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Se retorcía contra la reja de alambre que retenía su cuerpo, impidiéndole caer. De no ser así ya hubiera estado siendo molido en el suelo junto con la basura y colillas de cigarros.
La sangre corría a chorros desde su nariz, ya fracturada. Sabía que en cualquier momento caería inconsciente y que a la mañana siguiente, el dolor de su cuerpo sería tan fuerte que no podría levantarse de ahí por mucho que quisiera.
Las embestidas a su cara y costillas lo mareaban, la cabeza rebotando una y otra vez en los fierros. El monstruo sediento de sangre golpeándole sin cansancio, divirtiéndose.
Lo iba a matar.
— ¿Aún no te rindes? Sabes que lo va a hacer si no me lo dices pronto. Yo no me haré cargo de tu cadáver— La voz del líder de la zona retumbaba con profundidad en su cabeza. Sonrió con miedo, le leía la mente. Pero no debía decirlo, o sino todo el Este se abalanzaría sobre él. Mierda...
"¿Aún no te rindes, chico? Ya basta de patrañas, te va a matar, díselos y luego huyes como el cobarde que eres". La voz de su madre con los labios pintados de rojo y con el eterno halo del humo de tabaco a su alrededor, le susurraba en un rincón oscuro de su cabeza.
Sus ojos opacos perdiendo el brillo.
Mamá, yo no quería esto. Yo no quería nada de esto.
Él solo era un chico que estuvo en el lugar equivocado en el momento equivocado.
— Díselos— Abre sus ojos azulinos, con espanto. Entre la sombra de un callejón, susurrando está...
Con sus ojos violetas, brillando sobrenaturalmente, Toris pudo descubrir al espectador. Los índigos del líder se dirigen indiferentes hacia donde aquel pobre imbécil ha mirado. No ve nada.
No digas donde estoy.
Alexander gira con lentitud hacia el cuerpo masacrado, los restos de aquel muchachito rastrero.
Toris cierra los ojos. No tiene nada que perder, huirá al Norte.
Nunca quiso meterse en esto, lo metieron.
Lo tomaron con sus manos negras y lo ahogaron hasta el fondo del pozo donde no iba a escapar a menos de estar muerto.
—Arthur... Arthur "El Punk" Kirkland— Los golpes se detuvieron al instante, Soren acatando el gesto de Alexander.
Esta información era interesante.
— ¿Qué más?— Porque era obvio que sabía más. Toris lo imploró piedad, sabiendo que estaría en problemas si decía algo más. Alexander ignoró la petición. El muchachito giró hacia el pasillo oscuro, rogando ayuda.
Oh, no. No.
No se le iba a dar nada mientras no soltara todo lo interesante.
— Fue jefe del Este hace poco más de un año— La voz seca debido al agotamiento, la garganta llena de sangre. Luchó por no marearse— Es hermano del "Demonio Rojo".
Los ojos de Alexander, comúnmente inaccesibles a la sorpresa, se abrieron casi hasta salirse de sus cuencas.
—Alex, ¿De qué habla este idiota?— Soren preguntó con curiosidad, apoyando las manos en su cintura. La sangre ajena escurrió por sus nudillos, ensuciando el pantalón de mezclilla. El noruego lo ignoró y siguió mirando al chiquillo, quien parecía una masa de músculos desgarrada y sangrante. El danés se había excedido, nuevamente.
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A tres pasos de ahorcarte
Fiksi PenggemarAlfred deseó con todo su corazón proteger a Matthew, no importando cuánto dolor implique. En este pozo de violencia donde estuvo por años, alguien más se hundió para elevarlo: Arthur. Ahora están en una lucha de poder, de deseos de escapar y ser lib...
