-¿Qué harás el fin de semana?-pregunto Layla mientras trazaba otra línea en el lienzo, no me dejaba ver lo que pintaba, pero sin duda era hermoso. Así es ella, canta, dibuja y toca el piano.
-No estoy seguro…-murmure mientras hacia el fallido intento de dibujar una manzana.- ¿Por qué?
-Por nada… Es solo que mi madre me llevará al parque de diversiones y, pensé que a ti y a Christine les gustaría ir. Es todo-se encogió de hombros. Me preguntaba qué pasaría por su mente, ese día se comportaba algo distante y en cierto modo cortante.
-Suena grandioso-le sonreí-Es una muy buena manera de pasar un sábado.
-Sí…-murmuró y continuo pintando en silencio. La miré atentamente y ladee la cabeza, ella volteo a verme y frunció el ceño.- ¿Qué? ¿Tengo pintura en la cara?
-No, es solo que-analice un poco las palabras que iba a decir, pero aun así no les encontré mucho sentido.
-¿Es solo que, qué?
-Me recuerdas a la niña que me gusta-sonreí, ella abrió los ojos como platos y se sonrojo. Hizo el intento de hablar, pero al parecer no encontró palabras y se quedó en silencio.
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Cuando llegue a casa fui directamente a mi habitación y me deje caer en la cama, giré y miré el techo tratando de pensar sin siquiera escuchar mis pensamientos. Y fue cuando entro Denisse.
-¿Michael?-me miro desde el marco de la puerta-¿Pasa algo?-pregunto mientras se acercaba, pude notar cierta preocupación pero no le preste atención.
-Nop…-murmuré y ella suspiró
-Bueno, como no te pasa nada entonces no te importará cuidar de Christine mientras no estoy-dijo mientras salía. Inmediatamente me senté en la cama.
-Pero-
-¿Pero?-me interrumpió viéndome, con esa mirada típica de las madres.
-Nada-murmuré mientras me ponía de pie.
-Bien, vuelvo en un rato-medio sonrió y se fue escaleras abajo.
Di un largo suspiro y empecé a quitarme el aburrido uniforme, me puse un jean y una polera gris. Baje las escaleras y me dirigí hacia el comedor, pero no encontré a Christine, vi la cocina y tampoco estaba.- ¿Christine?-la llame mientras subía las escaleras, fui hasta su habitación pero tampoco la encontré.- ¿Christine?-volví a llamarla pero esta vez más preocupado. Me dirigí al baño y toque la puerta-¿Christine?-abrí la puerta pero no estaba, fui a la pieza de nuestros padres pero tampoco la encontré.-Rayos, rayos, rayos -murmuraba mientras bajaba las escaleras y me dirigía al baño del primer piso-¿Christine?-toque a la puerta y cuando trate de abrirla no pude-¡¿Christine?! ¡Abre la puerta ahora!-forcé la puerta para luego dar una patada de frustración, corrí hacia la cocina y busque las llaves, regrese y abrí la puerta. Y ahí estaba ella, en la bañera lleva de espuma. Pude sentir como mi cara se ponía roja a lo que ella me miraba.
-¡¿Por qué no respondiste?!-pregunte molesto, lo cual supongo que no fue buena idea ya que sus ojos se empañaron con lágrimas.-No vuelvas a hacer eso-tome su toalla y me puse de cuclillas frente a la bañera.-Me tenías preocupado-dije más calmado mientras abría la toalla.-Vamos se acabó el baño-le sonreí y ella salió de la bañera, la envolví en la toalla y la cargue, ella seguía callada lo cual me preocupo un poco.-Cuando te vuelvas a bañar, no cierres con seguro y responde cuando toque-dije con un tono más dulce mientras subíamos las escaleras, ella solo asintió con la cabeza. Suspiré.
Entramos a su habitación y la senté en la cama.- ¿Qué prefieres, pantalón o falda?-pregunte mientras la secaba.-Falda…-murmuró. Me puse de pie y busque en la gaveta de su ropa interior y tome un panti el cual deje en la cama, fui al closet y tomo dos faldas,-¿Verde o rosa?-la mire mostrándole las faldas.-Verde-murmuro e interiormente di un suspiro, no por el color de la falda, sino por el murmurar las respuestas, tomo la blusa que (a mi parecer) quedaba bien con la falda y me dirigí a ella. Le ayude a ponerse la ropa y peine su cabello.
-¿Te puedo hacer una pregunta?-murmuro.
-¿Otra?-sonreí mientras me ponía de pie.
-Sí-sonrió.
-Pues hazla.-dije mientras bajábamos las escaleras.
-¿Tú y Layla son novios?-parpadee y voltee a verla.
-¿A qué te refieres?
-Mi amiga Lucy dice, que cuando un niño y una niña pasan mucho tiempo juntos es porque son novios.-se encogió de hombros.
-No, no somos novios. Somos amigos-sonreí
-¿Y tú y yo somos novios?
-No, somos hermanos-sonreí pero era una sonrisa casi falsa.
-Ah…-dijo en un tono de desilusión y siguió bajando las escaleras como si esa conversación nunca hubiera pasado.
El resto del día fue muy callado para mi gusto, hasta que me senté a tocar el piano. Christine se sentó en el sofá y como siempre, solo escucho y al terminar no hubo aplausos. La miré y sonreí-¿Quieres que toque una pieza en especial?-cuestioné viéndola.
-No.-frunció el entrecejo.
-¿Quieres helado?-arquee una ceja.
-Sí –sonrió ablandando la mirada.
-¿Quieres comer helado a mi lado?
-No-volvió a fruncir el ceño.
-¿Me quieres?-pregunte con una ligera sonrisa.
Titubeo un momento-Sí
-¿Y quieres que este contigo?
-No-dijo de manera seca, se levantó y camino a la cocina. Suspire y la seguí. Para ser sincero nunca pensé que esta conversación de repetiría, pero eso ya lo contaré en toro momento.
