32. Un cielo lleno de estrellas.

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Capítulo treinta y dos.



Espere ansiosa a su llegada, cruzaba mis piernas y las apretaba demasiado, no sentí frío en ningun momento, quizás la adrenalina me consume tanto que no me deja ni pensar claro. Mi vestido rojo relucia en la noche, resalta perfectamente mi color de piel y sin faltar el color de mis ojos, unos rulos caen a las puntas de mi cabello, un chal me acompañaba negro para poderme esconder del frío que no veía venir.

-Estas hermosa.-Dijo el, me recorrió con sus enormes brazos fuertes y beso la coronilla de mi cabello.-Pense que ese vestido era para el fin de semana.

-Igual yo.-Reímos un rato, luego nos quedamos contemplandonos en silenció, la verdad no tengo ni idea de que piense hacer a casi media noche. 

-Damon...-le llame trayendolo de nuevo al mundo real, el tan solo sonrió y me abrió la puerta, bajamos sin hacer tanto ruido, cosa que el lo consiguio más fácil que yo, pues me toco quitarme mis zapatos alto de punta aguja para no hacer más ruidos de los que hago con mi torpeza natural.

Al salir, recorrí con la mirada su coche, el viento me azotaba pero aún así no sentía nada, inmune. Damon abrió la puerta del copiloto, me ayudo a ingresar y luego entro el para embarcarnos directo a un camino que no reconocía, mucho menos de noche.

-Primero unos aperitivos antes de la velada.-Fue lo único que dijo en el camino, yo tan solo lo mire y le sonrei, al llegar me ayudo a bajar y entramos a un lugar pintoresco pero a la vez en zona de bar.

-Regalame un vermut.-Le mire con los ojos abiertos, no tengo ni idea de que es eso y algo me dice que puede embriagarme y eso es lo que menos quiero. El me lo ofrece y tiene otro en su mano derecha.

-A la de tres.-Empieza a contar el.

-Damon no...-ladeo la cabeza.

-Confía en mi.-sus palabras me dejan aturdida, no digo nada mas para no dañar lo que sus labios acaban de pronunciar, al finalizar la cuenta los dos nos mandamos las copas juntos, baja de un tiron por mi garganta, un acido recorre todo mi sistema nervioso dandome a despertar, mis sentidos los tengo alerta y me siento...Viva.

-¡Esto es genial!-grito  eufórica. Damon me mira con un brillo en sus ojos, no colocó atención, tan solo quiero tomarme otro.

-Tal vez otro día, pero ya no mas por esta noche Elena.-dice el leyendome la mente, rio nerviosa, este trago fue espectacularmente vividor.

Salimos de ahí para conducirnos a otro lugar, donde tiene mesas por fuera del negocio, sigo sin sentir el frío por mi espalda, llego a pensar que hice mal en traerme ese chal conmigo. Nos sentamos y empezamos a hablar de tonterías mientras llegan nuestros pedidos.

-Dos gaspachos de tomate verde.-Dice la señorita mientras deja las bebidas en la mesita negra metálica, Damon me pasa un vaso y el toma el suyo. Empezamos a beberlo mientras conversamos animadamente, éste no tiene por que ser fondo blanco.

-Y dime, ¿qué se siente ser demonio?-termino lo último casi susurrandolo, sabiendo que el aun así lo escuchaba.

-Es diferente, a todo lo que conoces o llegas a conocer en tu vida humana, se siente la libertad, el ego se te sube a la cabeza, sabes que tienes el poder de todo y aun así existen reglas, pero demasiado diferentes a las que has tenido que acoplarte en tu vida humana, así que en parte es como si te dieran libertad.

-Así que técnicamente estás en tu libertad unos setenta o ochenta años, lo que vive una persona.-Intento comprender lo que me dice, el sonríe. He acertado.

Wildest Dreams [Delena]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora