Salimos del lugar y caminamos un rato, no sabía qué hacer. En cierto modo me sentía egoísta al saber lo que pensaba Christine, yo solo quería irme; hacer mi vida y solo preocuparme de ella, y quizás olvidar lo que sentía. En otras palabras, olvidarme de Christine…
-¿Qué te parece si vemos una película?-pregunte siendo consciente de que a unas calles había un cine. Christine solo se encogió de hombros, esa indiferencia... Me hacía sentir la peor persona del mundo. Suspire y caminamos hasta el cine, nos decidimos por una comedia compre palomitas y un par de sodas mientras, Christine insistía en que comprara chocolates. Lo cual (solo por el momento) hizo que nos olvidáramos de lo sucedido anteriormente y disfrutáramos de la película.
Christine había terminado muy agotada, de manera que al llegar a casa la cargue y lleve0 a su cuarto. La arrope y lue0go fui al baño, puse a llenar la tina para luego ir a mi pieza y deshacerme de mi ropa. Amarre la toalla a mi cintura y volví al baño donde la tina se encontraba a medias y con un poco de espuma, suspire. Una ligera sonrisa se formó en mis labios y entre en ella, me coloque mis auriculares y le di Play al mp3. (Que por suerte era aprueba de agua) al instante mis oídos se llenaron de la majestuosa música de Vivaldi y su pieza primavera de las cuatro estaciones; esto hizo que me relajara y me dispusiera a cerrar los ojos y disfrutar de la música. Hubo un momento, (donde se forma una pausa entre el final de la pieza y el comienzo de la siguiente) en donde escuche como la puerta se habría, fije mi mirada en esa dirección y me encontré con Christine. La cual tenía una toalla colgada en los hombros.
-Sabes que no se puede-murmure mientras pausaba la música.
-¿Por qué no?-cuestiono acercándose-Siempre nos bañábamos de niños.
-Exacto, cuando éramos pequeños.
-¿Y cuál es la diferencia?
Se quitó la toalla dejándola en un gancho cerca de la puerta, llevaba un traje de baño negro, entro en la bañera y me miro a los ojos. Por suerte (y por costumbre) tenía mi ropa interior puesta, siempre me bañaba así para evitar momentos como estos, tanto como con Christine, como con Denisse.
-Lo siento-murmuro-Por mi comportamiento anterior.
-Eso ya no importa-sonreí, ella se acercó a mí y se sentó entre mis piernas.
-¿Te iras de inmediato o…?
-No estoy seguro del todo…
-¿Podre visitarte?
-Cuantas veces quieras.
-¿Layla se ira contigo?
-No lo sé.
-¿Vendrás a visitarme?
-Cada vez que pueda-me permito sonreír y de paso abrazarla.
-Te amo; Hermano…-murmuró, mordí mi labio inferior. No creía que se pudiera odiar tanto una palabra.
-También te amo, Christine.
Esa noche se me hizo difícil el dormir. No podía dejar de pensar en Christine, no quería dejarla; pero tampoco podía seguir escondiendo mis sentimientos por ella. Sin mencionar a Layla, también la quería, pero no se compara con Christine. Di un suspiro levantándome de la cama y saliendo de mi pieza hasta bajar las escaleras y llegar a la cocina, donde se encontraba mi padre.
-¿No puedes dormir?-pregunté acercándome a la heladera.
-No, y por lo visto tú tampoco-murmuro.
-¿Las cuentas van mal?-pregunte observando los papeles que llenaba para luego sentarme frente a él.
-No, no es eso… ¿Cuándo te iras?-pregunto después de una pausa.
-Aun no lo decido del todo-murmuré.
-¿Podrías llevarte a Christine?
-No-murmuré-tendría que trabajar en la casa y no tendría tiempo de atenderla como es debido.
-Pero luego si ¿verdad?-pregunto y lo vi a los ojos.
-Es probable. ¿Por qué?
-Nada, es solo que no soportaría verla triste-murmuró- ¿De verdad tienes que irte?
-Sí-murmuré y me puse de pie- si me disculpas me iré a mi habitación.
-¿Por qué quieres irte?-pude notar cierta tristeza o desesperación en su tono de voz. Quizás ambas.
-Porque nunca quise estar aquí desde un principio; solo tolere esto por Christine.
-¿Y ahora la dejas?
Me quede en silencio, sabía que si decía algo me arrepentiría-Buenas noches-murmuré después de unos segundos y subí las escaleras.
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Al día siguiente mientras estaba en el receso, Layla (como era de costumbre) Se sentó conmigo- Frente a mí, unas mesas más adelante, estaba Christine hablando con sus amigas.
-¿Pasa algo?-preguntó Layla al notar mi ausencia.
-No, no pasa nada-murmure para luego tomar un trago de mi soda.
-¿Seguro? Es decir, si algo te preocupa puedes decirme y-
-¿Te irías conmigo?-cuestione interrumpiéndola.
-Si claro por- Espera, ¿Qué?-me miro sorprendida y algo confundida-Es decir, sí. ¿Por qué no? Pero es que. ¿En serio? Quiero decir…
Su nerviosismo me causo algo de gracia y no pude evitar el reír.-Solo di que sí… o que no-sonreí y me encogí de hombros.
-Supongo que, sí-sonrío tímida. Sonreí.
