Desperté con la hermosa sensación de unos labios rosando los míos.-Buen día-escuche una voz femenina y sonreí contestando con un.-Buen día.-una delicada risa inundo mis oidos y acaricie su cabello, aun atontado por el sueño.
-Maikol ¿Sabes que te amo?
-Sí, y yo a ti, Christine
Y entonces recorde lo que paso la noche anterior. y abri los ojos como platos, vi como Layla me miraba con una convinación de: indignada, sorprendida, confucion y asco. me incorpore lentamente y ella se alejaba segun lo hacia.-Layla, puedo explicarlo-dije lo más calmado posible, mientras dudaba si realmente podía explicarlo.-No, mejor no digas nada-dijo mientras se vestia.
-No es lo que parece-me arrepenti de decir esto al ver su mirada, la cual definitivamente era de odio absoluto.
-¿No es lo que parece?-se cruzo de brazos-Te entregue lo más importante que tenía, porque creia en ti, porque te amaba y pensaba que estariamos juntos-dijo poniendose la blusa y buscando sus zapatos.-En cambio a ti parece no importarte y... y...-dio un suspiro semejanta a un solloso-Con lo que me acabas de decir, solo confirmas mis sospechas y, algo realmente desagradable.
En ese momento sentí un nudo en la garganta, en parte porque me sentía el ser más terrible. Y porque Layla Ya tenía sus sospechas por lo que sentía por Christine.-¡¿Crees que no he notado como la miras?!-dijo molesta, yo apenas sabía que pensar.-La miras con adoración...-sus ojos se inundaron de lágrimas y su voz se escuchaba cortada.-La miras como su fuera la séptima maravilla, como si solo ella existiera. La miras con amor...
-Layla yo-
-No, no digas nada-me interrumpió-Será mejor que dejemos las cosas así.-murmuró.
-Layla, estas malinterpretado todo-dije tratando de que no se cortaran mis palabras, por dentro me sentía de lo peor, no solo porque tenía razón. Sino porque apenas era el incio de las cosas.
-¡Por un demonio, es tu hermana!-grito furiosa.
-¡No, no lo es. Ni siquiera compartimos apellidos!
-¡Claro!. ¡¿Y eso te da permiso de ser un cerdo?!
-En primer lugar no permitiré que te pongas así-dije molesto levantadome de la cama con las sábanas a la cintura. -En segundo, nunca he tenido los pensamientos que especulas. Por el amor de Dios, es mi hermana menor.
-No, no es tú hermana. Solo es menor que tú.-dijo con una mirada de odio y salió azotando la puerta.
Rápidamente me puse un bóxer y un pantalón para salir tras ella.-¡Layla!-grite y la tome del brazo, ella volteó a verme y vi como las lágrimas corrían por sus mejillas. En ese momento la solté del brazo. -Lo siento...-hubo un silencio algo intenso y luego se marcho. Al verla salir por la entrada me deje caer deslizando mí espalda por la pared. De la nada todo el dolor que tenía empezó a salir a través de lágrimas; me levanté y subí las escaleras hasta llegar a mi habitación. Me encerré y empecé a destruirla, estaba enojado, no por Layla y el haberme descubrido, ni por Christine y su belleza indudable. Sino por haberme enamorado, y el haber estado con el reflejo de quien me cautivo; estaba enojado conmigo mismo, y por haber sido tan estúpido.
Después de un rato me levanto, me pongo algo de ropa, toma las llaves del auto y salgo hacia el bar más cercano. Minutos más tarde me encontraba en la barra de una taberna.¿Qué le sirvo?-preguntó el hombre que atendía.-Lo más fuerte que tenga; quiero olvidarme de todo...
-¿Problemas en la vida?-preguntó.
-Algo así.-murmure.
-¿O quizás en el amor?-cuestionó poniendo el trago frente a mi.
-¿Qué no es lo mismo?-dije para luego tomar un trago.
-Tienes razón. - dijo el hombre entre risas.
A la media hora decidí salir del lugar, así que pagué y me marche. Decidí caminar un rato, ya que aun era lo suficientemente racional como para saber que conducir era una muy mala idea. Unos minutos después decidí sentarme en la banca de un parque y fumar un cigarrillo.
-¿Sabías qué está prohibido el fumar aquí?-oí la voz de una joven y al verla me sorprendí. Era de tez pálida pelo negro y ondulado, y unos ojos color miel. Era tan parecida a mi difunta madre, que pensé que era un fantasma.
