Al final llegué tarde, aunque por suerte el coordinador de mi beca estaba aún en su despacho y no tuvo reparos en recibirme después de que me disculpara por mi retraso. Era un hombre de unos cuarenta años con gesto amable y un serio problema de organización. En su mesa reinaba tal caos que tardó alrededor de quince minutos en encontrar mi expediente.
Charlamos durante un rato sobre las asignaturas que había escogido para el primer cuatrimestre y me dio indicaciones acerca de los profesores que las impartían, horarios y demás detalles del funcionamiento de la facultad, haciendo hincapié en que para todo lo que necesitara no tenía más que acudir a él.
Abandoné su oficina algo más serena de lo que había llegado. Al salir me topé de frente con un sonriente Lucas.
Iba acompañado de la misma chica que había visto en el bar.
—Ey, Becca —me saludó con un beso en la mejilla—. Esta es Ari, mi novia. Ella es Becca, la amiga de Lucía de la que te hablé.
—Encantada —respondimos las dos al unísono, y Ari esbozó una sonrisa tímida.
—Lucas me ha dicho que vas a trabajar con él —comentó ella, y yo asentí.
—Sí, aunque me lo estoy replanteando. Creo que vivir y trabajar con Jota puede ser demasiado para mi cordura —solté sin pensar.
Ari se apoyó en Lucas y enlazó el brazo en torno a su cintura. El gesto, que podía haber resultado posesivo en cualquier otra pareja, rebosó ternura cuando Lucas le rozó el pelo con la barbilla en un acto reflejo. Su atención seguía puesta en la conversación que mantenía conmigo, pero de forma inconsciente Ari lo atraía como imán.
—Cuida bien de ella —repuso Ari, dirigiéndose a su novio—. Jota es como un grano en el culo cuando quiere, todavía me debe una.
Aquella chica ya me caía bien.
Lucas rio a carcajadas y me dio la sensación de que me perdía algún tipo de broma privada.
—Lo hemos visto fuera —añadió ella—. Me sorprende que haya salido de la cama antes del mediodía hoy que no tiene clase.
La afirmación alentó las sospechas que ya tenía acerca de las intenciones de Jota ocupando el baño justo cuando yo más lo necesitaba.
—Nos ha dicho que ibais a desayunar juntos cuando acabaras aquí —terció Lucas, señalando el fajo de papeles que llevaba en las manos—. ¿Os importa que os acompañemos? Creo que Ari se muere por un café.
En realidad yo había pensado en buscar alguna otra salida para evitar a Jota y marcharme a casa sin decirle nada. Me preguntaba cuánto tiempo permanecería allí con el culo puesto sobre el asiento de la moto y sin darse cuenta de que lo había dejado plantado.
«No pienses en su culo, no pienses en su culo», me repetí.
E inmediatamente la imagen del trasero de Jota ceñido solo con unos boxers reapareció para atormentarme.
¡Qué demonios! Yo también necesitaba una buena dosis de cafeína.
—Claro que podéis venir. Aunque os confieso que mi plan era darle esquinazo a Jota —admití sin pudor mientras nos dirigíamos al exterior.
—Nadie te culparía, aún estás a tiempo —indicó Ari cuando pasamos por otra de las puertas que daban a la calle.
—No sé por qué pero creo que Jota no va a ponértelo fácil si lo que pretendes es deshacerte de él, Becca.
Ladeé la cabeza hacia Lucas, intrigada por su afirmación y esperando que añadiera alguna explicación que no llegó. Ari y él intercambiaron una mirada cómplice y antes de que pudiera preguntarle mis ojos tropezaron con los de Jota, que tal y como había imaginado estaba sentado a horcajadas sobre la moto. En los escalones de acceso había dos chicas que babeaban por él, literalmente.
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Antes de que me dejes ©
Novela JuvenilA veces es bueno arriesgarse y hacer que las cosas pasen sin medir las consecuencias de nuestros actos, la palabra "rendirse" esta prohibido.
