Capítulo 1 ·¿Dónde estoy?·

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Desperté en un cuartucho, sólo había una cama, un sofá y una puerta que supongo era el baño. Miré a todos lados intentando recordar la noche anterior y todo volvió.

Camille llegó borracha, salí y me encontre con... Erik.

-Buenos días, Danielle -dijo con una sonrisa

-¿Cómo llegué aquí?

-Me alegró que hayas dormido bien. Después de tu primera experiencia con la marihuana, te dormiste instantaneamente. Así que te traje a mi departamento

Y entonces recordé el resto de la noche, se sentía tan bien sentirse libre de preocupaciones y dejar de ser consiente por un momento, olvidarse del mundo. Todo es tranquilo dentro de la marihuana.

Pero después de que el cigarro hubo terminado, no recuerdo nada. Y aparezco en la cama de un tipo que ni conozco, con el solo en pantalones y pienso lo peor. ¿Abuso de mi?

Necesitaba salir de ahí, a como diera manera.

-Debo regresar a casa, Camille y Steve me deben estar esperando

Dije sabiendo que era una total y completa mentira, Steve con suerte y esta fuera de casa con una de sus tantas zorras con las que se envuelve. Y Camille, seguro esta con una resaca y dolor de cabeza de muerte por tremenda borrachera que se pegó ayer. Por mi se puede ir al mísmisimo infierno y yo sería feliz por una vez en mi puta vida.

-¿Y quién es Camille y Steve? 

-Mi madre y mi hermano...

-¿Porqué te diriges a tu madre por su nombre?

-Porque ella no es mi madre...

-Acabas de decir que ella es t...

-¡Basta! -interrumpí- No quiero ser grocera, pero debo irme. En serio

Él sólo sonrió de lado.

-Bien, te acompaño

-¿A dónde? -dije divertida- ¿Al fin del mundo?

-Ya quisieras- rió un poco- a tu casa...

-No es necesario....

Me abrí paso a lado de él y salí por la puerta. Mientras caminaba recordaba las sensaciones de un día anterior. Libre, Soy Libre.
Poco después de unos minutos sentí unos pasos tras de mi, ¡Viva San Francisco y sus calles solitarias!
Caminé un poco más a prisa, hasta que sentí una manó alrededor de mi brazo.

-¡Tú! -grité

-Te dije que te acompañaría

-¡Sueltáme!

-Duermes en mi cama y ahora te vas así, de la nada

Se ganó una bofetada de mi parte.

-Bien, gatita ¿A qué juegas sucio?
-No me llames asi, pedazo de imbécil

Me tomó ambas muñecas y me  las empujó contra una pared a espaldas de mí.
Era posesivo, controlador y eso, a mi me gustaba.

-Bien, acompañame

No vivía en una colonia de ricos, mamá se gastaba casí toda su quincena en botellas de alcohol o en un bar, que para el caso es lo mismo. Comenzó a beber a chorros después de la muerte de nuestro abusivo padre.
Steve tiene 15 años, es un vago y mujeriego. Cada semana se tira a un tía diferente, todas las chicas del barrio lo saben pero parece no importarles en absoluto.
Y yo con mis 17 años, no podía largarme de esa pocilga que tenía por casa. Y en solo nueve meses, me podría largar de ahí.

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