no perdí tiempo.

Saque la maleta de debajo de la cama y comencé a empacar, por suerte no tenia demasiadas cosas en esta casa. Pero encontré algo que me destruyo por completo, la tristeza se apodero de mi rostro. Era una carta, una carta que Noelle me había escrito pero jamás entrego. Estaba metida en su almohada, tenia miedo de abrirla, así que solo la guarde para verla cuando tenga el valor. Ahora solo tenia que escapar y siquiera sabia hacia donde.

Llame a mi chofer y me senté en la punta de la cama, admirando el sobre de la carta. Tenia su perfume, lo reconocería donde fuese. No podía dejar de leer su nombre escrito en la punta de la hoja, "Noelle" es que... ¿Cómo puedo extrañarla tanto?

La bocina de mi chofer se oyó desde las ventanas y baje a toda velocidad. Para cuando estaba dentro del coche, pude volver a respirar. El acelero hasta el aeropuerto, el miedo de no volver a ver a Noelle era cada vez peor. Pero la buscaría por todo lados si es posible.

-¿A dónde viajara Styles?-pregunta el chofer.

-No lo se, ¿Hacia donde viajaría usted?

-Mi sueño siempre fueron las Vegas señor.-rio.

Dudé demasiado que Noelle viajara a las Vegas, no seria el primer lugar donde buscar. Pero no tenia opciones, y la ciudad de Nevada no se veía tan mal.

Llegamos y busque un boleto, claro que tuve que pagar de mas para poder irme en el primer vuelo que llegara. La carta siempre estuvo en mi mano, al sentarme en uno de los mejores asientos y abrocharme el cinturón. Pensé en las razones por las que no debería leer la carta. No encontré ninguna, y fue ahí cuando ya tenia la carta en mis manos.

Memoria Perdida | h.sWhere stories live. Discover now