40. Primer dia de instituto -Segunda parte.

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Capítulo cuarenta.


Narra Elena.

-¿Y entonces, que se siente ser inmortal? -le pregunte para llenar el inmenso silencio incomodo que había entre los dos.

-Elena, de verdad se siente...Poderoso, hábil, ser fuerte y tolerar muchas cosas que no puedes siendo simple humano por mas fuerte que te hagas. Es el poder liderar entre alguien mas, dominarlo, acecharlo. -Decía mientras sus ojos se posaban en el cielo.

-Vaya.-fue lo único que salió  de mi boca. 

-Sabes, siempre vas a ser el malo de la historia de alguien más. Puede que Damon te haya dicho miles de estupideces, pero a la final yo se quien soy y a quien he causado daño. Da igual si me quieres ver como el malo.-me miro  cuestionandome.-Porque ya me acostumbre a serlo. -Me sonroje sin saber el porque, al parecer miro de otra forma a Zac, puede que tenga razón... Mmm, si puede. Aún no estoy muy segura. 

-Adios Elena, gracias por permitirme estos quince minutos. -Se levantó y me ayudo. Beso mi mano y me ruborice más, sin decir algo  comprendio y se fue caminando por todo el campus. 

-Santo Dios...-susurre. Mi celular vibro, ¡la alarma para la siguiente clase! Tome mi morral de prisa y salí disparada para calculo. 

***

Mientras tiraba a la cama mi morral y miraba mis trabajos, sentí un frío recorrer mi nuca. No quise voltear a mirar porque sabía a quien me iba a encontrar con los brazos cruzados mirandome con esa mirada tan fría que aveces le caracteriza.

-Deberías.-Dijo con su voz ronca respondiendo lo que mi mente pensaba.

Me voltee y le observe cruzado de brazos con los labios fruncidos y sus ojos intensos de la desesperación.

-No entiendo porque estas enojado.-intente evadir el tema. -Hice caso a tus mensajes si es lo que dudas.

-Oh, claro que sí lo sabes.-se acerco y quedamos a pocos centimetros de distancia. -¿Zac? ¡Enserio!. -Dijo con la mirada dolida y llena de odio. -Te dejo a solas un rato y ya viene el creyendose con absurdo derecho a poder estar contigo... y lo peor, ¡tu le dejas!. -grito.

-Shhh, calla. Mi abuela. -intente manejar la situación como una niña de diez años.

-¡Tu abuela en estos momentos me vale madres! Esto es entre tu y yo Elena. -se rasco la cabeza estresado y se sento en la cama mientras se relajaba, creo.

-Oye, el tan solo se sento y ya. No hicimos nada malo a demas el tampoco me hizo daño. Cumplió sus quince minutos como dijo y se fue. Nada más paso, no te enojes Damon. -me acerque a el y le tome la cara con mis manos. Sus Ojos azules llameaban de ira. Aunque, su fueron ablandando.

-¿No entiendes que no quiero que nada te pase? -pregunto irritado. -Eres mía y por consecuente nadie más debería estar contigo. Así mismo el tal Matt, yo vi sus intenciones y me falto un pelo para aparecer y ponerlo en su lugar. -Rayos, Matt. Se me había olvidado.

-Lo siento...-me senté al lado de él. Baje la cabeza y entrelase mis manos. 

El me abrazo por los hombros y mi cuerpo se tenso. Su piel estaba fría, y al contacto con la mía me daba un choque eléctrico.

-Entiende que eres solo mía... y si quiero mató a cualquier persona que tan solo te mire.

-No es la mejor forma de solucionar las cosas Damon.

-Para mi lo es. -me callo dandome un fuerte beso. Paso su lengua sin permiso por mi boca y jugo con la mía. Sus ojos me observaban con furia y deseo. Me jala la blusa soltandole los botones bruscamente y suelta mi sosten. Aprisiona mis pechos haciendome jadear y su boca se estampa  frente a ellos.

-Ah. -jadeo. Él  mando una mano a mi boca haciendome la señal de silencio.

-Estas portandote muy mal. -dice sexy y se levanta para poder mirarme a los ojos. Mis pezones ya estaba urgidos y duros. Me quito el pantalon hábilmente y así mismo mis bragas. Lame mi vientre y mi sexo sin compasión.

-¡Damon! -sigo jadeando. Esto es tan... delicioso, como frustrante.

- Elena, Más te vale que pienses  en lo que hiciste. -volvió a lamer mi sexo, cerre los ojos disfrutando al máximo de esto cuando sentí que paro. Al momento de abrir los ojos me embistió rapidamente con su erección  haciendome gritar.

-Shhh.. -Me susurró. -Tu abuela. -Hablo jugando con lo cual yo lo había frenado hace un rato.

-Mi abuela... mi abuela, ahora si mi abuela. -gimo con cada embestida.

Besa mi boca y cada parte de mi cuerpo, me partí en dos llegando a mi orgasmo seguido de él, jadeando y respirando bastante fuerte.

Se recosto a mi lado en la cama y me abrazo fuerte.

-Mía. -Repitió.

-Sí. -fue lo único que conseguí decir mientras me quedaba dormida.

Editado/Marzo 19/2018

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