I

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Una sombra se asomaba sobre los edificios, alargada y difusa bajo la luz del atardecer. Desde la altura, el viento azotaba con fuerza, pero no era suficiente para distraerme. Con los ojos fijos, veía al objetivo: un tipo joven, asquerosamente millonario, de esos que parecen tenerlo todo, pero que no valen nada. Mal marido, peor persona. Un blanco fácil.

La brisa hacía casi imperceptible mi cabello corto, pero no importaba. Mi vista era clara, precisa. En el auricular, una voz interrumpió mis pensamientos.

—Bien, lo tengo en la mira. Tienes exactamente 50 segundos para mandarme el pago. De lo contrario, no cumpliré.

—Está bien. La mitad de la fortuna es tuya, pero el auto se queda conmigo.

Rodé los ojos. Siempre es lo mismo con estos. ¿Qué les costaba simplemente aceptar?

—Parece que alguien no quiere que terminen con esto... —dije con indiferencia, como si habláramos del clima.

—¡Te lo doy! Pero yo me quedo con lo demás —replicó la voz al otro lado, con una mezcla de desesperación y furia.

Terminé la llamada sin decir más. Podría haberlo hecho desde aquí con un solo disparo, pero… ¿dónde está la diversión en eso? Decidí bajar. El casino donde había entrado era un lugar abarrotado, lleno de luces y de hombres con más dinero que sentido común. Mis escamas comenzaron a brillar, deslizándose como un río de colores antes de tomar la forma de un uniforme de camarera. Era tan sencillo entrar en la cocina que casi me decepcionaba.

Tomé aire. Profundo. Calmo. Preparé un martini con veneno, tan delicado como un perfume caro, y lo serví con una sonrisa. Antes de llevarlo, soplé suavemente sobre la bebida. De mi boca salió un humo blanco, espeso, tan ligero como el que genera el hielo seco, pero letal.

Cuando llegué a la mesa, él estaba completamente absorto en su juego, rodeado de fichas y un séquito de aduladores. Con la bandeja en la mano, me acerqué con la mirada baja y la voz suave.

—De parte de la casa.

Él alzó la vista y me escaneó de arriba abajo, una sonrisa lasciva en el rostro.

—Gracias, bonita.

Tomó el vaso sin dudar. Un sorbo, luego otro. Lo vi todo: cómo su expresión cambió, cómo su garganta parecía arder y su piel palidecía. La sangre empezó a brotar, primero de su boca, luego de su nariz, y finalmente de sus ojos y oídos. Fue grotesco, como si su cuerpo se rebelara contra sí mismo.

Di mi mejor actuación, gritando, dejando caer la bandeja. El caos se desató. Gente corriendo, gritos y confusión por todos lados. Yo, por mi parte, me escabullí hacia la cocina y, una vez allí, mis escamas volvieron a cambiar. Ahora mi piel tenía un tono canela, y mi cabello parecía ligeramente ondulado. Salí caminando con calma, perdiéndome entre la multitud que corría hacia el centro de la ciudad.

Había un espectáculo en marcha: un hombre y dos niños regalaban lo que parecía un gran diamante. Me acerqué, levantando la mano con confianza.

—Yo voy contra ti —anuncié, mi voz firme pero despreocupada.

El hombre me miró incrédulo.

—¿La señorita quiere participar en un juego de fuerza? —preguntó, intentando ocultar la burla en su tono.

No respondí. Me senté frente al niño mientras ajustaba mi falda verde. Con un pequeño movimiento “accidental”, el borde se descosió un poco, dejando ver más de mi pierna. Como había previsto, todos los ojos se fijaron en mí. Todos excepto los del niño, que mantenía su mirada clavada en la mía.

—Suerte —siseé con una sonrisa.

El hombre comenzó la cuenta regresiva. Nuestras manos se encontraron, y el juego comenzó. Aunque usé más fuerza de la que había planeado, el chico resistió. Su brazo temblaba, pero no cedía. Sin opciones, comencé a soplar discretamente. Mi aliento, lento y venenoso, hizo que su respiración se volviera pesada, casi imperceptible. Aun así, algo cambió. En un giro inesperado, el niño me ganó.

Parpadeé, confundida, pero no dije nada. Podría robar el diamante, pensé, pero ese no es mi estilo.

—Suerte para la próxima, bonita —me dijo el hombre, con una sonrisa burlona.

Sin responder, me levanté y caminé hacia el metro. Subí al primer vagón, mezclándome con la multitud, dejando que los ruidos de la ciudad se desvanecieran en un murmullo distante.

¿Qué haré para cenar? —pensé mientras mi mente se vaciaba.

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-hola chicos, lose han pasado años desde la última actualización pero quiero retomar este proyecto de nuevo, agregarle cosas y mejorar la narrativa, por lo que quizás reviva esta preciosa historia, los quiere...
La recién salida del manicomio ❤️‍🩹



el humo impregnado en ti (HxH)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora