—Le habéis cogido cariño a lo de subiros a la barra, ¿no? —se rio Ari, al final de la noche.
Lucas y ella habían reaparecido poco antes de cerrar. Según me había contado David, esa misma semana había sido su primer aniversario y Lucas le había preparado una romántica velada para celebrarlo.
De ahí que se hubieran escabullido durante horas.
—Me han comentado que Nico se fue de aquí bastante cabreado. Tony dice que le vio tirar las llaves contra el coche y que se cargó el cristal —aseguró mi jefe.
—Se lo merecía —afirmé, contenta con el resultado de mi plan.
Lo mejor de todo era que Lucía se había marchado con Dani hacía un momento.
Iba a llevarla a casa.
—Un día me meteréis en un lío con el dueño —apuntó Lucas, aunque se le veía tan complacido como a mí—. ¿Podéis cerrar vosotros? David se puso la chaqueta y solo le faltó correr hacia la puerta para dejar claro que no iba a pringar de nuevo. Yo asentí.
Imaginé que Ari y él estarían deseando terminar su noche juntos. Ya había acabado de hacer caja, así que recogió el dinero y me lanzó las llaves.
—Te debo una —articuló, abrazándose a Ari.
No podía decir que no albergara algo de envidia por la relación que mantenían. Les había visto discutir con tanta pasión como la que empleaban para besarse. Lucas adoraba a Ari de una forma visceral y anteponía todo lo que tenía que ver con ella a sus propias necesidades. A ella le pasaba lo mismo. Y aun así chocaban continuamente, pero eso en vez de distanciarlos los unía más. Coloqué la última tanda de vasos sucios en el lavavajillas, lo puse en marcha y me senté sobre uno de los frigoríficos a esperar a que hiciera su trabajo.
Mis ojos tropezaron con Jota, que reponía las cervezas y refrescos con movimientos mecánicos. Como si hubiera notado que lo estaba observando, alzó la vista y sonrió. Había estado demasiado callado durante la última parte de la noche, e incluso tuve que admitir que había echado de menos sus comentarios sarcásticos y sus pullas. No conseguía acostumbrarme a sus idas y venidas.
Me volvía loca no saber cómo se comportaría la siguiente vez que se acercara a mí.
—¿Qué tal la experiencia de estar fuera de casa por ahora? —me preguntó, mientras seguía colocando las latas.
—Bien, supongo. Es... diferente estar aquí, pero a la vez es igual.
—No parece que sea lo que esperabas —repuso, alzando las cejas para animarme a continuar.
No sabía muy bien lo que esperaba, o tal vez sí. Un cambio radical, algo milagroso quizás. Pero debería haber sabido que no se puede huir de lo que eres, y que si quieres que las cosas sean distintas, tienes que empezar por cambiar tu forma de verlas y enfrentarte a ellas.
Terminó lo que estaba haciendo y vino a sentarse a mi lado. Pero antes de acomodarse, se levantó y fue hasta el ordenador portátil. Eligió una canción y Stranger, de Secondhand Serenade, inundó el local, dándome la oportunidad perfecta para cambiar de tema.
—Te gusta mucho este grupo, ¿no? —inquirí, antes de darme cuenta de que se suponía que yo no debería estar al tanto de lo que él escuchaba en su dormitorio.
—No está mal —admitió, y ladeó la cabeza para mirarme—. Tienen buenas letras.
Presté atención al estribillo y el pulso se me aceleró al oír al cantante repetir How beatiful you are una y otra vez. Con Jota todo tenía al menos dos lecturas.
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Antes de que me dejes ©
Novela JuvenilA veces es bueno arriesgarse y hacer que las cosas pasen sin medir las consecuencias de nuestros actos, la palabra "rendirse" esta prohibido.
