Epílogo

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7 años después. 





Amaba ese momento. Justo ese, cuando la cálida luz del sol se volvía casi anaranjada. Los cultivos se veían más verdes, las motas moradas que se llegaban a visualizar en alguna de esas le daba todo el lugar un toque parisino.
La calma, el sol, la tranquilidad. El cielo comenzaba a teñirse con rayones de nubes rosadas y naranjas, como si Dios hubiera tomado un pincel y creado una linea con el puro movimiento suave de su muñeca. 
El sonido de solo un par de pájaros, y el campo totalmente en paz. El viñedo había resultado ser un escape, un método de relajación, una forma de inspiración. Podía estar horas enteras frente a la ventana, observando el modo en que el suave viento empujaba a las plantas a moverse con sincronía. Sin embargo, sonreí, ahora tenía muchas más cosas por hacer. 
A mi espalda, el sonido de unos casquetes comenzaron cresciendo. Miré sobre mi hombro, y vi una mancha blanca a lo lejos, galopando directo hacia la casa. 
Dejé la sinopsis que me había dedicado a leer aquells tarde sobre la mesa de centro de exterior en la terraza, y observé como el caballo blanco venía acercándose más y más, hasta tener una forma entendible. Mirando hacia la parte trasera de la casa, observé como la alberca en la que había nadado cuando niña seguía teniendo exactamente la misma estructura, y el agua reposaba de manera tranquila, sin perturvaciones. 
Cuando volví a mirar, el caballo comenzaba a trotar más lento. Comenzó a detenerse cuando llegaron a la altura de la alberca, pero a almenos veinte metros de distancia. 
— No te muevas —dijo Justin, antes de comenzar a ladearse para bajar agilmente. Llevaba un pantalón color caqui, y una caseta blanca. Los dos botones superiores estaban abiertos, dejando entrever el inicio de su pecho.
Cuando llegó a tierra firme, estiró sus brazos otra vez hacia la parte posterior de la cabeza de "Uva", el nombre del caballo. Un par de bracitos pequeños se abrazaron a él, y después Justin tenía a Cassandra colgando de su cuello.
La pequeña niña de tres años y medio se veía despeinada. Su cabello rizado y oscuro —que Nicholas presumía, lo había sacado de él— se veía totalmente enrredado, sin embargo, parecía que ella ni siquiera lo notaba: sus ojos color miel brillaban por la emoción que le causaba montar a Uva casi todas las tardes. Ella no era una niña de vestidos: me pedía pantalones o shorts para poder montar a los caballos, en especial, amaba montar al pequeño hijo de Uva, a quien Justin elocuentemente había bautizado como "Pimienta II". 
Thomas, uno de los encargados de cuidar a los caballos, se acercó a Justin, saludándolo. A aquella distancia, tan solo pude distinguir una breve conversación que posiblemente iba desde un "Llevaré a Uva al establo" y Justin terminaba por agradecerle.
Miró hacia la casa, e identifiqué cuando sus ojos se cruzaron con los míos. Sonrió de oreja a oreja, y sin dejar de mirarme señaló a la casa, para que Cassandra me viera. La niña elevó su mano en alto y comenzó a agitarla con emoción, mientras que Justin caminaba con ella en brazos hacia la terraza del primer piso. 
Cuando estuvieron más cerca, Cassy comenzó a querer safarse de sus brazos. Justin la dejó en tierra firme, y ella salió disparada hacia los escalones que rodeaban todo el perímetro de la casa. 
— ¡Mami! ¿Me viste? ¿Viste que rápido iba Uvita? 
Cuando Cassandra llegó por fin a la terraza, se lanzó inmediatamente a mis brazos. La tomé dentro de mi pecho y besé su cabello, despeinado por el viento chocando contra su rostro. 
— ¡Si lo vi! ¡Iban muy rápido! —contesté con la misma emoción que ella. 
Cassy me soltó, y fue directamente hacia adentro, sin ni siquiera mirar hacia nosotros. Me enderecé, encontrandome a Justin frente a mi. Una fina capa de sudor cubría su rostro, pero ya iba limpiandolo con su pañuelo. 
— Tal vez demasiado rápido para mi gusto.
Justin rodó los ojos, y terminó en una sonrisa.
— Iba sujetandola con fuerza, Ely. La tenía abrazada de un brazo y con el otro tomaba a Uva. No soy un padre irresponsable. 
— Ojalá lo hubiera sabido cuando dejaste que Cassy saliera corriendo a los viñedos y terminara perdida entre todo el cultivo. 
— ¡¿Cómo iba a saber yo que tenía que especificar que en el juego del escondite, no se valía esconderse entre los viñedos?! —alzando sus brazos con exasperación, las dejó caer a sus costados—. Aunque, si lo piensas, fue muy lista. No la encontramos por casi una hora. 
Rodeé los ojos, cruzándome de brazos, y Justin solamente se acercó para abrazarme. 
Su perfume corporal resultaba casi embriagador. La combinación de su colonia, el toque de un poco de sudor y su olor normalmente masculino siempre lograban atontarme un poco.
Me separé de su abrazo solo lo suficiente como para tener el espacio necesario para besarlo. Al tacto con sus labios, mi corazón seguía dando un leve brinco, cada vez más acostumbrado y amaestrado: como solía decir mi abuela Nina, "Me hacía sentir una adolescente enamorada otra vez". 
Aún sostenida de él, escuché como la voz parlanchina de Cassy se iba hacercando hacia el exterior. Miré hacia la entrada, recargando mi cabeza en el pecho de Justin, y note como Cassandra hablaba animadamente con Francie, su nana y ama de llaves de la casa, mientras que sostenía con ambas manos su vaso de la cenicienta con popote, tomando lo que parecía ser limonada. Francie salió detrás de ella con una charola que sostenían dos bebidas más en vaso de vidrio.
— Cuando sea grande, Francie, tu y yo nos iremos con mis primos a Nueva Rock. 
— Nueva York, Cassy —la corrigió su nana pacientemente. 
— Eso dije —repuso la pequeña. 
— Igual a su madre...—musitó Justin con humor. Cuando volteé a mirarlo, me miraba con una enorme sonrisa sarcástica en los labios, y yo solamente rodeé los ojos antes de sentarme en uno de los sofás del exterior. 
— ¿Para qué quieres ir a Nueva York, Cassy? 
— Para poder vivir con mis primos y que sea más divertido —contestó ella de manera despreocupada—. También irá Dylan, cuando ya sea grande él. 
— ¿Y quién piensa que le va a dar permiso, srita. Bieber? —Justin se sentó a mi lado, y su brazo rodeó mi espalda. 
— Tú papi. 
Francie dejó las limonadas en la mesa centro, y nos miró. 
— ¿Necesita algo más Sra. Ely? ¿Tiene hambre?
— Estoy perfecta, no necesito nada más. 
Francie me sonrió calidamente. Justin colocó su mano en mi vientre, y Francie se dirigió hacia la entrada de la casa otra vez. 
— Parece que Dylan no será tan antojadiza como Cassandra —dijo ella, y terminó su risa al entrar a la casa. 
Cassy se sentó en uno de los sillones, frente a Justin y yo, mientras tomaba su limonada con aparente empeño. 
— ¿Cuándo nacerá mi hermanito? —preguntó ella, mirandome directamente a mi.
— En unos meses más —le contesté, sintiendo como Justin reposaba su oreja sobre mi vientre no tan abultado aún.
— ¿Y podré jugar con él?
— Tal vez no inmediatamente, pero si. 
— ¿Por qué no?
— Por que tu hermanito nacerá muy pequeño, y para jugar tienes que dejarlo crecer un poco —contestó Justin, y Cassandra miro hacia el suelo con un puchero. Sus pies colgaban de la silla, y ella empezó a moverlos hacia el frente y atrás, como un columpio.
Justin apartó su rostro de mi pequeño vientre, y volvió a sentarse derecho a mi lado. Me miró con una sonrisa en los labios.
— Gracias —dijo él, sin dejar de mirarme. Volvió a juntar nuestros labios de una manera lenta y pausada, casi quitándome el respiro—. Te amo, Ely. 
La eternidad depende únicamente del tiempo que tu quieras darle. Una eternidad puede ser toda una vida, o solo un segundo; puede ser lo que dura el instante en que la luz de un faro de tren alumbra tu rostro, antes de pasar a setenta kilómetros por hora y perderse en el camino oscuro de las vías; puede ser el instante en que sabes que hay algo dentro de ti, y que aunque no lo conoces, ya empiezas a amar.
Yo elegía que mi eternidad fueran aquellos seres con los que me encontraba aquel día. Mirando a los ojos de Justin, pude descubrir mi peor miedo: al final, tal parecía que algunos "para siempre" si existían. 



~ Tres meses después del fallecimiento de Ulises Bartolinni,Lucy conoció durante su clase de Historia Política a Ignazio Coubler, un joven Griego que iba a tomar pasantias extranjeras a la universidad donde ella estudiaba. Salieron durante un año y medio, y faltando solo dos meses para la graduación de Lucy y la partida de Ignazio de vuelta a su tierra natal, ella sale embarazada. Nueve meses después recibieron al par de gemelos, Santiago y Franchesca Coubler, y 6 meses después Lucy e Ignazio se casaron en la ciudad de Nove, Italia. 
~ Nicholas Bieber decidió regresar a Londres, donde siguió con sus tantos negocios, y donde revivió la vieja marca de relojes originales de su familia. La marca se hizo famosa y conocida alrededor del mundo, y Nicholas se volvió un hombre reconocido por su excéntrica vida. Tuvo una hija a la que llamó Wendy, que se volvió el centro de su vida, y quien la mantiene con los pies sobre la tierra. Nunca se casó. El y Lucy terminaron siendo muy buenos amigos.
~ Ronny Lanteige se mudó a la ciudad de Barcelona, España por un par de años, donde conoció a Eder Sintolo, un hombre 5 años mayor que ella. Se casaron al año de conocerse en la capital española, y terminaron mudandose a la ciudad de Nueva York, donde nacieron sus hijos Ayleen, Diego y James. 
~ Nathalie y Bruno continueron residiendo en Londres, donde eran vecinos del hermano de ella, Nicholas. Tras muchos años de intento, descubrieron que Nathalie no podía tener hijos, por lo que decidieron adoptar, primero a un niño llamado George, y casi un año después a una niña de nombre Heylen.

~ Nina Bartolinni falleció cinco años después que su esposo, en la ciudad de Nove, Italia, tras una serie de complicaciones médicas. Fue velada y enterrada en la misma tumba que su esposo, donde se grabó “El amor verdadero existe”. 
~ Jennelle Bieber continuó su vida viajando como fotógrafa profesional. Su pasión por el baile se vio opacada cuando descubrió los poderes de las fotos; ganadora de varios galardones por su sensibilidad artística, pasaba la mayor parte de su tiempo en áfrica, donde le gustaba retratar las crueles verdades de los niños en pobreza extrema. Años después, abrió una fundación para ayudar a familias en esa clase de situación con ayuda de su hermano Nicholas. 
~ Elizabeth Lanteige volvió a la universidad, y Justin Bieberse quedó en Italia para poder terminar de levantar su viñedo. Se veían cada vacación o temporada libre que Justin tuviese, donde él viajaba a Boston por temporadas. Durante la distancia, ambos se comunicaban por medio de videollamadas, correos y hasta cartas. Una vez que Elizabeth se graduó de la universidad, se mudó a Italia al lado de Justin. Tres meses después, Justin le propuso matrimonio, y después de un año se casaron. Años después tuvieron a su primera hija, Cassandra Angeline Bieber, y tres años después a su segundo hijo, Dylan Alexander Bieber. Elizabeth consiguió trabajar en una de las editoriales más famosas de los Estados Unidos, y terminó siendo la presidenta del area creativa, donde era la encargada de recibir sinopsis de libros y decidir cuales serían los que su empresa imprimiría a la venta. Gracias a la facilidad de su empleo, no tuvo que mudarse de Italia, y solo tenía que ir de vez en cuando al nuevo mundo. Al mismo tiempo, el viñedo de Justin comenzó a volverse cada vez más famoso, hasta el grado de entrar entre los 3 vinos más vendidos de toda Italia. Ely y Justin continuaron juntos.

Espero que les haya gustado esta novela, es mi favorita.

Les doy el agradeciemiento de haberla leído.

ESCRITA POR LU 

Una escritora sin amor.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora