—Ya te dije que yo podía pagarlo...
—Sí, lo sé —sonrió—. Pero mañana cumples años, Peri, quiero consentirte, así como tú a mí.
La rubia sonrió, sintiendo un cosquilleo recorriéndole bebió un poco del frappuccino que Lapis le había comprado después de salir del restaurante donde trabajaban.
Se encontraban caminando entre aquellos comercios y la gente que paseaba.
El clima ya no era tan frío, marzo comenzaba, y eso era un problema para Lapis Lazuli, pues las marcas de todas esas heridas aún eran visibles, pero con pensarlo un poco lo solucionó; ahora llevaba una venda que cubría parte de su mano y su antebrazo.
Al gerente del lugar donde trabajaban Lapis le dijo que se había quemado en casa, a sus padres que se había quemado en el restaurante.
No quería mentir, pero la verdad le traería más problemas.
—¿Qué hacemos ahora? —preguntó la rubia.
—Pues —bebió un poco—, no lo sé, ¿quieres pasear un rato? ¿no te gustaría ir al lago?
—Sí, vamos —asintió.
Caminaron hasta una de las paradas para tomar el autobús que las llevaría. En el camino la pelinegra iba viendo por la ventana, apreciando el paisaje, eso siempre la relajaba.
En los últimos días se había dedicado a investigar y encontrar por su cuenta maneras de relajarse, de sentirse más tranquila, pues se había propuesto hacer las cosas mejor.
Por ella misma y solamente así.
Peridot iba observando a Lapis, aprovechando que ella estaba concentrado en la vista por la ventana.
Después del incidente de un poco más de una semana antes las cosas habían estado algo tensas, Lapis había enfermado.
Se sentía mal física y emocionalmente, y eso duró alrededor de tres días, y todo ese tiempo se la había pasado con ella.
Algo que podía tomar bien o mal, pues cada vez iba descubriendo más que no se sentía como una amiga con ella, no del todo.
Y cuando se recuperó siguió cuidándola y consintiéndola, y Lapis parecía estar muy bien con ello.
Peridot simplemente estaba tomándole mucho cariño, y no sabía ya cómo expresarle eso.
A veces parecía sentir como pequeños besos en la frente y abrazos ya no eran suficientes, pero sabía que Lazuli aún no estaba del todo bien, no quería confundirla o algo por el estilo.
Cuando bajaron caminaron por la misma vereda, en silencio y admirando el paisaje de esa zona boscosa. Estando cerca del lago decidieron sentarse bajo la sombra de uno de los árboles, dejando sus cosas recargadas en el tronco. Peridot se recostó sobre el césped y miró hacia las hojas del árbol y algunas partes del cielo azúl.
—¿Qué pasa? —preguntó la ojiazul de manera suave.
—Estaba pensando en algo.
—¿Qué cosa? —acercó su mano a una de la rubia, acariciándola sin pena, ya estaban acostumbradas al contacto.
—Estos días han sido sentimentales.
—Oh, sí, lo siento...
—Tranquila. Es que... mañana cumplo años y estaba pensando en los primeros de mi memoria.
ESTÁS LEYENDO
Temores | Lapidot
Fan-FictionPara Lapis Lazuli las cosas no están bien, nada en su vida parece estarlo. Una noche al escapar de casa en un intento de distraerse y tal vez acabar con todo se encuentra con una persona que jamás pensaría, cambiaría muchas cosas.
