Un ángel de la guarda despachaba
la buena nueva en portada a las gentes,
que embriagadas llevaban sus presentes
ante el hijo del dios que germinaba.
El refugio en posadas que buscaba
encalló en unas cuadras indecentes
y entre mansos y acémilas calientes
vislumbró su futuro de almadraba.
Hubo monarcas que hicieron estragos,
hégiras, cruces y dogmas del Bien,
pero antes tuvo que saldar sus pagos
pidiendo en los portales de Belén
créditos blandos a los Reyes Magos
y vendiendo pasajes al Edén.
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