Capítulo 9: "CON UNA PIZCA DE SAL Y PIMIENTA"

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"11.30"

Era el receso de media mañana.

Su andar tranquilo, tan propio, se vio alterado por uno de los profesores, quien se había encaprichado para que escuchara su monólogo. Algo de un expresionismo avanzado, otra cosa sobre apoyar los talentos.

Claro, se habría sentido inmensamente feliz, incluso habría pensado en aceptar su tutela, si no fuera porque era tan torpe para el dibujo, como además, no se llamaba Alfred. Matthew dio un largo suspiro.

Nuevamente los confundían.

Se había acostumbrado a pasar desapercibido entre el gentío. No le molestaba en realidad, era mucho más cómodo ser arrastrado por las aguas de la multitud, en vez de destacar. Lo que seguía molestándole, por muy frecuente que fuera, era ser confundido con su hermano. No era algo que lo ofendiera, pero Matthew realmente sentía que su identidad pasaba a segundo plano cuando estaba cerca de él. Alfred siempre ha tenido una luz propia, que lo opacaba desde la niñez. Siempre ha sido así.

Hoy no iba a cambiar.

Observó la hora en su teléfono y chasqueó la lengua. Estaba llegando tarde a la clase.

Un tropiezo. 

Sus cuadernos golpearon el piso.

Se sorprendió cuando chocó con unos profundos ojos azules, fijos en su rostro.

Pardon —Sonrió el muchacho.

Ça ne fait rien —Respondió en el mismo idioma. Vaya sorpresa, había chocado con Francis, uno de los más populares del instituto. Los ojos azules estaban llenos de curiosidad. Matthew pensó con cierto pesar, que seguramente le diría algo como "¿Alfred desde cuando hablas en francés?". No habría sido primera vez.

— ¿Cuál es tu nombre, chico? —La sonrisa cálida le llamó la atención. Matthew, pesimista, se preguntó cuánto demoraría en olvidarse de su nombre. ¿Un día? ¿Una hora?

— Matthew.

— Bueno, yo soy Francis— Matthew dio una suave carcajada.

—Todos sabemos quien eres tú, Francis, eres bastante popular—  Ladeó un poco su cabeza y le dio con una media sonrisa. Algo le llamaba la atención.

—Disculpa, Matthew ¿Pero tú eres  pariente de Alfred Jones?— La sonrisa de Matthew pasó a ser un gesto tieso y sin ganas.

Alfred. Alfred. Alfred.

Siempre la sombra. Seguramente, ahora Francis le preguntaría sobre su hermano, quizás algo para acercarse a él por medio de su persona, y así, de nuevo, Matthew volvía a ser un fantasma. 

Matthew adoraba a su hermano, de verdad. Sólo que le dolía demasiado no existir en el mundo. Ser siempre una imagen conectada a él. 

— Es mi hermano mayor— Francis pareció percatarse de incomodidad. 

—Te pareces un poco, pero tú eres más lindo— Y ambos pudieron imaginar el perro rabioso que se transformaba en Alfred.  Se despidió con un guiño y se alejó con calma, pareciendo no preocuparse de que él también estaba llegando tarde— Nos vemos Matthew.

Los ojos violetas lo siguieron en silencio. Sintió como el calor se esparcía en su pecho. Se quedaba solo en el pasillo, con sus cuadernos en el suelo, mientras observaba donde había desaparecido Francis. 

En ese momento se le olvidó que estaba llegando tarde.

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