La luz de la luna se filtraba por las pequeñas aberturas de las amplias cortinas que cubrían la ventana de aquella lúgubre habitación. Una hermosa mujer dormitaba en el lecho, junto a ella yacía un hombre, un ser ruin y perverso, sutil en demostrar lo que dentro de él habitaba.
Mientras ellos dormían, suaves murmullos se escuchaban en una habitación de aquella ostentosa y fría morada.
Cada noche un ser oscuro se posaba en la ventana de una de las habitaciones de aquella casa. Perversas manos tocaban con sigilo el vidrio que los separaba, su canto hipnotizaba el sueño de la pequeña niña.
Isabel Donovan dormía plácidamente; pero su inconsciente la alertó de aquel llamado, al escuchar la voz de su «amigo» decidió corresponderle, aunque a la mañana siguiente ella no recordara lo sucedido.
Un ángel fue enviado más no podía intervenir, no como él deseaba hacerlo, Galiel sabía que sobre esa niña yacía una marca, y aunque contaba con la protección del Creador al enviar a sus huestes para velar por ella, el cuidado del guardián estaba limitado. Ella era la única capaz de decidir el camino a elegir. En su etapa adulta, cuando el raciocinio se hubiera asentado, Isabel definiría su destino.
A su ángel guardián no le quedó de otra que esperar, observar como la pequeña aun con sus ojitos cerrados se levantaba de la cama para obedecer aquél tétrico llamado. El guardián se llenó de impotencia, sus manos se cerraron en puños y su actitud hacia lo que yacía detrás de aquella ventana se volvió hostil.
El demonio observó al ángel y una sonrisa malévola se dibujó en sus labios, la apariencia de ese ser una ilusión, él aparentaba ser un ángel de luz; pero las fosas oscuras que ocupaban sus ojos demostraban su esencia. Lo abominable que en él habitaba.
La pequeña se acercó y abrió la ventana, le sonrió con adoración y cada vez que él la visitaba, ella hablaba. Su voz frágil y pequeña se escuchaba sin restricciones. Con ello, ella era feliz, su inconsciente obedecía a las ordenes dadas por aquél ser oscuro y él manipulaba su alma.
-Hola, Izzie, te había extrañado -la niña sonrió con entusiasmo-, hoy no me quedare por mucho tiempo -continuó el caído mirando en dirección a Galiel, luego se acercó y posó las puntas de sus dedos en los ojos de la niña-. No me gusta tu compañía.
La niña giró su cabeza con malestar, sus facciones demostraban su irritación hacia el ángel y le mostró los dientes evidenciando su enfado. Galiel se tensó ante aquello. El maldito ser le había abierto los ojos espirituales para que pudiera verlo.
-A él no lo conozco -replicó la niña, buscando ganar más tiempo con aquél «amigo».
Ella a través de sus ojos veía a un chico de su edad, alguien que iba a rescatarla de su oscuridad, como los príncipes de aquellos cuentos que su mamá le solía leer. Ella desconocía que era un vil engaño.
-Eres mía, yo vendré por ti, no lo dudes -dijo el caído, su voz y apariencia era la de un niño de nueve años, su aspecto amable. Una falsa ilusión.
En una habitación al final del pasillo. La mujer que descansaba en el lecho se removió incomoda, comenzaba a despertar de un sueño inquietante, veía a su hija ser alejada de su regazo y ella no podía hacer nada para evitarlo. Los murmullos de una conversación terminaron por disipar la nubla del sueño. De manera súbita se sentó sobre el colchón, llevó una mano a su agitado corazón y agudizó sus sentidos, una voz de niña se escuchaba por lo bajo y ante aquello, sus ojos se abrieron con asombro. Tocó al hombre que desparramado dormía a su lado.
-Alfred -lo volvió a mover, está vez con más fuerza- ¡Alfred! -demandó; pero el hombre no se inmutó ante la voz de su mujer.
Aleene Donovan, resopló con frustración, se levantó de su lecho y cortó las distancias, necesitando obtener las respuestas de lo que en su casa acontecía.
Ante tan descarada acción del caído, Galiel perdió el control, su túnica resplandeciente dio paso a una armadura plateada, su espada se iluminó con fuego blanco, purificador, demostrando el poderío del huestes pertenecientes al Creador.
Ante el barullo propiciado por el cambio del guardián la niña se dio la vuelta, y al observar lo que delante de ella había, su pequeño cuerpo dio un respingo, sus ojos se encontraban abiertos y llenos de estupor al ver como aquella espada flameante salía despedida y rozaba su cabeza, se giró con horror para ver como ésta se incrustaba en el pecho de su amigo, desapareciéndolo a su paso.
Ella gritó, gritó con agonía, con miedo.
Aleen apresuró sus pasos, su adorada hadita gritaba, y era un sonido desgarrador, su hija jamás había forzado sonido alguno. La mujer abrió la puerta de la habitación con fuerza, observó como su niña estaba de pie frente a la ventana de su balcón con sus ojos aún cerrados, y de su boca abierta salían incordiantes sonidos.
Su madre no entendía tal reacción, la movió, luego comenzó a sacudir el cuerpo de la pequeña, que pasados unos minutos quedó inerte entre sus brazos, en algún momento había dejado de gritar para comenzar a sollozar aun con sus parpados cerrados y su cuerpo laxo.
Fue una noche oscura para ellas, y ninguna se percató de que estaban siendo observadas. Ojos negros posados en ellas.
El caído iba a reclamar esa alma. Era suya y de nadie más. Antes de marcharse a su habitación el hombre observó al guardián.
Galiel se mostró estoico, sus ojos amatistas refulgían con desprecio; pero su espíritu se agitó cuando comprendió que Asmodeo no estaba sólo, en él habitaba una nueva semilla.
«Imposible» -pensó el guardián dentro de sí.
El vil hombre que le servía de títere al demonio de la perversidad, sonrió, alejándose del sitio, dejando con rostro demudado al guardián de las huestes celestes.
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El beso de un Ángel
ParanormalUn encuentro inesperado marcara sus almas... Labios cálidos, imperiosos, soplando vida. Se deberán tomar las decisiones correctas. Se ha puesto un camino frente a ellos. Vida o muerte. Luz u oscuridad. Tendrán que elegir. La dec...