2- Quiero ser amada

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Chelsea, sin embargo, estaba haciendo reflexiones parecidas, al menos a juzgar por lo que le había escrito a Laura.

Calypso, Estepona, España

Querida Laura:

Estoy sentada en el balcón y rezo para que mi madre no me encuentre. ¡No te puedes imaginar qué día he tenido! No había sentido tanta vergüenza en toda mi vida.
Esta mañana, mientras estaba jugando a balonvolea con unos chicos que conocí en la discoteca del hotel y que no están nada mal, ha llegado a la playa una señora seguida de un tipo con una cámara y otro con uno de esos micrófonos que utilizan a veces los de la tele. Estaban grabando un programa sobre las vacaciones, y ¿a quién han empezado a entrevistar? ¡A mi madre! Evidentemente, como muy bien podrás imaginar, ella estaba contentísima de que le dedicaran tanta atención. Parecía Liz Hurley, la novia de Hugh Grant. La han filmado intentando subirse a la tabla de surf, cayéndose, soltando grititos de alegría..., en resumen, servicio completo. Ha sido espantoso. Luego han dicho que querían una escena en la que saliera practicando surf sobre las olas. ¡El problema era que es incapaz! Seguía cayéndose, así que no han tenido más remedio que renunciar. Suficiente para hacerle cerrar la boca, pensaría uno. Pues no. <<Venid, os presentaré a mi hija>>,se le ocurre decir. La habría matado. Justo en el momento en que las cosas con Juan, un chico guapísimo, estaban poniéndose interesantes, llega ella y me arrastra hasta el bar para que me filmen a mí también. Hemos estado allí horas, de pie, comiendo sardinas y explicando por qué pensábamos que el Club Calypso es un lugar idílico para pasar las vacaciones.
¡No puedes hacerte una idea de lo hipócrita que es mi madre! <<¡Oh, aquí hay tantos entretenimientos para Chelsea! -ha dicho, deshaciéndose en carantoñas y sonrisas delate de la cámara-. Entre el Teenager Club (no he participado ni una sola vez en sus estúpidas actividades), el torneo de dardos (sólo juego cuando ella me amenaza con no dejarme ir a la dicoteca si no complazco a papá), ¡y toda esta sana juventud alrededor!>> (Y luego, cuando le digo que voy a ir al mercadillo en moto con Juan, se pone en plan madre severa y empieza a hablar de drogas y violencia sexual.)
Juan es realmente increíble: está superbronceado, tiene el pelo negrísimo y dice que soy la chica más guapa que ha visto jamás. ¡Débe de tener buen gusto! Si ponen ese programa en televisión, me moriré de vergüenza. Ya es bastante trágico oír a mi madre todos los fines de semana en la radio..., ¡imagínate en un canal televisivo nacional! Más vale no pensarlo. Quizá pueda oponerme a que lo transmitan por violación de la intimidad; valdría la pena intentarlo.

Espero que te hayas divertido en Francia y que hayas puesto en su sitio a la Estúpida Betsy de una vez por todas. Ya me lo contarás todo cuando vuelva. Besos,

Chelsea

Laura, sentada encima de un montón de ropa de cama sucia, dejó la carta de Chelsea riendo a carcajadas. Se la imaginaba enfadadísima por las excentricidades de su madre, aunque no entendía muy bien por qué se lo tomaba tan a pecho. A Laura, la señora Gee le parecía una mujer divertida, totalmente distinta de una madre tradicional.

Sería una gozada verla en la tele. Siempre hacía cosas rarísimas, y no parecía preocuparle si Chelsea tomaba bastantes vitaminas o si una mujer con su tipo podía ponerse pantalones cortos de color naranja brillante.  << Probablemente es así porque es periodista y escribe en las páginas dedicadas a dar consejos femeninos -pensó Laura-. Al final, una deja de pensar en lo que dirá la gente y simplemente hace lo que le viene en gana.>>

En realidad, a casi todos los padres les traían sin cuidado los demás. A los suyos, desde luego que sí. A su madre, por ejemplo, debía importarle un bledo su reputación, puesto que se paseaba tranquilamente por ahí con Melvyn, el plasta que había escogido por novio, y su padre no demostraba la más mínima señal de arrepentimiento por haberse ido a vivir con la Estúpida Betsy y sus histéricos hijos.

Laura suspiró. Había creído que, con el tiempo, su madre acabaría por entrar en razón y le pediría a su padre que volviera a casa. Y, naturalmente, había dado por supuesto que su padre estaba deseándolo. Pero las cosas no habían ido así. Su madre seguía locamente enamorada del plasta y no se había sentido en absoluto molesta porque Laura se hubiese ido de cámping a Francia con su padre y la Estúpida Betsy, que no se separaban ni un segundo. Un panorama que revolvía el estómago.

De una puntapié, metió una aleta de goma debajo de la cama. La vida era injusta. De todas formas, el problema no eran ni mucho menos los alelados de sus padres y sus insulsas historias de amor..., ¡era ella quien necesitaba una vida sentimental! Había llegado al punto crucial de su novela (la que estaba escribiendo desde hacía meses y que un día la haría famosa), cuando el héroe seduce a la heroína detrás del invernadero, en el jardín del castillo, pero, como a ella nunca la habían seducido, temía que pudieran escapársele algunos detalles. Lo que necesitaba era experiencia directa. Jon Joseph le gustaba a rabiar, pero desde luego no podía decirse que él hubiera hecho unos esfuerzos sobrehumanos para estar con ella. Quizá Sumitha tenía razón: a Jon le superaba la pasión hasta tal extremo que era incapaz de enfrentarse a sus propias emociones. Quizá si fuera a casa de Gemma lo vería; después de todo, vivía en la casa de al lado.

Consolándose con la idea de un feliz encuentro con su amado, Laura envió de una patada la ropa sucia a un rincón y empezó a pintarse las uñas de los pies.

¿POR QUÉ ME SALE TODO MAL?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora