Había pasado un año desde que le pedí matrimonio a Christine, aun no nos casavamos debido a unos cuantos problemas, así que decidimos ahorrar para la luna de miel. Teníamos pensado hacer un pequeño viaje por europa, ya que Christine quería ir a Italia y yo a Londres. Así que ¿Por qué no hacer un recorrido y verlo todo?
Cada vez tenía menos tiempo para escribir, y en realidad no tenía (o no sentía) la necesidad de hacerlo.
Volvimos a vivir en Nueva York, ya que Christine había obtenido una beca en una academia de música, conseguimos un departamento he íbamos a la cada de Texas para las vacaciones o para pasar un fin de semana tranquilo. Por otro lado, yo me encontraba en Canadá debido a mi trabajo, mi pequeña empresa se había expandido en un sorpresivo golpe de suerte. Solo llevaba unos meses y hablaba con Christine todos los días, en mis tiempos libres me sentaba a leer mis recuerdos. Una tarde me encontraba en un café luego de haber salido de una reunión, fue ahí donde me encontre con Layla.
-No has cambiado nada.-dijo mientras se sentaba frente a mi.
-No puedo decir lo mismo, el cambio te sienta.-respondí.
-Gracias-murmuro-¿Sabes? Debo de disculparme y ala vez agradecerte.-dijo mientras jugaba con su mano y al verla note una sortija de matrimonio.-Me disculpo por mi comportamiento, entiendo que en cierto modo pude ser muy cruel y nada puede justificar mi comportamiento.-en ese momento esbozo una sonrisa para luego verme.-Y te agradezco ya que gracias a eso conocí a mi actual esposo y ahora soy madre.-dijo para luego soltar una sonrisa risueña.
-Me alegro mucho por ti.-dije de todo corazón mientras sonreía.-por mi lado yo estoy comprometido.
-Espero que con Christine.-dijo de pronto.-Quiero decir, pese a mi comportamiento... En sus miradas se podía notar ese amor, y creo que eso me hacía sentir celosa.-ante su comentario esboce una sonrisa reprimiendo.
-Sí, estoy comprometido con ella. Y gracias, por ser sincera.
-Ja, es un placer. Solo quiero que seas feliz, así como yo lo soy.-sonrió y acto seguido se puso de pie.-Ahora tengo que ir a recoger a mi hijo de su clase de piano, espero que estemos en contacto.-dijo mientras me entregaba una tarjeta de presentación y se iba del lugar.
-Esa noche leí el diario una y otra vez, habían tantas cosas que le faltaban y me hacían sentir un poco de remordimiento, en cierto modo, pero solo eran recuerdos. Algunos tristes, otros felices. Pero todos, sin importar cual.
Giraba entorno a Christine...
