¿Por qué estaba en mi casa? ¿Cómo sabía dónde vivía? Mi estómago parecía un grupo de críos saltando y corriendo por todas partes. Salté del sofá y no sé por qué, comencé a alisarme la camiseta con las manos como pude mientras escuchaba el resto de la conversación.
-Eh... Hola Ed, ¿qué haces aquí en Nueva York?-Dijo Tate cortante. Sabía que no se llevaban bien, así que decidí intervenir antes de que a Tate se le ocurriese hacer algo extraño. Corrí hacia la puerta, dándole la espalda a mi hermano, podía sentir cómo su mirada me clavaba dagas en la nuca.
-Hola. Ed, ¿qué haces aquí? -Dije sonando quizás demasiado sorprendida.
-Pues, venía a hablar contigo. -soltó mientras me miraba de arriba a abajo sin dejar de sonreír.-Eh, me encanta tu pijama.
Mierda. Mierda, mierda, mierda. Me quedé inmóvil, mi pijama era una camiseta enorme de Tate junto con un pequeño pantalón que no se veía.
-¿Gracias?-dije roja- Pasa, sube a mi habitación, tendremos más intimidad.- MIERDA. NO QUERÍA QUE ESO SONARA ASÍ. TIERRA, HAZME UN FAVOR Y CONSIGUE QUE DESAPAREZCA. -Quiero decir, para hablar.
Tate se golpeó la frente con la mano bajando la cabeza mientras Ed contenía la risa. Subimos las escaleras y entramos a mi habitación. Me apoyé en la puerta mientras él se sentaba en la cama y daba pequeñas palmaditas a su lado.
-Anda, ven. Que no muerdo... Todavía. -Mi estómago volvió a pegar un salto mientras, sin decir nada, me acercaba lentamente y me sentaba, dejando un espacio considerable entre nosotros.
-Bueno... ¿Por dónde empiezo?
-Empieza por el principio.-Dije mirándolo. Tenía mucha curiosidad sobre cómo había descubierto tanto acerca de mí.
-A ver, cuando te fuiste, me quedé destrozado. Sabes que mi padre tenía planeado mudarse a otra ciudad para empezar un nuevo negocio y entonces se me ocurrió convencerlo para que nos viniesemos aquí, a Nueva York. -Empezó a acercarse mientras yo me alejaba al mismo tiempo poco a poco.-Sabes que no te puedo tener lejos mucho tiempo, tenía ganas de verte y de hacer cosas juntos.-Seguíamos moviendonos, yo alejándome y el acercándose, me quedaba poco espacio y me iba a caer si seguía así. Él me miraba los labios y se acercaba a mi rostro.Yo, la verdad, estaba nerviosa. Como un actoreflejo, me levanté a toda prisa y me apoyé en la pared mientras dejaba escapar la risa nerviosa que salía de mi garganta.
-Es que... me apetece estar de pie.
-Angy... Vale, lo siento. Sé que no tengo derecho a interrumpir en tu vida de esta manera -Dijo a la misma vez que se levantaba y se situaba en frente mía.- pero, pensé que te gustaría que estuviesemos juntos de nuevo.
-Ed, han pasado muchas cosas... -Él me interrumpió poniendome el dedo índice en los labios mientras se acercaba a ellos. Mierda, iba a besarme. Por favor, Dios, si existes, sácame de aquí. Prometo ser mejor persona. Entonces, no sé cómo, Tate entró en la habitación de golpe. Creo que nunca había estado tan feliz de verlo.
-Uy, perdonad ¿Interrumpo? -Dijo con tono sarcástico mientras sonreía. Entonces se dirigió a mi.-Angy, Nat está abajo, dice que viene a por ti para dar una vuelta.
-Bien. -Dije colandome por uno de los huecos de los brazos de Ed. Me visto y bajo. -Nadie reaccionaba, no se movían. Estaba empezando a irritarme. -¡Fuera los dos que me tengo que cambiar! - Resoplé mientras ponía los ojos en blanco. Cuando volví a mirar, se habían marchado.
Me cambié y me puse algo cómodo. Bajé y me encontré a mi ex, mi mejor amiga y mi hermano mellizo sentados en el salón, con una taza de algo entre las manos. Contuve una carcajada con una sonrisa mientras ellos me miraban. La situación era graciosa, incluso podían parecer adultos, increíble.
-Bueno, yo tengo que irme ya. Mi padre me va a matar. Hasta luego Angy.-Abrió la puerta y se fue, sonriendo, como siempre.
Se lo tenía que contar todo a Nat, y ella seguramente también debía contarme. Se la notaba preocupada.
Nos esperaba una noche llena de sorpresas.
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Amor A Base De Odio.
Teen Fiction-Eres un idiota, te odio. Me miró con una sonrisa pícara sabiendo que eso me ponía aún más de mal humor. -En el fondo sabes que no es cierto, pequeño mapache. -Te he dicho que no me llames así. -¿Y por qué tengo que hacerte caso? -Dijo dando un paso...
