32.

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El sonido insistente de mi móvil hizo removerme en la cama. Estiré mi brazo, buscando mi móvil, pero lo único que toqué fue un culo.

- En tu bolsillo –escuché decir.

Saqué mi mano de ese culo y la llevé a mi bolsillo, sacando así el móvil. Deslicé mi dedo sobre el color rojo, sin tener ganas de hablar con nadie. Tiré el móvil a mi lado, y me incorporé lentamente. Sin abrir los ojos todavía, me masajeé tanto la frente como la parte posterior de mi cabeza.

- ¿Por qué narices me duele tanto? –pregunté entreabriendo los ojos.

- Te diste varios golpes anoche –dijo Harry girando su cara para mirarme.

- Oh, entonces tiene sentido –asentí, mientras Harry volvía a apoyar su cabeza en la almohada-. Ayer saliste del armario –solté riendo.

- Por favor, tan fuerte no –se quejó mientras se tapaba los oídos.

- Ayer saliste del armario –susurré.

- Y tú ayer querías besarme –dejé de reírme y le miré, seria-. Ya no te ríes, ¿eh?

- Iba borracha –dije mientras salía de la cama-. ¿No nos pusimos el pijama?

- Fue llegar a casa y estirarnos en la cama. Daba igual como. Y tú no querías dormir sola.

- ¿Por qué?

- No sé qué de filosofar sobre una vida mísera familiar.

Entonces lo recordé todo. Me froté la frente y suspiré. Sin decir nada, fui directa a la puerta.

- Hey, ¿estás bien? –preguntó Harry antes de que saliera de la habitación.

- Perfectamente.

[...]

- ¿Os tenéis que ir ya? –esta era la tercera vez que Lauren nos lo preguntaba.

Harry guardó la última maleta y cerró el maletero. Miró a su madre, y sonrió.

- Sí, mamá –dijo acercándose a ella.

- Pero es tarde ahora, ¿por qué no salís mejor mañana por la mañana?

- Lauren, por favor –murmuró Jacob, y yo reí.

- Mamá, nos tenemos que ir ya. Llevamos una semana aquí.

- O más –añadí con una sonrisa.

- Y tenemos clase.

- Está bien, está bien –dijo moviendo las manos y abriendo los brazos-. Pero prométeme que vendréis pronto a vernos.

- Te lo prometo –dijo Harry abrazando a su madre.

Yo me acerqué a Jacob, para despedirme de él, y luego me acerqué a Lauren.

- Cuídate mucho, querida. Y cuídale a él también –me susurró.

Me separé de ella, y le asentí con una sonrisa. Miré a Harry, el cual iba directo al asiento del piloto.

- ¿Conduces tú o conduzco yo?

- ¿Sabes salir de aquí? –yo negué con la cabeza-. Entonces conduzco yo. No quiero oír cómo te peleas con el GPS.

- Oye –dije abriendo la puerta del copiloto-, que el GPS sea una mierda, no es mi culpa.

[...]

Cooper [h.s au]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora