Rasgos ajenos

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Severus colocó un cabello en cada una de las botellas que había preparado. Mulciber, Antonin, Avery, Barty, Morana y Luccia observaron expectantes como la poción de tornaba burbujeante.

- Tenemos suficiente poción para un par de horas - dijo Severus repartiendo las botellas.

- Déjame a Arcium - dijo Antonin con una sonrisa observando la suya- Tengo un par de cosas en mente para él.

Todos bebieron la poción a la vez, haciendo gestos raros por el sabor. En cuestión de segundos cada uno de ellos poseía un físico completamente diferente. Morana se acercó a uno de los espejos viejos que colgaban en la pared. Sus ojos se agrandaron al igual que una sonrisa se formó en sus labios al observar su reflejo. Sus cabellos ondeados se hallaban lacios, y su rostro poseía un notable cambio. Palpó sus mejillas, haciendo algunos gestos para verificar que fuese ella.

- Vaya, esto es increíble - susurró ella girándose hacia sus amigos.

Cada uno lucía irreconocible. Antonin con el cuerpo de Andrew y Avery con el cuerpo de Chris, se reían señalándose. Barty tocaba su cabello alborotado y rubio, perteneciente al cuerpo de Michael Niederer, un muchacho bastante delgado y alto. Únicamente Luccia, ahora pelirroja por el cuerpo de Artemisa, y Severus, de tez morena y cabello oscuro con el físico de Thomas Hader, andaban serios por razones posiblemente parecidas.

Mulciber aclaró su garganta, haciendo que las risas pararan.

- Vaya, te tocó el loco Lovegood - dijo Antonin burlándose.

- No debemos perder el tiempo en bromas. Metanse a un cubículo y cámbiense ahora - ordenó.

Ninguno de los presentes demoró en vestirse. Salieron casi corriendo de los cubículos para luego reunirse alrededor del caldero. Snape repartió las dosis que faltaban y juntos se encaminaron hacia la biblioteca.


[...]

Manejar un cuerpo ajeno era ciertamente complicado e incómodo. Aún así, ningún fastidio era comparado a la satisfacción que tenían por estar logrando lo que habían esperado por semanas.

Morana, ahora Aglaia, fue la primera en ingresar a la biblioteca. Su mirada paseó por el lugar, hasta toparse con la figura de una mujer notablemente alta y horriblemente delgada. Su rostro podía confundirse fácilmente con el de un gato, pues sus ojos rasgados y enigmáticos encerraban más de un secreto, al igual que sus mejillas pegadas a sus huesos, la hacían parecer escalofriante. A Morana siempre le había parecido divertida, pues con solo dar una mirada, podía dejar helado a cualquiera.

Se acercó a paso lento hasta el escritorio de la mujer. Está levantó la mirada lentamente. Su rostro cansado hizo una mueca, dando a notar que la estaba esperando, como siempre.

-Señorita Foritt - susurró en voz baja, observando a Morana directamente a los ojos, de forma aburrida.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Morana. Por un segundo creyó que estaba hablando directamente con su verdadera apariencia. Los ojos de la mujer pasearon su mirada por el rostro de la chica, esperando respuesta alguna.

-Arcium, Raygrich, Madorn, Lovegood, Niederer, Harden y yo deseamos ingresar a la sección prohibida para investigar sobre ciertos... puntos necesarios para nuestra clase de Defensa contra las Artes Oscuras.

La mujer observó con fastidio a los muchachos, para luego detenerse en Avery. Sus respiraciones apenas podían sentirse. Aunque no lo revelaran, estaban nerviosos.

- Madorn, si vuelves a hacer ruido como la otra vez, hablaré con Dumbledore para que te prohiba la entrada a la Biblioteca. - habló la mujer, observando directamente a Avery.

Dílseacht ForittHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora