Laura se pasó todo el trayecto mirando por la ventanilla sin decir una palabra, cosa que no pasó inadvertida, puesto qué, por lo general, cuando estaba ella era prácticamente imposible pronunciar una sola sílaba. Y la madre de Chelsea también estaba extrañamente taciturna. <<Es rarísimo, pero para todo hay una primera vez>>, pensó Chelsea.
En realidad, en aquel momento la señora Gee se estaba preguntando qué tramaba su marido. Había salido de casa a las ocho y media de la mañana y, al preguntarle ella adónde iba, se había llevado un dedo a los labios y había respondido: <<Quien no habla no miente>>, y se había largado.
Pero aún no había vuelto.
Ginny esperaba ardientemente que se tratase de una entrevista de trabajo. Pero la verdad es que parecía muy improbable, ya que era sábado.
-Estoy impaciente por conocer a ese tal Bilu -dijo Chelsea rompiendo el silencio y preguntándose qué le pasaría a su amiga. Estaba convencida de que Laura no cabría en sí de contento ante la idea de ver a Jon.
-Hummm... -masculló Laura-. <<Se pasará la noche llorando y el día vomitando>>, pensó.
-¿Vendrá Rob? -le preguntó Gemma a Chelsea.
-Sí -contestó ella con aire soñador-. Ya te he dicho que va a venir con...
-Bueno, chicas -la interrumpió su madre, acercando el coche a la acera, delante de Stomping Ground-, pasaré a buscaros a las once en punto. No me hagáis esperar.
Durante esos primeros minutos embarazosos, cuando una chica quiere aparentar que está con un chico aunque no sea verdad, Gemma y Chelsea se sentaron a una mesa situada en un rincón y pidieron unas pepsis. Laura tenía una mirada cada vez más sombría y sorbía distraídamente con la pajita, imaginando muertes lentas y dolorosas para Melvyn.
Justo en el momento en que lo estaba viendo caer dentro de un tonel lleno de agua y ahogarse, llegó Rob. Chelsea lo vio de pie junto a la puerta; se había jurado a sí misma que se jugaría el todo por el todo. Se dirigió hacia él como una exhalación, le estampó un beso en los labios y le espetó un <<Hola, cariño>> a modo de recibimiento. El rostro de Rob adquirió una interesante tonalidad rojiza y, a continuación, su mirada recorrió ansiosamente la sala.
-Ven, estamos sentadas allí, al fondo -dijo Chelsea cogiéndose del brazo de Rob y conduciéndolo hacia el otro extremo de la sala.
De Jon no había ni rastro, pero Chelsea le pareció más prudente no decir nada. Laura estaba ya de bastante mal humor y era preferible no empeorar las cosas.
Las macabras reflexiones de Laura sobre las ventajas que podía presentar una muerte por envenenamiento con respecto a una por descarga eléctrica se vieron súbitamente interrumpidas por la llegada de Sumitha y Bilu.
-Hola a todos, éste es Bilu -dijo Sumitha en un tono rebosante de orgullo.
-Hola, chicos -dijo Bilu, dirigiendo a los presentes con una deslumbrante sonrisa-. ¿Qué tal?
-Hola -respondieron los otros a coro.
Bilu era alto y delgado, y llevaba unos tejanos de la talla perfecta que desde luego no habían salido de unos grandes almacenes. Su cabello negro se ondulaba a la altura de la nuca, mientras que su sonrisa mostraba una dentadura blanquísima. La postura aparentemente casual en la que permanecía, con la espalda apoyada en la pared y los brazos cruzados, hacía intuir que el muchacho sabía perfectamente que era dinamita pura.
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¿POR QUÉ ME SALE TODO MAL?
JugendliteraturLas cuatro protagonistas de "¡Mamá, no me montes escenas!" siguen enfrentándose a las catástrofes provocadas por sus desastrosos padres, y es que todo lo malo siempre es susceptible de empeorar. Así, Laura se encuentra con una madre embarazada de s...