Capítulo 2: "MIERDA DE SUERTE"

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El americano maldijo su suerte y, por la cara que tenía, adivinó que el otro idiota estaba igual. 

Instantes después, los ojos verdes se afilaron como cuchillos y le levantó el dedo del medio. Alfred dio un grito, ofendido. Sin esperarlo siquiera, lo ignoró, mientras recogía los papeles dispersos en el piso.

— ¿Quién te crees, bastardo? ¡No sabes con quién te metiste!

— Diría lo mismo de ti —Respondió el contrario, mientras se alzaba soberbio. Tenía un aura intimidante. Antes de que Alfred pudiera agarrarlo,  dio media vuelta para ni siquiera mirarlo una última vez más.

Nadie jamás le había hecho eso.

Se puso de pie, dispuesto a seguirlo y romperle la cabeza contra la muralla, sin embargo una muchachita frustró su plan.

— Disculpe señor, ¿Me podría decir dónde está el salón 3-B? — le miraba suplicante con sus profundos ojos verdes de muñeca.

Alfred estiró la boca, demostrando su fastidio. Volteó, en busquéda de ese imbécil pero ya había desaparecido.

Los ojos de la niñita taladraban.

Con un chasquido de lengua, le indicó  el piso siguiente. Arriba eran los salones de tercero. Dispuesto a retirarse, siente que tiran de su sudadera. Voltea irritado.

¿Acaso se había enamorado de él?

— Quizá sea una impertinencia pero ¿Podría acompañarme hasta allá? Es que los chicos aquí son tan grandes e intimidantes, y con usted me siento más segura...— el americano quedó horrorizado.

¿Acaso se había golpeado en la cabeza? ¡Los demás eran unos sosos conejitos!

La niñita siguió esperando su respuesta  y esos ojos de cachorro tan parecidos a lo que ponía Matthew, lograron convencerlo de alguna forma. Rodó los ojos, maldiciendo interiormente a su hermano menor.

—... Apresúrate— la adelantó, subiendo el resto de las escaleras con la pequeña siguiéndolo. Podía sentir la mirada  sobre su nuca. No pudo echar al aire más que una grosería en voz baja. Este día apestaba.

Llegaron a la puerta del salón y después de abrirla, le preguntó cuál de ellos era su hermano.

No pudo cerrar la boca del impacto cuando señaló a un chico rubio con cabello largo. Y lo único que pasó por su cabeza fue: Un travesti con cara de mierda.

¡Un travesti!

La niña se acercó a paso inseguro hasta donde estaba él, luego de recibir una mirada negativa de Alfred a la posibilidad de acompañarle. No chica, no era su niñero.

El hermano de la joven lo mató con la mirada, pero Alfred ni siquiera se inmutó, es más, omenzó a estudiarlo.

¿Tendrá nombre artístico? Tenía cara de que en las noches su nombre cambiaba a Rosetta o Katerina o algún nombre que ocupen los travestis en sus salidas nocturnas a que le partan el culo.

Se lo iba a preguntar luego.

Mister "Vive la vida loca" se acercó a zancadas hacía él, a los segundos después que había terminado de hablar con la niña. Cuando llegó, notó la gran diferencia de alturas y el pobre tuvo que usar todo su autocontrol para no proferir aquellas carcajadas que empujaban por salir de su garganta.

Era un travesti enano.

Se lo imaginó bailando en un carnaval gay con esos trajes llenos de plumas de colores y unos tacos del porte de unos zancos.

A tres pasos de ahorcarteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora