Parte 20

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La afluencia característica de un sábado por la noche me salvó de aguantar a Mateo. Le serví su bebida y me excusé con rapidez alegando que debía seguir trabajando. No tuve un segundo libre durante las siguientes horas y Jota no se separó de su portátil en ningún momento, aunque de vez en cuando me miraba y sonreía.

Ni siquiera Lucía pudo permitirse el lujo de estar pendiente de su primo y lo que esperaba fuera una de sus reacciones desproporcionadas. David se había llevado una buena bronca de Lucas por su retraso y su premio había sido subirse a la barra aunque no le tocara. Sin embargo, las chicas que atestaban el Level lo agradecieron y aplaudieron sus movimientos desde el inicio hasta el final de la canción.

—Tú eres la siguiente —me chilló Lucas al pasar por mi lado en dirección a la cubitera.

Lucía sirvió un chupito y lo deslizó sobre la barra hasta que quedó justo delante de mí. Dio un salto de emoción, encantada con su buena puntería. Me lo tragué sin pensar. No había vuelto a bailar desde la fiesta de los moteros. Le hice un gesto para que me pasara otro. No sabía qué demonios le había echado, pero me quemó la garganta y mi estómago se calentó en apenas una fracción de segundo.

—¿Quieres matarme? —articulé con los labios.

Ella alzó las cejas y, con un gesto de barbilla, señaló a mi espalda. Se cruzó de brazos y sonrió ufana. Me volví para ver lo que le hacía tanta gracia y me encontré con Jota a pocos centímetros de mí.

—Ya no me hace tanta gracia que esa banda de tipejos te babee encima —me espetó sin miramientos.

—Solo voy a bailar.

Sin querer, me reí en su cara. Iba a tener que hablar con Lucía sobre su forma de preparar los chupitos.

—Y ellos a follarte con la mirada.

Se me abrieron los ojos de par de par.

Estaba acostumbrada a las salidas de tono de Jota, pero aquello era demasiado incluso para él. Me pareció escuchar la risita de mi compañera de piso a mi espalda. Tomé aire despacio y lo solté de igual manera. Si había algo que sabía reconocer eran los ataques de celos, y el de Jota era brutal.

Y eso me llevaba a otra cuestión crucial:

¿qué creía él que había entre nosotros?

Porque si éramos pareja, yo resultaba ser la última en enterarme.

—Es trabajo —repliqué—, si tanto te molesta habla con Lucas.

El aludido se acercó a nosotros sin saber muy bien sobre qué discutíamos.

—Hay clientes esperando —nos reprendió.

Echó un vistazo rápido a la expresión malhumorada de Jota y puso los ojos en blanco.

—Esto es una gilipollez —se quejó él.

Otro chupito resbaló en mi dirección pero Jota se hizo con él y se lo bebió antes de que pudiera impedirlo. Lucía debía de estar pasándoselo de miedo con el espectáculo.

—Deja de animarla, Lu —le gruñó a su primo.

La gente empezaba a mirarnos. David también había dejado lo que estaba haciendo para contemplar la escenita, y en primera fila de la barra teníamos a un grupo de chicas que parecían de lo más interesadas en nuestra disputa.

—¿Qué demonios os pasa a los dos? —nos amonestó Lucas, que empezaba a perder la paciencia.

—Jota se cree con derecho a decirme lo que tengo que hacer —me burlé, solo Dios sabe por qué razón.

Antes de que me dejes ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora