Capítulo 4: "ESFUERZO INEXPLICABLE"

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— Deja de llorar, es sólo una bolsa de hielo— Sin cariño, colocó la abultada bolsita en la mejilla del americano.

— Cállate — Refunfuñó sin ganas. Por la respuesta, Arthur aumentó la presión contra la mejilla, siendo indiferente a los grititos de dolor que proliferaba el chico.

— ¿Cállate? ¿Quién te crees para responderme así? ¡Cállate tú! —Desde la puerta de la cocina, Matthew observaba el espectáculo — Ahora, acomoda mejor el pedazo de carne o se te hinchará más el ojo.

Sus ojos sombríos estaban fijos en los moretones nuevos de Alfred. Tras esperar por más de media hora en la salida a su hermano, decidió irse al departamento. Un tiempo después, y ya resignado a que Alfred no aparecería hasta la noche,  sintió unos golpes en la puerta. Vaya sorpresa fue  encontrar a Alfred y al chico recién conocido, Arthur, parados frente a él.

El rubio más bajo traía el labio partido, emanando un pequeño río de sangre fresca y el más alto daba a conocer al mundo un moretón de color azul en su pómulo izquierdo y el uniforme manchado de sangre.

Maldecía el don inexplicable de Alfred para buscarse pelea a cada momento. Y lo maldecía más, cuando era capaz de arrastrar a otros de por medio.

Estaban en la sala de estar de aquel pequeño departamento.

— ¿Alguien me puede explicar ahora qué es lo que ha sucedido? — Su voz era angustiada.

Los aludidos lo miraron en silencio unos momentos, siendo el menor quien se decidió a romperlo.

— Estaba caminando cuando un imbécil con su manga de idiotas me atacó— Corto y preciso. Siempre yendo a dirección que le conviniera. Matthew ya sabía el tipo de sus respuestas de memoria. — Malditos cobardes, eran cinco.

— Lárgale toda la historia— Arthur le reclamó. Sabía toda la historia, el chico de ojos morados lo notaba— Aquel era un pandillero con el cual tenías una deuda. Viéndote solo, te exigió que le pagaras lo que Dios sabe le habrás pedido. Tú como siempre, no pudiste callarte y le empezaste a gritar que se fuera a la mierda.

— ¿Y tú como sabes todo eso, imbécil? — El que supiera tantas cosas le ponía los pelos de punta.

—El director me mandó a que te trajera de vuelta así que te seguí, intento de reo fugitivo ¿No sabías que el patio tiene cámaras de seguridad?

-x-

Caminó por las ajetreadas calles de la ciudad, en busca de la zona periférica, donde seguramente estaría. Los parques y plazas eran lugares muy obvios y no parecía que ese imbécil tenía alma de querer sentarse en una plaza a tirarle pan a los pájaros Trotó sobre la vereda, esquivando a los transeúntes.

Saint John's estaba a unos veinte minutos en bus de los bares más cercanos, pero él se sabía un atajo. Dobló hacia la derecha y luego, dos cuadras más adelante, hacia la izquierda. Un doble pálpito. De nuevo una corazonada como cuando lo encontró en la sala de música.

Dobló de nuevo a la derecha.

Las veredas comenzaban a enangostarse. Los edificios y casas comenzaban a ser más y más grises y desaliñadas. Los carteles de clubes nocturnos aumentaban. A su izquierda, había una cancha de tierra y tras ella un bar que rezaba "El Pirata".

Los recuerdos le llegaron la cabeza. Recuerdos buenos y la mayoría malos. Recuerdos todos amargos.

Giró a la derecha y se metió por entre unos callejones, hasta dar a una nueva calle, llena de letreros de neón.  Buscó con la mirada a ese idiota y ahí lo vio, parado en la vereda frente a un pub.

A tres pasos de ahorcarteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora