Capítulo 2.

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 A medida que me iba despertando los sentidos se activaban. Primero el oído: escuchaba pasos fuertes y hojas de árboles crujir. Luego el olfato: olor a transpiración emanaba de mi cuerpo, y el de uno ajeno. Me agité, en modo de alerta, ya que me di cuenta que me habían alzado.

-Eh, shh.-dijo la persona que me sostenía.-Ya casi llegamos.-Sus brazos se acomodaron alrededor de mi cuerpo. Entonces, volvió la vista: la luz del sol se colaba entre las hojas de los árboles del bosque. Podía ver pedacitos de cielo entre el follaje, el cual era de color miel. Moví mi vista hacia la persona que me llevaba: su pelo color caoba oscuro se notaba obviamente sucio y estaba corto, aunque algunos mechones rebeldes asomaban en su frente y se pegaban a su piel sudorosa. La barba ya crecida que se notaba en su cara debía tener un par de días, la cual hacía que adopte una apariencia más ruda aún. Parpadeé y levanté la cabeza para ver bien dónde estábamos. Tuve que esforzar bastante el cuello y me comenzó a doler.-Recuesta la cabeza.-dijo y movió su barbilla mientras daba la órden.

-¿Cómo te llamas?-pregunté con poco aliento. Era una pregunta fuera de lugar, sin lógica, pero se me antojaba saber la respuesta. La herida cada vez dolía más y comencé a dudar si iba a sobrevivir. La cabeza me colgaba en su brazo fornido y me tambaleaba levemente por su paso.

Unos instantes permaneció callado y frunció los labios. Parecía que se estaba discutiendo a sí mismo si decirme su nombre o no. Finalmente, después de la larga pausa, habló:

-Daryl.-cantó su voz ronca mientras él miraba el horizonte. Al siguiente instante, volví a perder el conocimiento.

***

Empecé a escuchar murmullos, aún entre sueño y realidad. Me sentía mareada, como si estuviera muy ebria o sedada. Mis ojos estaban cerrados y tenía un dolor punzante en la cabeza y en mi torso.

Entonces, recordé.

Comencé a escuchar una charla entre dos voces, imposible de entender. Había olor a... plástico. Me recordó a los juguetes inflables que habían en la piscina de la casa de mi infancia, y a las carpas con las que íbamos de campamento los fines de semana con mi padre. Solíamos pescar a las tardes, y para las ocho de la noche estábamos cocinando lo pescado en una hoguera; era la mejor comida existente. Mucho mejor que cualquier platillo de siete estrellas, ya que tenía aquel gusto a ahumado tan delicioso y ese orgullo que impregnaba al pescado al haberlo hecho yo misma. A pesar de los hermosos recuerdos que brotaban de mi mente, aquel olor empeoraba muchísimo el dolor de cabeza.

El calor dentro de aquel lugar era abrasador, sofocante. Habían mosquitos en el aire; los noté por su zumbido característico.

-La flecha no alcanzó ningún órgano vital, pero ha perdido sangre. No la suficiente como para una transfusión, pero se sentirá débil. Deberá hacer reposo tres días y luego hay que observar su evolución.- dijo una voz de mujer.-También, el día que le saque los puntos, me tendré que quedar la noche por precaución.

-¿Eso significa que estoy libre de culpas?- dijo una segunda voz que reconocí.

Daryl.

La mujer rió y escuché el roce de una mano a una tela. Supongo que le habrá acariciado el hombro de forma reconfortante.-Eso creo.- dijo-Vayámonos así puede descansar. ¿Te aviso cuando tenga que cambiarle el vendaje o sacarle los puntos?-preguntó.

-No, no es necesario. Además, iré de caza. Si tengo suerte, la noche de mañana comeremos algún ciervo.-dijo Daryl y escuché cómo se abría un cierre y salía fuera. Estaba dentro de una carpa.

-Niño, ven tú también.-dijo la mujer de forma cariñosa y escuché cómo un cuerpo se movía cerca mío.-Hay que irse.

-¿Puedo quedarme a vigilarla? No le haré daño.-sonó una vocecita, de un niño de unos 8 años, supuse.

Apocalipsis Zombie.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora