Parte sin título 16

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______ necesitaba que la vieran como a una igual, pero ni siquiera le había dejado pagar su comida.

—Por cierto, ¿qué crees que me ocurrirá cuando haya terminado de trabajar contigo y este sola e indefensa en el mundo? ¿Crees que sucumbiré ante cualquier pervertido porque no sabré cuidarme?

—No te sucederá si sigues mis consejos —contestó Lay abriéndole la puerta del coche—. Tienes que ser más prudente, porque una mujer bebida y atractiva es un imán para los hombres, y hay muchos desaprensivos que no dudarían en aprovecharse de la situación.

—No me puedo creer que me estés diciendo esto.

—Yo tampoco, pero así es la vida... Ahora que lo pienso, a lo mejor, precisamente por esto a tu madre y a la mía les pareció una buena idea que trabajáramos juntos.

—Sí, claro.

—¿No te parece posible?

—¡Me parece de lo más prepotente por tu parte!

Lay sonrió encantado.

—Para que lo sepas, no soy una pobre chica sin experiencia. Mientras tú trabajabas y trabajabas sin descanso para ganar mucho dinero, yo no he estado metida en casa haciendo calceta y acostándome a las nueve, ¿sabes?

—¿Ah, no?

—No.

—¿Me estás diciendo que te has convertido en una salvaje?

—¡Claro que no! Mira, esta conversación me está empezando a parecer ridícula —se quejó ______ agradeciendo que hubieran llegado a la empresa—. ¡Ya hemos llegado! —anunció.

—Ya lo veo —contestó Lay viendo que ______ quería abrir la puerta antes de que el coche hubiera parado por completo—. Ten cuidado, no te vayas a desmayar de la alegría de escapar de esta conversación y de mí.

Lay no recordaba otro momento en el que una mujer hubiera escapado de su compañía y le parecía increíble, sobre todo, teniendo cuenta que estaban hablando de ella.

______ se giró hacia él encantada de perderlo de vista y sonrió.

—No digas eso, cómo iba a querer yo escapar de ti después de los maravillosos consejos que me has dado. De verdad, me ha emocionado tu preocupación por mí. Ahora mismo voy a llamar a mi madre para contarle lo buen padre que estás siendo. ¡Nos vemos el martes!

Lay frunció el ceño ante el insulto y se quedó mirándola mientras ______ le cerraba la puerta en las narices, dejándolo con la incómoda sensación de que la persona que menos hubiera creído le acababa de tomar el pelo.

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En brazos de un italianoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora