Sweddler; que feo nombre para un perro.

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Llegué a Londres con una temperatura ambiente de unos 15 grados, con lluvia. Mis dientes tintinaban y aún bajo el paraguas sentía como el viento portaba pequeñas particulas de agua que terminaron mojando superficialmente mi chaqueta negra.
Vi como la limosina se estacionaba frente a la entrada principal del aeropuerto; Ronald, uno de los choferes, bajó casi inmediatamente debajo de un paraguas negro.
— Joven Justin, bienvenido —dijo él con voz ronca y solemne. Lo saludé con un gesto en el rostro, y el se apresuró a abrir mi puerta. 
Al fondo del auto lo vi sentado; estaba con un traje, y su cabello debidamente peinado. Palmeteó el asiento continuo y me sonrio.
— Hermanito —canturreó—. Tenemos mucho de que hablar.
— Empieza, Nicholas.




...





— Así que, Ely está aquí solamente por Lucy. 
— Si, ya sabía; fue su regalo de cumpleaños.
— ¿Cómo lo sabías? — me miró con extrañes.
— Ronny me lo dijo. Su hermana.
— Oh claro... si tienes la duda de por qué tu ex novia viene al viejo mundo, nada como preguntarle a tu ex cuñada. 
— Que gracioso —lo miré con cara de pocos amigos, y el soltó una carcajada—. ¿Qué más sabes? 
— No mucho —admitió y bebió wisky—; no puedes conseguir mucho cuando todavía estar aturdido por los caribeans que tomaste la noche anterior.
La limosina seguía en movimiento por las traficadas calles de Londres ese 29 de Diciembre. 
Año nuevo estaba a la vuelta de la esquina, lo cual significaba una cosa: La fiesta de fin de año de los Bieber. 
Champañe, vestidos largos, trajes de etiqueta, música aburrida y gente sonriendo sin parar por todas los rincones del gran salón principal de la casa de invierno de los Bieber, era lo que resumía bien ese <<magnate>> evento. A mi no me gustaba mucho esa fiesta, considerando el hecho de que no hacía más que platicar con gente aburrida que estaba interesada en quién me convertiría yo el día de mañana. 
Pura mierda. 
Sin embargo, era una tradición, y aunque no me agradara la recepción, tenía que admitir que una vez que los invitados se fueran, y quedara solamente la familia era bastante divertida; ver a los primos Wesley pelear con los Rodds, Los Bieber y los Thomors en una vieja riña de basquetball techado y ver a los abuelos de todos recordando cuando solían nadar desnudos en las piscinas de sus casas, era algo que realmente me gustaba. 
Claro que, eso empezaba más que nada al día siguiente, pero durante la noche nueva no se solía dormir... o al menos eso intentabamos en la vieja competencia de "a ver que familia aguanta más despierto".
Sin presumir: Los Bieber teníamos el record: hasta las 9:40 de la mañana, nada más y nada menos.
Orgullo Bieber; eramos los mejores. 
— ¿Y Alice? — Nicholas alzó la ceja, y me sacó de mis pensamientos llenos de recuerdos de la infancia.
Entonces lo recordé a él con un traje de winnie pooh tras perder una apuesta contra nuestro primo Billy Rodds, y sonreí.
— Se quedó a trabajar en Paris; me alcanzará mañana por la noche. 
— Tienes que estar bromeando; ¿es enserio? — sonrió con suficiencia, y me miró con exaspero. — No lo hiciste apropósito, ¿verdad? —cuestionó—, esto no tiene nada que ver con cierta chica de pelo castaño claro y ojos verdes, ¿cierto?
— ¡No digas estupideces! Ely es punto y aparte —refunfuñe, y aparté mi mirada—. Ely y Alice no tienen nada que ver una con la otra; son dos temas diferentes. Una es mi pasado y otra mi futuro.
Nicholas se quedó en silencio; sentí su pesada mirada sobre mi, y escuché como respiraba profundamente por sus fosas nasales.
— Solo para aclarar; ¿Quién es tu pasado y quién es tu futuro? Por que para mi, tal vez estás confundiendo un poco los tiempos.





...





~ Ely Lanteige~ 





El edificio que se extendía frente a mis ojos tenía algo encantador en sus paredes y sus vistas. El portero me abrió la puerta mientras sonreía galantemente, y una ráfaga de viento helado entró detrás de mi antes de que el hombre cerrara la puerta de vidrio. Lo único que quedó después de eso fue el chiflido del aire contra el cristal desde el exterior.
Caminé directo hasta el asensor, y tecleé el número del piso de Nathalie. 
Tras mi loco —y extraño. Y perturvador. Y triste. Y melancólico— encuentro con Nicholas, de algún modo Nathalie, la otra hermana de Justin se había enterado de mi regreso. Supongo que al conspirar contra su hermano cuando el me rompió el corazón al besarme y decirme "Un caballo besa mejor que tu" nos unimos un poco.
Si... tan normal.
El punto era que ahora yo estaba tomando el elevador para ir a verla, después de cuatro meses desde la última vez que la vi, el día de su boda.
Aun recordaba lo hermoso que había sido todo ese día: Rosas rojas y blancas, velas, lámparas, luces, todo un ambiente romantico digno de la mejor boda del posible siglo. El hermoso vestido de Nathalie me había quitado el aliento; ella lucía aquel día como un ángel, un verdadero ángel que cayó sobre el altar. 
El ascensor se detuvo en el quinto piso. Un corredor de tamaño regular, con una fea alfombra roja y detalles dorados se extendía a todo lo largo del pasillo, y las lámparas negras que se encontraban al extremo derecho de cada una de las iluminaban el lugar. 
Bajé del elevador, y me adentré en el pasillo. Las puertan eran blancas, y el número en la parte superior era de un dorado brillante. A mediados del pasillo, uno de los 4 departamentos de ese piso tenía el número "54". Nathalie.
Me detuve frente de la puerta, y tomé un gran respiro antes de tocar el timbre. El eco del sonido de llamado me hacía pensar que tal vez no había nadie en casa, aunque después de unos cuantos segundos lo dudé, ya que escuché claramente los pasos de alguien detrás de la puerta. 
Retuve la respiración, y cuando vi a aquella chica de tez blanca y pelo oscuro detrás de la puerta volví a respirar tranquila. 
— ¡Elizabeth! — me saludó efusivamente, acortando la distancia y cerrando el saludo con un abrazo. — ¡Oh! ¡Pasa! —revoloteó— ¡Tengo tanto que contarte!







...







Mientras que Lucy disfrutaba de Londres tomada del brazo de un Inglés (Si, un chico que conoció que dormía en el mismo hotel que nosotras), yo estaba con Nathalie, tomando un delicioso —y caliente— café express. 
Me contó sobre sus viajes, su luna de miel, y sus planes; me dijo que Bruno a veces le desesperaba, pero que no cabía duda de que había elegido al correcto.
La conversación dio un brinco desde ella, hasta mi. Yo no pude contarle más aparte de que había iniciado la universidad, que había ganado la beca, y que estaba viviendo con mi mejor amiga en un pequeño departamento céntrico, que cubría todas mis necesidades. Aunque no fuera interesante —en lo absoluto interesante—, Nathalie escuchaba con tal atención que parecía como si yo le estuviera contando algún viaje astral, un mundo mágico que encontré en una alcantarilla o que detuve al criminal mas buscado con una bolsa de plastico; Eso me gustaba, siempre me había hecho sentir especial, aunque fuera una total mierda.
Pero entonces, llegamos a lo inevitable.
— ¿Novio? —preguntó, y alzó las cejas. Me encogí de hombros y me dediqué a mirar a la alfombra en lugar de a aquellos ostigantes ojos marrones que me observaban con curiosidad.
— No, hasta el momento.
— ¡Oh vamos! —alzó los brazos, y sonrió con complicidad— Has te tener algún pretendiente, ¿No? 
William.
Claro, si tenía a aquel divertido y bueno —y según Lucy, sexy— cerebrito de las matemáticas y repelente del futbol americano. 
Supuse que Nathalie notó el carmín en mis mejillas, porque inmediatamente después de eso me empezó a abarrotar de preguntas sobre él. Hasta me pidió una fotografía. Di gracias al cielo en silencio de que a William no le gustaran las fotos, y de que a mi jamás se me hubiera ocurrido pedirle una. Aparte, solamente habíamos salido un par de veces... nada serio. 
— ¿Buen partido? 
— Tal parece. 
— Me alegro por ti —escozó, con una fresca sonrisa en sus labios—. Digo, me hubiera fascinado que te hubieras quedado como mi cuñada, pero bueno...
Otro momento incomodo.
Para mi hora ahí, me di cuenta de que Nathalie quería sacar información sobre las <<razones>>, mi <<postura>> y <<más razones aún más explicitas>> de lo que sentía por su hermano, y el porqué todo eso había terminado tan rápido, sin embargo desistía cuando tras un par de comentarios mi rostro se notaba tenso; no lo hacía a propósito, simplemente sucedía, era como una reacción alergica a sus palabras. 
— Todo pasa por algo. El tomó su decisión.— Declaré, de modo mas débil de lo que me hubiera gustado. 
— Creo que fue una decisión muy errada, algo que tomó en un momento de sordera. 
— Sea como sea, la decisión fue hecha. El está con Alice ahora, ¿No? 
Nathalie tragó gordo, y miró el liquido café humeante dentro de su taza navideña. 
Nos quedamos en un silencio que parecía ser eterno; dio un respiro de resignación, antes de volver a alzar la vista a la par de mis ojos, encontrandose mutuamente otra vez.
— ¿Sabes? Cada año mi familia hace una fiesta de fin de año; tal vez debas ir —me sonrió, y después agregó—. A mi mamá le daría un infarto de felicidad al verme.
Eso quizás era sobrepasar el limite. 
Una cosa era encontrarme accidentalmente con Nicholas para salvarlo de si mismo, o encontrarme con Nathalie después de que su hermano-boca-floja le dijera que yo estaba en Londres, pero otra muy diferente era ir yo misma a la casa de los Bieber; era como entrar a la boca del lobo. Lanzarme yo misma a la hogera no era el modo más inteligente de quemarme. 
— Gracias por la invitación, pero no se si deba. Sería demasiado para mi, yo...
— No irá Justin, por si te lo preguntas —asintió, y sonrió. Ambas nos pusimos de pie, levantandonos de los sillones de su pequeña-pero-espaciosa-sala, y dejando las tazas a un lado—. Llamó a mi madre hace unos días para decirle que no iba a poder venir, así que estarás libre de encontrarte con él en la fiesta.
<<Pero todo será él, en la fiesta>> pensé, y cerré los ojos.
— Yo... — ¿Qué podía decir? Siendo sincera, mi mejor idea para empezar un nuevo año era con un nuevo libro, no doce uvas y una fiesta de gala, pero al menos así aseguraría que Lucy no me llevaría a un inseguro y estúpido lugar donde nos pondría en riesgo, todo para intentar vivir "La vida loca" de los veinte. Rodeé los ojos, y suspiré. — Gracias, pero no. 
Nathalie chasqueó su lengua, y me guiño el ojo.
— Está bien; hay que quedar para vernos y desayunar un día de éstos. Llamame; también tengo curiosidad de conocer a tu amiga.
— Claro. — sonreí un poco más relajada.
Ambas caminamos hacia la puerta, antes de que yo saliera y sintiera que mi corazón volvía a tener un ritmo cardiaco regular. 
Corrí hacia el elevador; tenía que salir lo más rápido de ese edificio. 
Cuando la puerta se abrió, una pareja —que pareció no notarme, ya que no me contestaron la sonrisa de saludo que yo educadamente les había dado— salió del ascensor, y yo entré y presioné el botón de la recepción con fuerza. 
Cuando éste se abrió en el primer piso, sentí respirar otra vez. Salí al instante en que el portero me abría la puerta, y el aire congelado del invierno en Londres, heló cualquier posible sentimiento con intensión de salir por mis poros otra vez.
Respiré tranquila, y miré hacia la calle. 
Los carros pasaban; había sonido de unos claxon por toda la calle y poca gente transitaba por las aceras. Metí mis manos en los bolsillos de mi saco gris, y di un respingo de frio cuando el aire sopló, adentrándose por debajo de mi cabello. 
Me encaminé hacia la derecha de la calle; una limosina pasó junto a mi, y se estacionó a tan solo unos cuantos pasos que yo ya había dejado atrás. 
Seguí mi camino. Escuché el portazo de un coche a mi espalda —quizás la limo— y en ese instante un hombre con un gran —y peludo— perro pasó a mi lado; el perro me ladro, y yo solté un pequeño grito, pero el señor simplemente rió y llamó al perro con un gran "Sweddler". 
Que feo nombre para un perro, pensé.







...





~ Justin Bieber~ 




Apenas nos estacionamos frente al edificio de mi hermana, salí de la limo, seguido directamente de Nicholas. Ni siquiera nos tomamos la molestia de esperar a que el chofer nos abriera la puerta; lo que yo quería era salir corriendo de aquel auto —que aunque fuera limo, las estupideces de Nicholas lo achicaban—, y respirar un poco de aire fresco.
Nicholas cerró la puerta de un portazo, el cual provocó que girara para verlo.
— Eh, tranquilo —me hizo mala cara, y continuó hablando por su teléfono.
Caminé hacia la puerta, donde desde dentro el portero esperaba para abrirla.
Unos ladridos, un grito.
Nada del otro mundo.
Segundos después, el hombre con el gran perro que, supuse, había causado ese ladrido apareció frente a mi.
— Asustaste a esa chica, Sweddler. —Rió el hombre canoso con más bufandas que piel.
Sweddler; que feo nombre para un perro. 
Entré al edificio, y sentí que el frio se desvanecía en mis ropas. 






...






— ¡Sorpresa! 
Por el rostro de Nathalie, verme fuera de su puerta si que era una sorpresa. 
— ¡¿Justin?! —el color practicamente se había ido de sus mejillas.
La abracé, aunque ella se quedó un poco inmovil. Crucé la puerta de su departamento; todo seguía exactamente igual de cuando yo me había ido a Paris con Alice; practicamente el mismo. 
Pensé que Nathalie iba a saltar hacia la cocina para ofrecerme algo de tomar —como siempre hacía—, pero en esa ocasión se quedó sosteniendo la puerta, mirandome con unos ojos que apenas le cabían en el rostro.
El sonido del elevador llegando al piso se escuchó entonces. 
— Justin... pensé que no vendrías a Londres para año nuevo. — habló a duras penas, con un hilo por voz. Yo le sonreí, y chasqueé la lengua.
— ¡No podía estar sin ver a mi hermanita favorita!
Esta bien, tal vez había exagerado un poco.
Pero no exageraba cuando decía que lo que pasaría después me iba a dejar con la sensación de un ancla en el estómago. 
La mirada de Nathalie no dejaba atrás su asombro; parpadeó varias veces. 
— Justin, yo...
— ¡Nathalie! Perdón pero... — Y ahí estaba. Su piel se veía más blanca, quizás por el frío, y sus labios estaban de un rojo carmesí que apenas aguantaban el color. Llevaba un gorro de lana, y su cabello suelto sobre sus hombros, así como un saco gris y guantes del mismo tono.
Todo se detuvo; nunca pensé que fuera posible. Había escuchado decir a la gente que cuando ves algo que cambiará tu vida, el tiempo se detiene, siendo los segundos robados por los latidos de tu corazón, los cuales se multiplican al triple. 
No hablé; no pude. Verla ahí, frente a casa de Nathalie, con la mirada totalmente perdida en mi como yo la tenía en ella era una de las sensaciones más tenebrosas y fantásticas del mundo. Pero si, tenía miedo.... por que sabía que esa chica, la única que había logrado volverme tóxico al amor, estaba ahí, frente a mi. Ni Alice lo había logrado; Alice no me conocía como Ely. 
Y eso lo descubrí cuando nuestros ojos se conectaron, y parecían nunca querer dejar de mirarse. Mi corazón latió rápido... y entonces recordé que Ely era mi pasado. 
Pero quizás yo no quería dejar ese bello pasado atrás. 




Una escritora sin amor.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora