Capítulo 13: "BIENVENIDO, ARTHUR"

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Es de día. Lo puede confirmar sin siquiera abrir los ojos, aquellos que están siendo molestados por la luz del sol. Matthew se recuerda cerrar mejor las cortinas. Sus ojos violáceos se abren, ya rendidos a la intromisión del tiempo.  Por el espacio no cubierto de la ventana, puede ver unos pajaritos cantando, aprovechandola energía los pocos rayos de sol. A Matthew le gustan los animales, de verdad, pero no agradece este canturreo molesto a estas horas tempranas.

Un largo suspiro. Se da media vuelta, deslizando sus piernas por la espaciosa cama. Las sábanas le acarician, con una frescura agradable recorriendo desde la punta de sus pies. 

¿Por qué los pájaros cantan tan temprano? Lo hacen normalmente cuando están camino a la escuela, tipo siete y media.

Tipo siete y media.

Momento.

Un rayo de terror lo atraviesa. Se levanta de un salto, corriendo hacia el reloj despertador. 

"8:22 AM"

 ¡Se quedaron dormidos! ¿Maldición, cómo no escuchó la alarma?

Sus pasos retumban por el pasillo, en dirección al dormitorio vecino. Abre la puerta del cuarto de Alfred, tan alterado que hace rebotar la pobre puerta. 

— ¡Alfred! ¡Arthur! ¡Nos quedamos...!— Y la voz se corta. Sus mejillas comienzan a transformarse en dos manchas rojas. 

Nunca en su vida, pero nunca, había visto a Alfred abrazando a alguien, más todavía, a un hombre. Alfred gustaba de dejar distancia con todos desde siempre, incluso parecía molestarse con sus novias cuando éstas exigían más cercanía y mismo. Por lo mismo, a Matthew le choca verlo abrazar a Arthur como si fuera una almohada, mientras reposa su cabeza en la mejilla del más rubio. 

Oh Dios.

-x-

Ante el escándalo, los párpados del británico tiritan. Poco a poco sus profundos y adormilados ojos verdes se abren, saludando al mundo exterior. En un principio trata de recordar dónde está. Pestañea una segunda vez, lenta y pausada. Ya lo recuerda. Está en el departamento de Alfred. Al final se quedaron hasta tarde y tuvo que dormir con el idiota. Hablando de él... enfoca mejor los ojos tratando de buscar su espalda o ese ridículo mechón despeinado que tiene, escondido entre las frazadas y las almohadas.

Poco a poco, su cerebro comienza a trabajar mejor y se da cuenta de que...

Abre los ojos como platos y las mejillas se vuelven dos tomates cuando se percata...

Se percata...

Alfred, sigue durmiendo tranquilamente. Su rostro atractivo y aniñado no muestra signo alguno de percatarse de su alrededor. Arthur se sonroja más cuando una de las exhaladas del americano le da directo en los labios.

Suelta un grito aterrado mientras se impulsa como un cohete lo más lejos que puede, que es el piso.

¡Casi se estaban besando!

— ¡Pero qué demonios! — Grita, mientras varias cosas chocan en su mente haciendo un caos en su cabeza, la cercanía que tenían hace unos segundos, sus mejillas que arden avergonzadas, el dolor de su trasero al caerse, de vuelta la cercanía que hubiera ocasionado por un simple accidente, un simple movimiento sin querer que habría...

Oh mierda ¿Y sí...?

Arthur se quiere matar recordando que es algo sonámbulo. ¿Entonces...? Se toca sus labios, no sabe si protegiéndoselos, queriéndoselos sacar u otra cosa.

A tres pasos de ahorcarteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora