Impotencia

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Despierto sintiendo cierta incomodidad en todo el cuerpo veo a mi derecha y hay esta Christine, dormida en el sofá. Escucho como la puerta se abre y al dirigir la vista es mi padre. (Sé que no he hablado mucho de él o de mi madre, pero es doloroso el recuerdo. Solo quiero recordar a Christine, porque representa todo lo bueno de mi vida). Esboza una sonrisa y mientras se acerca murmura:-Me alegra que despertaras...-vuelve a sonreír y acaricia mi cabello.-Christine estaba muy preocupada. ¿Qué fue lo que paso?-pregunto preocupado.

-Nada importante-murmure tratando de incorporarme.

-Pues al parecer lo era porque tuvieron un accidente y ahora tienes el brazo roto.-dijo alzando la voz, vi a Christine de reojo y ella se había movido. Vi mi brazo izquierdo en el cual tenía un yeso.-¿Sabes lo que dijo el doctor cuando le pregunte si podrías volver a tocar el piano?-no quise responder, uno, porque estaba inconsciente y dos, porque le recordaría eso de manera sarcástica.

 -No podrás volver a tocar el piano...

-Lo siento...- murmuro Christine quien lamentablemente había despertado.

 -No es tu culpa- respondí calmadamente.

 -¡Claro que lo es! Si no fuera por mí, nada de esto hubiera pasado.-vi como sus ojos se inundaban de lágrimas, y a la vez pude sentir mi corazón romperse. Estire mi brazo libre e hice señas para que se acercara, ella lo hizo y se sentó en la cama junto a mí. La abrase y ella reposo su cabeza en mi pecho.

 -Eso ya quedo atrás, lo importante es que ahora estamos bien.-acaricie su flequillo (lo único que había cambiado físicamente en ella era que era más alta, su pelo estaba más largo y sus ojos... Sus ojos se habían aclarado, no mucho, pero lo suficiente para que yo lo notara). En mi interior maldecí una que dos veces, al no poder secar sus lágrimas.  

                                                                       *****

 Ese mismo día me dieron de alta, me dijeron que tenía que mantenerme en reposo durante unas semanas. Cuando pregunte cuanto tiempo había pasado inconsciente dieron una respuesta breve-Tres días...-tres días, al parecer todo suceso importante de mi vida solo dura tres días... Al llegar a casa mi padre me dijo que descansará en mi cuarto, pero ya estaba cansado de descansar (que ironía) así que fui directo a la pequeña biblioteca, tome un libro y trate de leer. Trate, pero no pude ya que las palabras se volvían borrosas haciendo que me perdiera en mi lectura. No comente nada, solo seguí tratando. Después de unos minutos (quizás más de una hora) Christine apareció en la puerta con una taza y un plato de galletas.

 -Mama las hizo para ti-sonrió y dejo todo en la mesa cercana a mí.

 -Gracias-murmure con una sonrisa.

-¿Qué lees?-preguntó mientras se sentaba a mi lado.

-Realmente no estoy seguro-comenté mientras miraba la portada del libro.

-Los miserables-dijo mucho antes de que pudiese leerlo.

-Exacto -sonreí- Creo que estoy menos hábil en la lectura

-¿Seguro que solo es eso?

-Muy seguro.

-Bien, si necesitas algo solo dime-sonrió y salió de la habitación.

Traté de continuar con la lectura pero fue imposible, suspiré y lo dejé a un lado, fui com mi padre y al comentar esto fuimos directo al hospital. Me recetaron lentes permanentes lo cual no me agradaba, aunque me ayudaban bastante no fue fácil el acostumbrarme. Especialmente el tener aquek yeso y que Layla tuviera que ayudarme, Dios, no podía terminar con ella. Amaba a Christine pero Layla me gustaba y al ver  que era obvio que no podía estar con Christine, suponía que era mejor estar con ella pero...

Como odio ser su hermanoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora