Noviembre del 2000 en Nueva York, un día cubierto por la nieve, frío y hermoso. Si no mal recuerdo (Y es que nunca lo olvidare) ese día el calendario marcaba a 25, un perfecto sábado por la tarde. Me encontraba con mi padre caminando por las calles, unas calles atrás habíamos dejado el auto. Pero bueno, les presento a mi padre Stephen James. Un hombre de unos 35 años, alto, bronceado, con un cuerpo bien detallado, casi siempre vestía de traje por su trabajo (Es abogado) o con unos jeans, tenis y camisa lo cual casi no hacía mucha diferencia, solo tenía que ponerse un saco, cambiarse los tenis por zapatos elegantes y estaba listo para ir a trabajar, además de que su apodo "Bond" no era en vano solo toma a un Timothy Dalton joven y ahí tienes a mi padre, cuya sonrisa derretía a todas las mujeres. Y como no, podía darse el lujo ya que se había divorciado de mi madre, de la cual les contare en otro momento.
Minutos más tarde nos encontrábamos en la mesa de un café, me encontraba frente a él disfrutando de un gran helado de vainilla con chispas y el viendo por la ventana mientras dejaba que su café se enfriara un poco, me miró devorar el helado y me dedico una de sus sonrisas acompañadas de un suspiro que solo significaba "Como quisiera disfrutar de estos momentos todos los días" le devolví una sonrisa de "Yo también" a lo que él daba una pequeña carcajada y limpiaba helado de mi mejilla mientras yo miraba el helado algo cejudo. A diferencia de algunos padres que abandonan a sus hijos, mi padre no era así, se podría decir que era tan responsable y atento como una madre, supongo, aunque no he de negar que de vez en cuando cometiera sus errores, pero siempre fue un gran padre.
Justo en ese momento padre e hijo, la campanilla de la puerta sonó y mi padre al ver a la dama que entraba se puso de pie y le dedico una sonrisa de rompe corazones. Tenía que llegar ella, seré sincero, en esos días de niñez cualquier mujer que se acercará a mi padre era el enemigo, una víbora que se atravesaba en mi camino, y mi oportunidad de que volviera con mi madre, por favor, solo tenía 10 años y no comprendía nada, solo pensaba que mis padres habían tomado una mala decisión y que como siempre todo volvería a la normalidad. Un suspiro se escapó de mis labios cuando aquella mujer se acercó-¡Stefen, querido!- aulló con una emoción que para mí era mentira, aunque su voz no era chillona como me esperaba(De hecho era bastante agradable) me seguía disgustando su presencia,-Veo que si trajiste a tu ángel-me miró y dedico una sonrisa cálida, dejando ver una hilera de dientes blancos, sus ojos eran de un bello tono de azul verdoso, una piel de tono tostado casi perfecto de no ser de unas cuantas pecas que tenía en el rostro, su pelo era de un rubio dorado con algunos mechones más claros. Vestía con un largo abrigo rojo vino, cuando mi padre le ayudo a quitárselo dejo ver sus botas negras que quedaban bajo su rodilla, unos jeans azul marino y un suéter verde menta, tenía una figura casi como la de mi madre, solo que en ella resaltaban más dos cosas(Si saben a lo que me refiero).
-Así es-respondió mi padre-Estaba ansioso de que se conocieran aunque, él no tanto-soltó una pequeña risilla y ella le acompaño, y vaya que tenía razón, su presencia no me agradaba.
-Te comprendo-respondió sentándose a su lado-A ella no le gustó mucho la idea, quería quedarse en casa, ya sabes, recién nos mudamos y no tiene con quien jugar, y si no tiene con quien jugar ni muerta se acerca al frío-rió levemente mientras yo la miraba sin entender nada mientras comía de mi helado que ya iba por mitad.-Mamá-escuche la voz de una pequeña de pelo castaño que se acercaba a ella entregándole un abrigo igual al de ella solo que de color negro. ella también tenía unas botas negras solo que estas eran más cortas un jeans de un azul más claro y un suéter de color lila con detalles en violeta.-Pedí una taza de chocolate caliente, y tu café-le dedico una sonrisa que al igual que su madre era una hilera de dientes perfectos que transmitían una dulce brisa cálida, luego me miró cejuda, sus ojos eran de un verde oscuro muy intenso y su piel canela, no podía quitarle los ojos de encima era simplemente hermosa y adorable.-¿Quién come helado en épocas frías?-dijo entrecerrando los ojos, como si aquello le molestará, le molestara mucho-Pues yo-respondí rápidamente y seguí comiendo mientras ella se sentaba a mi lado y me seguía viendo igual.
-Christine, ten más respeto por los gustos ajenos-le reclamo su madre, a lo cual ella solo asintió con la cabeza a gachas.
-Veras Christine-empezó a hablar mi padre-A Michael le gusta comer según la estación, si hace calor le gusta comer cosas cálidas y si hace frío le gusta las cosas frías, es... Como cuando a ti te gusta acompañar lo dulce con lo salado-exacto, esperen ¿Qué? ¿Cuánto tiempo tenía mi padre con esta mujer, que ya conocía los gustos de su hija?-Entiendo-murmuró Christine y me dedico una sonrisa, justo en ese momento su chocolate y el café de su madre llegaron a la mesa.
*****
Después de un rato y de descubrir que su nombre era Denisse, otra razón para odiar ese nombre. Llegamos a un parque no muy lejos, y más cerca de nuestro auto, mis primeros días en la gran manzana y una rubia los había arruinado, (PD: Mi madre y yo somos de Texa, mi padre siempre fue de Nueva York) sin mencionar a su hija la cual no dejaba de sonreír y de tomar mi mano, realmente no era tan malo, de hecho mejoraba un poco las cosas. Denisse y mi padre tomaron haciendo en una banca mientras Christine insistía en que jugáramos, ¿Cómo decirle que no a esos ojos brillosos y entusiasmados? di un gran suspiro-Ya que...-¡Sí!-exclamo Christine y salió corriendo unos cuantos metros, tomo un poco de nieve con sus guantes de lana, "por favor no" murmuraba para mí mismo y fue cuando sentí algo muy frío impactar contra mi cara, con fuerza, gruñí y tome algo de nieve y la lance para ver cómo le daba en la cara. Fue así como empezó nuestra primera guerra de bolas de nieve, una pequeña Christine de 5 años, y un yo de 10. La risa de Christine era lo mejor del mundo, incluso contagiosa ya que a mí también me sacaba una risa.
-¡Perdiste!-escuche nuevamente la risilla de Christine, esta me tenía contra el suelo, sentada en mi pecho con una bola de nieve apuntando justo a mi rostro. Antes de que lanzara la bola rodé y ella quedo debajo, con cada pierna a un costado de mi cadera,-No lo creo-escuché su risa otra vez y sentí la nieve fría en mi rostro.-Bien tu ganas-murmure quitándome la nieve para ver como alzaba los brazos y reía victoriosa, trato de levantarse y cuando no lo logro la tome bajo sus hombros y le ayude, ella sonrió y beso mi mejilla-Gracias-dijo poniéndose de pie y yo lo hice junto con ella, sintiendo como un leve rubor se formaba en mis majillas-Perece que se divirtieron-escuche la voz de Denisse, al menos su voz no me era tan irritante, pero aun así ella no me agradaba... aunque. Christine, bueno se podría decir que ella ya se ganó mi amistad y por ella estaba dispuesto a aguantar a su madre.
-Bien es hora de irnos-escuche a mi padre y antes de que pudiera verle miré a Christine la cual había gritado un ponente "No" mis ojos se pusieron como platos al ver como se aferraba a mi brazo-No quiero que Mich se marche-dijo e hizo puchero, ¿Mich. Tan rápido me tenía apodo?-¿No pueden quedarse un poco más?-Christine vio a su madre con ojos esperanzados, a lo que ella y mi padre se miraban.-Bueno...-dijeron al unísono-Supongo que si a Michael quiere, podrían venir a cenar con nosotros y-¡Sí!-interrumpió Christine al instante sin dejarme protestar, no quería pasar la noche en la casa de la bruja. Pero tampoco quería dejar de oír la risa de Christine, ni dejar de mirar su sonrisa, di un pequeño suspiro y mire a mi padre que también se veía algo esperanzado por mi respuesta-Supongo que está bien-dije y al instante sentí el abrazo de Christine y su bella risa resonar en mis oídos, sonreí un poco y vi la gran sonrisa en el rostro de nuestros padres, felices de que nos lleváramos bien.
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No muy lejano a las 10 de la noche me encontraba casi dormido en una de las habitaciones de la casa de Denisse, había sido amable y se aseguró de que mi comida estuviera al menos tibia, no estaba fría pero me dio helado de postre. Miré a Christine abrazada a mi brazo, casi dormida y bastante cansada, sonreí al ver como se aferraba a mi brazo como si de eso dependiera su vida, miré a nuestros padres en la puerta-Que duerman bien-murmuró Denisse-Gracias-me susurró mi padre, seguido de un giño y cerró la puerta, me debía un gran favor después de esto -¿Cuándo se lo dirás?-logre escuchas a Denisse tras la puerta-Aun no sé si sea el momento-le respondió mi padre. Algo me decía que vería Denisse y a Christine más seguido, lo cual me molestaba y alegraba, porque significaba que vería el dulce rostro de mi Christine...
