XI-. Siempre estaré para ti.

25 1 1
                                        

Maldito Alec, ¿siempre tiene que arruinar los momentos más intrigantes de estas semanas? 

—¡¿Qué?!  —miro a Emilio y él toma discretamente mi mano.

—¿qué haces aquí? ¿sabes...?  Por un momento pensé y dije “Oh, Sam dijo que vendría a mi casa” y jamás fuiste. —su cara muestra enojo.

—tú mismo me lo negaste, no entiendo por qué reaccionas así. —apreto la mano de Emilio, si Alec sigue así, en verdad me enojaré.

—bueno, como tú dijiste... Necesitas hablar conmigo, así que hagámoslo. —se sienta a mi lado.

—ahora no.

—bueno pues dijiste urgentemente. —mira a Emilio, ¿qué se trae con él?

—sí, pero por si no te has dado cuenta estoy hablando con Emilio. —ruedo los ojos.

—¿por qué todo tuvo que cambiar desde que él llegó? —parece frustrado, casi gritando.

—¿a qué te refieres con todo?  Más bien tú eres el que cambió y de una manera muy rara, te alejas de mí cuando te pregunto algo. —él presta atención mientras que Emi me sostiene del hombro. Todos tienen la atención en nosotros. —Alec no sé a qué te refieres, si en verdad crees que todo cambió fue por tu maldita culpa. —me paro y camino a mi casa, no quiero enfadarme y menos en público.

—Sam... —alguien grita detrás de mí, pero me vale un carajo quien sea. —¡Samantha Colins!

—¿Qué carajo quieres? —volteo y casi choco con la cara de Emilio.

—disculpalo, él no comprende bien... Aparte todos pelean. —sonríe. —Alec se vió muy triste cuando te marchaste. —frunce su labio.

—querrás decir enfadado. —rio y él igual.

—pero igual yo soy tu amigo...  Así que imagina que soy Alec.

—tú eres mejor, no que Alec es muy tedioso. —él me abraza, lo cual me sorprendió pero lo acepté.

—¿Qué hora es?  —sonrío.

—las seis en punto. —mira su reloj, es tan hermoso hasta cuando mira la hora.

—voy a casa no he hecho tarea. —ruedo los ojos.

—¿recuerdas que somos vecinos? —pone una mano en su frente.

—oh sí, claro. —él me mira y empieza a reír tanto como si le diera un ataque de risa.

—bien, porque eso pensé. —ríe.

                   «⏰»

Hoy fue una mañana muy rápida y ansiosa, ya que estaba decidida a hablar con Alec, y aclarar las discuciones... Como lo he dicho nadie se enoja con Alec, ni lo odian, y menos yo. Es ilógico.
Así que camino a su casa para empezar a aclarar las cosas básicas, como su actitud.

Toco el timbre y...

—¡Hola...! —no es Alec, sino su mamá. —señora Azul, mamá de Alec.

—Hola Sam, ¿a que debo tu...?

—¿y Alec? —miro a sus alrededores.

—oh, sí... Alec. —sonríe. —se fue temprano, me dijo que tú no ibas a ir al instituto. —yo frunzo mi ceño. ¿por qué lo diría?  ¿en serio está muy enojado?

—oh, sí... Pero ya me decidí y sí voy a ir, sólo que se me pasó avisarle. —me siento mal. —bueno, gracias señora, nos vemos.

—hasta luego Sam. —se despide con la mano y cierra la puerta.

Para Siempre.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora