Capítulo 22: "RESISTENCIA"

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Eran las doce y media de la noche. La casa estaba sumida en un silencio pesado y espectral.

Se escucharon unos pasos lentos, fantasmales, arrastrados, forzosos. Aunque nadie los escuchaba, pues todos estaban hundidos en la burbuja del sueño.

Todos menos uno.

Sus piernas musculosas y pálidas apenas se podían con su peso. Se mordió la lengua, furioso internamente. Una parte de su cabeza se preguntaba cuándo podría volver a la normalidad, la otra, quería sacarse las piernas y ponerse unas que estén buenas.

Un paso, otro más. Apoyando una mano sobre la pared, camina hasta una puerta con dificultad.

Seguramente él está durmiendo, cubierto hasta el cuello como siempre lo hace desde pequeño. Soñando con su mundo, creyendo erróneamente que él lo odia.

No.

Apoya la cabeza sobre la madera blanca. Siente frío, y es normal si está en pleno invierno, de noche y con sólo un pantalón de piyama.

Pero el frío fuera no es nada comparado con el frío abrasador y lacerante de su corazón.

Se queda ahí frente a la puerta, mirando por entre la barrera de madera, creyendo vislumbrarle. Toca el frío pomo y va a abrirlo, rompiendo la única línea divisoria, cumpliendo aquel deseo angustioso que se ha vuelto necesidad.

Él jamás lo ha detestado. Si ha hecho lo que ha hecho es para que creciera, para que madurara, para que fuera un digno Kirkland. Lo ha hecho por su bien. Jamás podría detestarlo.

Sólo... las cosas se salieron de control.

Sólo... él sólo...

Gira el pomo lentamente, con cuidado.

Y se abre una puerta distinta, sobresaltándolo.

— ¿Qué haces?— William pregunta en un susurro. Scott afila sus ojos demoníacos.

— ¿Qué haces tú?

— Voy al baño, además el ruido de tus pasos me ha despertado. Scott, ¿Qué ibas a hacer en el cuarto de Arthur?— No suena acusador, pero los ojos claros penetran hasta el fondo de su cabeza, como siempre ha sabido hacerlo Will.

Y Scott sabe que de todos modos, da igual el tener o no una barrera con él. Porque William sabe todos sus secretos, quiera o no el escocés que él lo sepa.

Y hoy precisamente, se siente debilitado. Extraño, angustiado. Necesita desahogarse con alguien.

Así que simplemente libera el torrente de palabras atorado en su garganta.

— Esto es una estúpida y maldita tortura... Es demasiado, demasiado Will...No sabes como quisiera sacarme el corazón del pecho y aplastarlo hasta que deje de sentir, dejar de amarlo. Pero no se puede, ¿sabes? Lo he intentado, jamás se puede. Me tiene encerrado ¡Por la mierda, me tiene encerrado! ¡No puedo escapar de eso!— Se aprieta su pecho con rabia, deseado que los dedos atraviesen sus costillas, desgarrando la carne y liberando su alma de aquel peso insoportable.

— ¿No crees que confundes amor con culpa por lo del accidente?— Se cruza de brazos. Scott alza sus ojos y sonríe amargamente.

— Desperté porque soñé que lo besaba. Los hermanos no se besan, Will. Tampoco se levantan a medianoche solo para hacer realidad el propio deseo... ¿Qué opinas de eso?

William suspiró.

— Que Arthur no merece que le aumentes más su infierno personal. Basta con que se sienta huérfano dentro de su propia casa.

A tres pasos de ahorcarteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora