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N/A: Para las que no han leído el primer libro de la serie, acá van a encontrar UN MEGA SPOILER. Las historias son indepedientes, pero van muy ligadas, asi que va a su riesgo y criterio. Pero creo que si leen este capítulo sin haber leído el anterior les voy a dañar toda la trama y emoción del Abrazo de un Ángel. TOMAR NOTA.

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El ángel dentro de mí bramó con ira.

Ella. La mujer frente a mí no era Isabel; y lo que ocurría con ella era excepcional, poco común, casi parecido a cuando un ser de luz (de máximo rango, como un arcángel) dominaba una parte de la inconsciencia de un alma pura.

¿La diferencia? El arcángel una vez hecho su cometido renunciaba totalmente a lo que hubiere tomado. En este caso, esa parte de la inconsciencia de Isabel pertenecía al demonio que había fijado sus oscuros ojos sobre ella, esa parte obedecía a la marca sobre su cuerpo.

Mis ojos se encontraron con los de ella. Estaban abiertos, asustadizos.

Estreché mi mirada y ella dio un paso atrás, su rostro expresaba tanto, una mano fue a parar a su frente y sus ojos se movían frenéticos.

-Necesitas descansar -mi tono no era cordial y ella lo percibió. Sin esperar una respuesta de su parte abandoné aquella habitación con rabia contenida.

Cerré de un portazo y avancé por aquel pasillo como un torbellino, bajé las escaleras de la misma manera; pero mi andar apresurado y descoordinado fue disminuyendo. La razón me esperaba al fondo. Clarión.

Él acababa de convertirse en padre. Lo imposible para nosotros había resultado posible para él; pero no fue su recompensa, fue la de Emma, el patriarcado del cual ella procedía debía de ser redimido, y ella era la sucesora por línea de sangre.

Sin duda, Clarión era alguien tocado por lo sagrado; y la envidia se coló con fuerza.

Me sacudí el sentimiento y ofrecí mi mano, él estiro su brazo y su mano tomó mi antebrazo, la mía el suyo, una señal de alianza, de respeto, y de felicitación por lo acontecido, al retirarla le dije:

­-Bienaventurado -era sincero; y él no pudo ocultar la sonrisa.

Era un idiota, el más feliz de ellos.

Me dio un asentimiento con su cabeza y pronunció:

-Hay algo que me preocupa -su sonrisa esfumándose, el hombre arrogante que conocía apareció delante de mí, cuadré mis hombros.

-Dime que es -pedí.

-La mujer -dijo en tono bajo y con reproche.

Mi cuerpo entró en tensión, si él nos denegaba la protección, Isabel estaba en peligro.

-Ella necesita la ayuda del...

-No sé la estoy negando -interrumpió-; pero compréndeme, lo más valioso que tengo está en una de las habitaciones de allá arriba -se llevó su mano al mentón y su actitud se endureció ­-cerca de ella.

Le comprendía; pero Isabel era inocente.

-No correrán peligro...

-Ella es humana, sin ningún conocimiento del mundo espiritual...

-Se lo diré, ella va...

- ¿Lo harás? -interrumpió nuevamente.

Crucé mis brazos sobre mi pecho. No tenía idea de lo que haría; pero no era un cobarde. Isabel iba a enloquecer; pero si no se hacía algo, lo iba hacer por igual.

El beso de un ÁngelDonde viven las historias. Descúbrelo ahora